Capítulo 6
D ejar a Álvaro en el aeropuerto el domingo por la noche fue difícil, pero se mostró entera para no preocuparlo.
Él prometió, entre besos y abrazos exagerados para hacerla reír, que llamaría al aterrizar y que la tendría al tanto de todo.
Victoria aceptó porque quería comprobar si podría funcionar a distancia y hacer que esa semana no pareciera un sueño un tanto turbulento.
Álvaro
Acabo de subirme al avión y ya te echo de menos.
Victoria se echó a reír al leer el mensaje mientras caminaba hacia el aparcamiento porque solo llevaban como veinte minutos separados.
Victoria
Lo sé, mi compañía es irresistible.
Creía que ya te habrías dado cuenta después de un fin de semana completo en mi casa viendo cómo puedo pasar del llanto a la risa en pocos segundos.
Álvaro
Preferiría seguir en tu apartamento y no en este avión.
Victoria sonrió porque ella también lo preferiría, pero era complicado y debían ser adultos responsables. Le había pedido que se pensase ir a Mallorca el fin de semana siguiente e iba a intentarlo, pero no estaba segura de poder hacerlo.
Tal y como Álvaro sugirió, Victoria intentó hacer que cada día fuese mejor que el anterior para los niños aunque sentía que los estaba engañando, pero ella necesitaba darles ese recuerdo.
No tenían más de cinco años y sabía que no la recordarían durante mucho tiempo, pero no dejaba de ser importante escuchar sus risas la mayor parte del tiempo.
Álvaro regresó a Madrid dos días antes de que ella terminase el semestre y se instaló en su piso mientras ella estaba en clase.
Llevaban varias semanas sin verse en persona porque ella no pudo ir a Mallorca más de un par de veces y él estaba enfocado en los inversionistas porque habían aceptado su proyecto.
Tras dejarlo todo listo, fue a buscarla al colegio por la tarde.
La encontró despidiendo a los niños con abrazos y risas, fingiendo que no era la última vez que se verían en aquel lugar.
Él la observó a lo lejos porque no quería romper el momento, pero cuando la vio entrar tras despedirse del último, caminó hacia ella.
Estaba hablando con unas compañeras cuando una de ellas lo señaló, Victoria se giró y sonrió automáticamente, se disculpó y fue hacia él.
—Hola. —Sonrió inclinándose para besarlo—. ¿Cuánto llevas ahí?
—He llegado hace un rato, pero no quería interrumpirte con los niños.
—¿Te has instalado bien en casa?
Álvaro sonrió con un asentimiento porque, desde la primera vez que volvió desde su reconciliación, Victoria empezó a llamar a su apartamento así y era tan agradable que no pudo contradecirla.
Su relación funcionaba bien a distancia, no era lo mismo que estar en la misma ciudad, pero ambos se esforzaron para que no echasen de menos ninguna parte.
Él hizo cambios en Mallorca, se alejó de Ada cuando no quiso respetar sus límites y se mudó a un apartamento pequeño que le consiguió su hermana mayor.
Se centró en su relación y en el hotel, que empezaba a ver resultados con la inversión progresiva que iban haciendo y la cosa mejoraba mucho más de lo esperado.
Le pidió que pasase las fiestas con él en la isla y Victoria aceptó porque Elena y Eric irían con ella, por lo que todo parecía perfecto.
—Mi madre me ha pedido que hagamos algunas compras, así que si te parece bien, lo haremos cuando no tengas que venir —dijo Álvaro mientras conducía fuera del colegio.
—Me parece perfecto. —Sonrió cansada—. Ha sido agotador, pero muy divertido. Hemos hecho la función con más errores que nunca, pero no importa.
—Espero que lo hayas grabado porque quiero verte canturreando en el escenario —bromeó.
Victoria le siguió la broma hasta que llegaron al apartamento, entonces dejó caer el bolso y el abrigo para girarse hacia él olvidándose de la bolsa de deporte con todas las cosas que tenía en el colegio.
Se acercó a él para pasar las manos por su cuello y besarlo con ganas, Álvaro se rio contra sus labios y le devolvió el beso pasando una mano por su cintura para pegarla a él.
—Te he echado muchísimo de menos —murmuró contra su boca.
—Y yo a ti —respondió ella besándolo otra vez, ahogó un gritito de sorpresa cuando la alzó en el aire—. Vale, vamos a la habitación, ya hablaremos después.
Álvaro se rio besando su garganta y empezó a caminar con ella hacia allí para recuperar ese tiempo perdido en las tres semanas que no se habían visto en persona.
Aún no se habían dicho mutuamente que se querían, pero estaban haciendo planes de futuro juntos y estaba implícito, por lo que en cierto modo todo era sencillo.
Ella lo quería como si fuese una extensión de su cuerpo y había comprobado que era difícil vivir sin él; él la quería como nunca antes quiso a nadie y se dio cuenta el día en el que la encontró llorando por el trabajo.
Quería ofrecerle el mundo y enseñarle que había posibilidades en cada esquina, que podía soñar tan alto como quisiera porque él estaría a su lado.
—Tengo que contarte algo —dijo Álvaro entre besos cuando cayeron en la cama.
—¿Ahora? —preguntó tirando de su jersey para quitárselo.
—Sí. —Se rio dejando caer la prenda al suelo—. Es importante.
—Vale —suspiró incorporándose para sentarse frente a él—. ¿Qué pasa? ¿La inversión va mal? —preguntó frunciendo el ceño.
—No. —Sonrió inclinándose hacia ella para besarla—. Dios, siempre se me olvida lo preciosa que eres hasta que vuelvo a verte.
—Céntrate. —Se rio dándole un empujoncito.
Álvaro se removió para sacar algo del pantalón y se colocó de rodillas frente a ella, Victoria miró sus manos entrecerrando los ojos y no encontró nada.
—He conseguido el piso que nos gustó cuando viniste a la isla —dijo mirándola a los ojos, despeinado y acalorado, abrió la mano con un par de llaves en ella—. Está permitido tener mascota y está cerca de la playa, así que podemos...
—¿Me estás pidiendo que me vaya a vivir contigo? —preguntó con un hilo de voz producto de la sorpresa cogiendo el llavero.
Tenía un dije de cerezas, el coctel que ella estaba bebiendo cuando se conocieron en la playa a media tarde, por detrás estaba grabada la fecha y sus iniciales.
Eso la hizo fruncir los labios emocionada porque no esperaba ese detalle, habían hablado mucho de vivir juntos cuando ella terminase en el trabajo, pero no se había hecho a la idea todavía.
Tendría que ocuparse de muchas cosas para hacerlo definitivo, pero la idea de no tener que depender del teléfono y de horarios para estar juntos lo era todo.
—De forma oficial, sí —respondió él un poco confundido—. Sé que ya lo hemos hablado y que...
Victoria lo miró empezando a sonreír despacio, dejó las llaves a su lado y se inclinó hacia él para besarlo haciendo que ambos cayeran en la cama.
Besuqueó su cara riendo feliz y lo abrazó con todo el cuerpo antes de que casi se cayeran al suelo, Álvaro respiró aliviado porque, por un momento, pensó que le diría que era demasiado pronto.
—Espero que esto sea un sí porque...
—Claro que es un sí. —Sonrió Victoria mirándolo desde arriba, pasó los dedos por su pelo para apartárselo de los ojos y negó maravillada—. Te quiero, por si no te habías dado cuenta antes.
—Y yo también a ti —respondió colando las manos bajo el jersey.
Victoria pasó su melena hacia un lado de su cuello y se inclinó hacia él para besarlo con lentitud y profundidad.
Él acarició su piel de forma perezosa y empezó a quitarle la ropa porque la había echado muchísimo de menos.
Quería disfrutar cada segundo a su lado y no dejar pasar más tiempo, era tan difícil contener la necesidad de tocarla cuando estaban así que no podía desaprovechar la oportunidad.
Para Victoria fue complicado hacer el equipaje porque llevaba mucho tiempo viviendo en aquel piso, pero lo peor fue despedirse de sus amistades y de su hermana.
Elena no se sorprendió cuando le dijo que se iría a vivir a Mallorca de forma permanente porque sabía lo enamorada que estaba de Álvaro y que la hacía feliz.
Además, sus padres estaban en la isla y viajaban casi todas las semanas a verlas, por lo que no estarían lejos demasiado tiempo.
La ayudó a hacer las maletas y se rieron muchísimo cuando Elena y Eric decidieron quedarse con el contrato de Victoria para vivir juntos en su piso.
—¿Lista? —preguntó Álvaro cuando bajaron del coche frente a su nuevo apartamento.
Victoria asintió aceptando su mano y respiró hondo antes de entrar porque él se había ocupado de amueblarlo a gusto de ambos mientras ella ultimaba detalles en Madrid.
Era mucho más grande de lo que pensaba y tenía una terraza grande con vistas al mar, pero lo que más le sorprendió fue que Álvaro había adoptado al perrito que habían visto en redes sociales.
Esperaba en una caja en mitad del salón pidiendo salir y Victoria no pudo evitar echarse a reír y a llorar al mismo tiempo antes de sentarse en el suelo y sacarlo.
—¿Cuándo lo has recogido? —preguntó emocionada abrazando al cachorro.
—Anoche. —Sonrió sentándose a su lado en el sofá—. Quería que se adaptase un poco antes de que llegases y supuse que estarías demasiado cansada para ir a por él después de que te instalaras.
Victoria se echó a reír cuando el cachorrito empezó a lamer su cara y los tres empezaron a jugar juntos en el suelo del salón de su nueva casa.
Solo en ese momento, sentada en el suelo y viendo a Álvaro sonreír mientras el cachorro saltaba sobre él, se dio cuenta de que estaba justo donde quería.
Hubo un tiempo en el que se prometió a sí misma que no cambiaría toda su vida por un hombre, pero enamorarse de Álvaro en el momento en el que lo hizo fue lo mejor que podría haberle pasado.
Era cierto que no tenía trabajo y que debía acostumbrarse al cambio de ciudad, pero no era la primera vez que pasaba por eso.
Estaba planteándose un nuevo futuro y todo apuntaba a que iría bien porque era feliz con Álvaro, tanto que le parecía increíble que su relación hubiese funcionado durante meses en los que apenas se vieron en persona.
—¿Estás bien? —preguntó él mientras deshacían su equipaje.
—Sí. —Sonrió sentándose en la cama con un pequeño suspiro mientras doblaba un pantalón—. Solo estaba pensando en todos los cambios que hemos tenido estos meses.
—¿Te preocupa que aquí no encuentres trabajo? —preguntó sentándose a su lado—. Porque tienes tiempo para prepararte las oposiciones, yo estaré en el trabajo la mayor parte del día para que puedas estudiar y...
—No tiene nada que ver con eso —lo cortó cogiendo su mano—.
Me gusta estar aquí contigo. Te quiero, eso no lo dudes nunca.
—Lo miró a los ojos con media sonrisa—. Y el trabajo llegará cuando tenga que hacerlo, mientras tanto pienso disfrutar de lo que tenemos juntos.
—Se levantó para colocarse frente a él, justo entre sus rodillas—.
No me arrepiento de haber dejado Madrid para venir contigo, ¿vale?
—¿Entonces por qué parece que estás triste? —preguntó preocupado pasando las manos por su cintura—. Si necesitas algo, lo que sea, dímelo y...
Victoria negó inclinándose hacia él para besarlo en los labios despacio porque no necesitaba nada más, solo estar con él y disfrutar de su nueva vida allí.
Álvaro la estrechó por la cintura, confundido, y se dejó caer en la cama con ella cuando Victoria lo empujó un poco para quedar a horcajadas sobre él.
—Lo digo en serio, mi amor —dijo Álvaro desde abajo pasando las manos por sus piernas.
—Y yo también —respondió apartando el pelo de su frente—. No querría estar en ningún otro lugar que no fuese aquí contigo.
Victoria se inclinó hacia él para besarlo de nuevo de forma lenta y Álvaro se estiró en la cama para quedar en el centro sin importarle arrugar toda la ropa en el proceso.
Ella se rio cuando la bolsa de viaje se deslizó vacía hasta el suelo y dejó que él desabrochase su rebeca para quitársela seguida del resto de la ropa.
Lo había echado mucho de menos en esos días separados y era importante para ambos saber que estaban en el mismo punto, pero las preguntas parecían estar de más en ese momento.
Él estaba absolutamente fascinado de que Victoria hubiese aceptado ir a vivir con él dejándolo todo atrás y ella tenía cierto miedo de lo que deparase el futuro, pero con la seguridad de que estarían juntos.
Iban a crear una buena vida juntos, su relación era mucho más sana de lo esperado y prometía estrecharse con el paso del tiempo.
—Vic —la llamó entre besos cuando giró para quedar encima de ella.
—¿Qué pasa? —preguntó con la respiración acelerada mientras le desabrochaba el pantalón.
—Te quiero muchísimo.
Victoria lo miró a los ojos durante un segundo y después sonrió despacio porque nunca solía decírselo cuando estaban a punto de practicar sexo. Sabía que estaba preocupado por ella porque el cambio era grande y él no había renunciado a casi nada en comparación con ella.
—Yo también te quiero muchísimo —respondió acariciando su mejilla—. Deja de preocuparte y bésame, ¿vale? Todo irá bien si estamos juntos y no pienso ir a ninguna parte.
Álvaro le devolvió la sonrisa y la besó otra vez con mucha más intensidad, metió la mano entre sus cuerpos y Victoria jadeó contra sus labios cuando la tocó en el punto exacto que la hacía estremecer.
Para él era sumamente importante asegurarse de que no se arrepentiría de aquel cambio y que su relación iba bien, quizá se preocupaba demasiado, pero no le importaba.
Iba a convencerla de que vivir en la isla era lo mejor que podría pasarles a los dos y que serían felices allí.
Crearían una familia juntos, un hogar que los hiciera sentir que pertenecían a algo importante y sin arrepentimientos.
Se lo prometió cuando le pidió que fuese a vivir con él y era un hombre de palabra, lo que significaba que se entregaría por completo a ella y que intentaría que nada los separase de nuevo nunca más.
Fin