Capítulo 4
P or la mañana, cuando Victoria se despertó y no lo encontró a su lado sintió una pequeña punzada de decepción antes de que el olor a café y tostadas llegase a ella.
Desde que empezaron a pasar la noche juntos, Álvaro no se había ido ni una sola vez sin despedirse y estaba convencida de que no empezaría en ese momento.
Desperezándose, miró el reloj de la mesilla y se quejó porque llegaría tarde si no salía ya, pero ya no le apetecía nada ayudar a su amiga con los preparativos de la boda.
Lo único que quería era quedarse en casa y disfrutar todo lo posible del tiempo que tuviera con Álvaro antes de que volviese a Mallorca.
Victoria se levantó de la cama, se puso su bata y caminó por el pasillo para localizar su bolso.
No le sorprendió escuchar a Álvaro hablando por teléfono, pero no dijo nada, solo sacó el suyo para revisar los mensajes, agradeció en silencio que a su amiga le surgiera un imprevisto y no pudiera ir.
Lo último que quería era salir de casa aunque tenía más que claro que en algún momento tendrían que hacerlo porque su nevera estaba bajo mínimos, pero pensar en que alguno de sus amigos intentase quedar con ellos la agobiaba.
—Estás aquí —dijo Álvaro al llegar a ella abrazándola por la espalda—. Buenos días —añadió besando su cuello.
—Buenos días —suspiró dejándose caer en él agradecida por su calor—. Huele muy bien, pero no hacía falta que hicieras el desayuno.
—Ya. —Sonrió apoyando la barbilla en su hombro—. ¿A qué hora te tienes que ir con tu amiga?
—Me ha enviado un mensaje para dejarlo para otro día, así que no tengo planes. —Se giró entre sus brazos para pasar los suyos por sus hombros—. ¿Tú te tienes que ir?
—No. —Se inclinó hacia ella para besar sus labios—. Soy todo tuyo.
Victoria sonrió por eso y apoyó la frente en su barbilla dejando que la abrazase porque no quería estar en ningún otro lugar. Álvaro besó su cabeza estrechándola contra su cuerpo y se quedaron en silencio durante unos segundos hasta que escucharon el sonido de la tostadora y la llevó a la cocina.
Desde el principio solía tener ese tipo de detalles y ella bromeaba con que lo hacía porque no quería que otro hombre se acercase cuando subiera de peso porque cocinaba demasiado bien, pero él le demostró que no tenía nada que ver.
Lo hacía porque lo habían educado así, pero sobre todo porque le gustaba ver cómo le brillaban los ojos al sentirse especial porque alguien cocinase para ella.
Los padres de Victoria apenas tenían tiempo para esas cosas cuando Elena y ella eran pequeñas porque trabajaban mucho, normalmente los fines de semana los pasaban con sus abuelos y los veían por la tarde.
Rara era la vez que su madre tenía tiempo para preparar una comida casera, por eso Victoria se esforzaba durante su adolescencia para que Elena no notase esas carencias y se ocupaba de que tuviera lo que ella no pudo.
La primera vez que Álvaro la sorprendió con su desayuno favorito tres semanas después de estar saliendo, casi se echó a llorar porque lo mencionó de pasada y hacía años que no lo tomaba.
—¿Estás bien? —preguntó él cuando se sentaron a la mesa de la cocina—. Te has puesto seria de repente.
—Sí, solo estaba pensando en tonterías. —Sonrió pasándole el azúcar—. ¿Tenía mermelada? —preguntó sorprendida cuando la vio en la mesa—. Tengo la despensa temblando, ¿seguro que no está caducada?
—He bajado a comprar algunas cosas mientras dormías —explicó con media sonrisa.
Victoria siguió su gesto hacia la encimera y se dio cuenta de que había fruta fresca y un par de bolsas más sin vaciar, se sonrojó muchísimo porque se sentía un desastre por no haber previsto aquello.
—Gracias, esta semana ha sido un caos en el trabajo y...
—No pasa nada.
—Te lo...
—Desayuna —la cortó con una sonrisa tendiéndole la tostada.
Victoria se rio dándole un bocado y se dejó caer en el respaldo de la silla, era muy raro tenerlo allí y que se sintiera tan natural, pero quería repetirlo todo lo posible.
Le había contado muchas veces cómo era su piso en Madrid, pero no imaginó que algún día pudiera estar allí porque Álvaro salía de la isla de forma esporádica.
Tras charlar sobre cualquier cosa mientras desayunaban y recogían la cocina, se trasladaron al sofá para continuar poniéndose al día.
Victoria quería saber todo lo que había pasado en Mallorca después de que ella se marchase y él solo añadió algunas cosas a lo que le contó la noche anterior.
Su móvil no dejó de sonar en el brazo del sofá y a ella le sorprendió un poco que le diera la vuelta para que las notificaciones no les molestasen tanto.
—Puedes responder sin problema —dijo con tono suave incorporándose en el sofá—. Voy a aprovechar para ir al baño mientras le contestas y...
Álvaro la agarró de la cintura para atraerla a su cuerpo y ella se rio al terminar a horcajadas sobre él, que entrelazó los dedos sobre su trasero para que no se moviera.
Victoria pasó las manos por su pelo para apartárselo de los ojos y suspiró porque lo había echado tanto de menos que llegó a pensar que nunca volverían a estar así.
—No voy a desviar mi atención de ti en todo el día —dijo Álvaro inclinándose hacia ella—. Pueden llamar, escribir o lo que quieran, pero mi prioridad es estar contigo —añadió alternando palabras con besos en el trozo de piel que la bata dejaba al descubierto en su escote.
—Me parece bien. —Se removió un poco sobre él enredando los dedos en su pelo para apartarlo cuando empezó con besos húmedos—. Pero lo digo en serio. Si necesitas responder, hazlo.
—Necesito más esto. —La estrechó por la cintura antes de girar en el sofá para quedar tumbado sobre ella—. No voy a perder tiempo respondiendo mensajes absurdos, así que déjalo ya.
—Vale —aceptó pasando el pulgar por su pómulo.
Se inclinó hacia él para besarlo y se deslizó de forma que quedase tumbada en el espacio libre, Álvaro se giró para poder mirarla y metió una pierna entre las suyas para evitar que se cayera.
Le pasó los dedos por la mejilla apartándole el pelo y besó su nariz haciéndola sonreír tontamente acurrucándose en su pecho.
—¿Te parece mala idea que nos quedemos aquí todo el día? —preguntó ella rompiendo el silencio segundos después—. Tengo que repasar unos correos porque el lunes tengo una reunión importante y quizá también empiece a rellenar mi currículo porque creo que me van a despedir.
—¿Y eso por qué? —preguntó confundido.
—No estoy segura, pero mis compañeras están convencidas de que van a hacer recortes de personal y solo llevo dos años en ese colegio.
Ningún padre tiene quejas de mí y adoro a mis niños, pero no sería la primera vez que pasa algo así.
—Pasó los dedos por su pecho para acariciarlo sobre la camiseta—.
Prefiero estar preparada y tener un plan B antes de llevarme la noticia.
Álvaro recordaba todas las veces que habló sobre sus alumnos de preescolar y la mirada dulce que tenía todo el tiempo.
Conocía cada parte de la personalidad de esos niños y se notaba muchísimo el cariño que les tenía, también que era agotador ocuparse de tantos ella sola.
Le parecía extraño que la pudieran despedir por recortes de personal si lo hacía tan bien, pero la ayudaría con lo que pudiera.
—Mi madre ya me dijo que esta profesión no era fácil y que debía estar preparada para este tipo de cosas, pero me niego a creer que hago mal mi trabajo y que esos niños no me adoran igual que yo a ellos.
—Se encogió de hombros—. No me importa tener que cambiar de trabajo si es completamente necesario, lo que me da pena son los niños.
Son demasiado pequeños para entender ese tipo de cambios y...
—Eh —la llamó poniendo una mano en su barbilla para que lo mirase—. Aún no sabes si te van a despedir o lo que van a decirte, así que no puedes pensar de esa manera.
—Lo sé, pero esto se veía venir desde hace semanas.
—Y sigue sin significar que perderás el trabajo —insistió acariciando su mejilla—. Tienes que ir preparada, pero no derrotada. No puedes pensar en lo peor porque es lo que atraerás.
—¿Y qué sugieres que haga? —preguntó contrariada—. Porque tengo que preparar una docena de dibujos de colorear diferentes con su respectivo cuento sobre las letras del abecedario y no es lo que me apetece hacer precisamente.
Álvaro se echó a reír inclinándose hacia ella para besarla porque parecía una niña enfurruñada y le encantaba su forma de fruncir el ceño, malhumorada.
Victoria dio un gritito cuando él la envolvió con los brazos para girar rápido y quedar debajo de ella, entonces metió las manos bajo la bata empezando a subirla por sus piernas de forma sugerente.
—¿Te parece mejor este plan? —preguntó llegando a la curva de su trasero.
Victoria no respondió, solo se inclinó hacia él para besarlo otra vez y pasar la mañana reconociendo el cuerpo del otro e intentando no pensar en lo que pasase fuera de aquel apartamento.