Capítulo 5
T al y como Victoria predijo, la reunión con el director era para anunciarle que harían una reducción de personal en la escuela y que ella sería despedida.
Intentó tomárselo bien porque le dio las fechas para las próximas oposiciones y optar así a una plaza fija.
Estaba decepcionada y un poco enfadada porque dejaría de ver a sus niños en cuanto terminase el semestre, pero tendría tiempo para plantearse bien el futuro.
Por su parte, Álvaro trabajó en la propuesta con Eric el domingo porque Victoria tenía comida familiar y no quería acapararla.
La idea de ofrecer una inversión que le dio para asociarse le parecía tan buena que no podía desperdiciarla, por lo que lo preparó todo a conciencia para exponerla en la reunión del lunes.
Fue mejor de lo esperado porque prometieron estudiarla junto con el resto de información que él les cedería en cuanto regresase a la isla, y estaba ilusionado.
Esa noche, cuando Álvaro le sugirió salir a cenar juntos para que pudiera explicarle mejor lo que habían dicho los inversores, Victoria dijo que no se encontraba bien y prefería quedarse en casa.
Tras hablar con Elena porque algo le decía que mentía, decidió comprar su comida favorita junto con una botella de vino y presentarse en su piso.
Sabía que el despido le había afectado más de lo que reconocía.
No quería presionarla para que le hablase de cómo se sentía porque solo lo empeoraría, pero le preocupaba mucho.
Victoria lo había convencido para que no se rindiera y parecía que por el camino se le olvidó a ella, no era justo que perdiera el trabajo a mitad de curso, pero intentaría hacer algo por ella.
Álvaro esperó en su puerta a que abriera, pero los segundos pasaban y no ocurría, por lo que llamó de nuevo al timbre.
Escuchó pasos y una voz débil que hablaba dentro, no le gustó porque nunca la había escuchado llorar y no sabía lo que debía hacer para calmarla.
Cuando le abrió la puerta con un jersey que la cubría hasta las rodillas, las mangas enrolladas hasta los codos y un moño despeinado con aspecto de haber llorado, frunció el ceño.
—Hola —dijo ella con la voz un poco tomada—. ¿Qué haces aquí?
—¿Tú qué crees? —preguntó entrando, dejó la bolsa y la botella en el suelo y se acercó a ella—. ¿Estás bien? Me tenías preocupado porque no respondes mis mensajes y no has querido decirme qué te ocurre.
—Quería estar sola para desahogarme viendo una de mis pelis favoritas, no hacía falta que vinieras.
Álvaro llevó una mano a su mejilla al notar la humedad bajo sus ojos y respiró hondo antes de acercarse a ella para abrazarla.
Victoria lo aceptó en silencio apoyando la cabeza en su hombro y dejó que le acariciara la espalda y besase su cabeza.
Estaba hecha un desastre, pero no iba a preocuparse por su imagen cuando por dentro no podría cambiarlo.
Era tan injusto y difícil que no encontraba ninguna solución más que quedarse en el sofá para ver su película favorita, llorar todo lo posible e intentar que el día siguiente fuese un poco mejor.
Fue exactamente lo que estuvo haciendo durante el día y había pasado a otra de sus series favoritas con la esperanza de que eso la animase.
—¿Quieres que hablemos de ello? —preguntó Álvaro sin soltarla.
—Prefiero ver la serie —murmuró con un nudo en la garganta, se apartó para mirarlo a los ojos—. Quédate conmigo, ¿vale? Prometo no lloriquear demasiado y...
Él negó con media sonrisa triste llevando una mano a su mejilla para acariciarla, se inclinó hacia ella para besarla despacio y la abrazó otra vez.
No estaba muy seguro de cómo debía consolarla, pero si le bastaba con su compañía, la tendría sin dudarlo.
Le fastidiaba mucho tener que volar a finales de semana de vuelta a la isla porque no le gustaba dejarla así, pero tenía que solucionar unas cosas en casa lo antes posible.
La soltó para recoger la bolsa y la botella, ella se metió en la cocina y él fue al salón para comprobar que había algunos pañuelos de papel usados en el sofá y que uno de los cojines tenía una marca.
Debía de estar tumbada antes de que él llegase porque la manta estaba arrugada en el respaldo y el mando a distancia estaba en el brazo del sofá.
—¿Cómo sabías que es mi cena favorita? —preguntó ella al llegar al salón con los platos y unos vasos.
—Estaba preocupado y he llamado a Elena —explicó con una mueca de disculpa—. No te enfades con ella, pero no sabía lo que hacer para saber lo que te pasa, y no me respondías.
—No importa, te agradezco mucho que hayas venido —suspiró sentándose en el sofá—. Estoy teniendo un día malo y no quería contagiárselo a nadie.
—Entiendo —asintió sentándose a su lado, sacó un recipiente de la bolsa con un par de servilletas para tendérselo—. Ten cuidado, está muy caliente.
Victoria lo aceptó con un nudo en la garganta porque no estaba haciendo preguntas aunque se le notaba preocupado y lo agradecía porque no sabía si podría responderlas.
Él se levantó para ir a la cocina a buscar la mesa plegable y regresar con ella, colocó los platos y sacó otro par de recipientes de la bolsa en silencio.
Victoria lo observó abrir la botella de vino, servir las copas y sentarse a su lado acercando la mesa todo lo posible a ellos.
Le quitó el que le dio antes para abrirlo y servirle en el plato mientras disfrutaban de un silencio cómodo únicamente interrumpido por los cubiertos chocando con la cerámica.
—Vale, cuéntame un poco por dónde va la serie o no entenderé nada. Hace mucho tiempo que la vi —dijo Álvaro acomodándose a su lado listo para unirse a su maratón.
Victoria le explicó todo con detalle mientras empezaban a cenar y le dio a reproducir sin que él hiciera preguntas sobre cómo se sentía o cómo podía ayudarla.
Solo comentaba cosas de la serie y se aseguraba de que comiera y tuviera el vaso lleno, para Victoria eso significó más que todas las preguntas que pudiera hacerle.
Por eso, cuando terminaron de cenar y se acomodaron en el sofá, sonrió cuando él pasó un brazo por sus hombros para que se apoyase en su pecho cubriéndolos a ambos con la manta.
Cuando sintió un beso en su cabeza estrechándola contra su pecho al tiempo que ella suspirada, supo que estaba enamorándose de él.
—Gracias por estar aquí y no hacer preguntas —dijo en voz baja cuando se acabó el capítulo.
—¿Y dónde iba a estar mejor que contigo? —preguntó acariciándole el pelo con ternura.
Ella sonrió contra su pecho y se pegó más a él si era posible para entrelazar sus piernas, porque se habían tumbado y sentía que quedaba demasiado espacio entre ellos.
Lo miró desde abajo y se maravilló una vez más por tenerlo ahí un jueves por la noche en lugar de que estuviera en el bar con sus amigos de la ciudad.
—Álvaro —lo llamó en el mismo tono, él hizo un ruido nasal moviéndose un poco para mirarla—. ¿Qué crees que debería hacer respecto al trabajo?
—¿Es oficial que no van a mantenerte hasta fin de curso? —preguntó entrelazando sus dedos con ella.
—No volveré después de Navidad, me lo han dicho esta mañana.
—Lo siento, amor —dijo con una mueca de disculpa.
—Yo también. —Frunció los labios cuando sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez—. Me lo curré mucho en las oposiciones hace años y he intentado que nadie tenga quejas de mí, pero no ha servido para nada. ¿Cómo me voy a despedir de los niños?
—Lo entenderán, estoy seguro. —La estrechó contra él llevando la mano libre a su cara para apartar las lágrimas—. Son demasiado pequeños, pero saben que los quieres muchísimo.
—Ese es el problema, que los adoro y no voy a poder despedirme de ellos.
—¿Cómo lo haces cuando los niños tienen que pasar a primaria y ya no están contigo? —preguntó acariciando su mejilla—. Porque me dijiste que eso era difícil pero gratificante, porque sabías que estaban avanzando.
—Es diferente porque... —Carraspeó para que su voz no estuviese tomada por el llanto—.
Los veo en el patio y corren hacia mí para contarme las cosas nuevas que están aprendiendo.
Ahora no volveré a verles, no tendremos nuestro día de cantar sobre el abecedario y de reír con las actividades de pintura porque todo es un desastre.
—Sonrió con tristeza—. No podré ver cómo se van convirtiendo en personitas de bien a las que hay que ayudar para que no caigan cuando les hagan creer que no son válidas.
—¿Y si lo enfocas de otro modo? —preguntó enternecido—. ¿Y si lo ves desde la perspectiva de que puedes hacer que este semestre con ellos sea inolvidable?
—Me dolerá mucho más cuando tenga que irme.
—O quizá ellos te ayuden a entender que vas a empezar una nueva etapa y que serás feliz.
—¿Cómo estás tan seguro de eso? —preguntó sorbiendo por la nariz.
—Porque te irá bien, estoy absolutamente convencido de ello. —Se inclinó hacia ella para dejar un beso en la nariz intentando hacerla sonreír.
Victoria quiso creerle y apoyó la frente en su barbilla porque necesitaba autoconvencerse, pero sentía que su mundo estaba a punto de derrumbarse y no quería decirlo en voz alta.
Le preocupaba mucho que él se fuera el domingo a la isla porque no sabía en qué quedaría lo que tenían y no soportaría otra despedida.
Tenía miedo de decirle que se estaba enamorando de él porque ni siquiera había pasado una semana desde la reconciliación y eso ejercería presión entre ellos.
Esa noche la pasaron abrazados en el sofá, viendo la televisión y acariciándose de forma distraída el uno al otro.
Cuando Álvaro se dio cuenta de que estaba completamente dormida al regresar del baño, lo apagó todo y la cogió en brazos para llevarla a la habitación.
La metió en la cama y él se desnudó para acurrucarse a su lado.
Victoria se abrazó a él como si de esa forma pudiera sentir que todo iría bien.