…también puede besar con la mirada Capítulo 3
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Capítulo 3

P arecía que ninguno era consciente de que estaban en mitad de la calle porque se besaban apasionadamente, como si no importase nada más. Pero Victoria empezó a ser consciente de ello cuando Álvaro la atrajo un poco más a su cuerpo y ella gimió con fuerza porque necesitaba desnudarlo.

—Espera, espera —dijo con la respiración agitada apartándose.

—¿Qué pasa? —preguntó confundido e igual de agitado.

—No podemos hacer esto, quedamos en que...

—Eso ahora da igual, Vic. —Pasó los dedos por su mejilla con cariño.

—No, no hemos solucionado nada —murmuró frunciendo el ceño sin apartarse de su caricia—. Esto no está bien, tenemos que aclarar muchas cosas y... —Se retiró de su toque porque no podía pensar con claridad—. No, lo digo en serio.

Álvaro se apartó respirando hondo y se sintió huérfano al no tenerla en contacto a pesar de tenerla a dos pasos de distancia.

Victoria se quitó el pelo de la cara mirando a su alrededor con incomodidad y negó con la cabeza al darse cuenta de dónde estaban.

Ella nunca actuaba así, era comedida y consciente de sus actos todo el tiempo, pero con él todo cambiaba y las perspectivas perdían cierto límite.

—¿Podemos ir a alguna parte a hablar? —preguntó él con tono suave cuando ambos controlaron sus respiraciones—. No quiero dejarlo para mañana, Vic. Ambos sabemos que no podemos retrasar esto más tiempo.

—Está bien —suspiró colgándose mejor el bolso al hombro—. ¿Dónde te estás quedando?

—En casa de una prima, pero estarán dormidos ya y los niños madrugan mucho. ¿Podemos ir a tu casa?

Victoria asintió empezando a caminar con la sensación de que la noche terminaría de una forma completamente distinta a como había empezado y no sabía si eso le molestaba.

Era extraño, pero quería llegar cuanto antes para hablar y dejar de ser tan responsable porque, después de aquel beso, sabía que nunca podría sacárselo de la cabeza.

Álvaro la llevó hasta su coche y ella le dio la dirección, hicieron todo el camino en silencio y ninguno parecía tan incómodo como intentaba mostrarse.

Era raro y agradable al mismo tiempo porque nunca fueron de esas parejas que necesitaban llenar el silencio a toda costa, sino que apreciaban ese tipo de momentos.

Cuando Victoria le indicó dónde podría aparcar y Álvaro siguió sus indicaciones sin dudar, ella se lo quedó mirando porque siempre transmitía calma aunque él estuviera alterado y, a pesar del poco tiempo que estuvieron juntos, sabía que estaba preocupado.

Fruncía el ceño levemente, como si quisiera decir algo y necesitase disimular la concentración en aparcar, por eso, cuando apagó el motor y suspiró apoyando la cabeza en el respaldo, ella le sonrió en cuanto la miró.

—No quiero volver a estar lejos de ti, Vic —dijo Álvaro en voz baja.

—¿Y qué haremos con la distancia o con Ada? —preguntó en el mismo tono—. Porque puedo soportar la distancia, pero no que ella se malmeta todo el tiempo contra nosotros como hizo cuando estuve en la isla.

—Ahora mismo no puedo responder a eso, pero...

—¿Significa mucho para ti?

—Somos amigos desde la infancia, pero nunca seremos algo más —respondió con una seguridad aplastante—. Nunca me ha interesado más allá y no va a pasar ahora.

—Si no se lo has dejado claro a ella, creo que no sirve de nada que tú lo sepas —suspiró apoyando la cabeza en el asiento al mirar hacia delante—. Dijo cosas hirientes sobre nosotros cuando tú no estabas y cuando intenté poner límites, me hizo quedar como la mala.

—Lo sé.

—¿También sabes que me enviaba fotos de ella metida en tu cama y envuelta en tus sábanas para que pensase que os habíais acostado? —preguntó mirándolo con tristeza—. Porque lo hizo un par de veces y supe que no era cierto porque cuando las envió, tú estabas conmigo y ella no lo sabía.

—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó frunciendo el ceño, girándose en el asiento.

—Porque ya tenías suficiente con la enfermedad de tu padre y no quería presionarte.

—De haberlo sabía habría hablado con ella y...

—Da igual —suspiró cansada—. Cuidar de tu padre era mucho más importante y no pensaba interferir en eso con algo que podía solucionar sola.

—No importa, tenías que decírmelo —insistió preocupado—. Sé que Ada puede ponerse difícil cuando las cosas no salen como ella quiere, pero no tenía ningún derecho a hacer eso y...

—No pasa nada. —Le tendió la mano y sonrió frunciendo los labios porque él la aceptó al instante—. Lo digo en serio, no me hizo sentir tan mal como ella quería, así que no te preocupes.

—De todos modos, hablaré con ella en cuanto vuelva y lo solucionaré, te lo prometo —respondió entrelazando sus dedos.

Victoria asintió despacio sabiendo que cumpliría su promesa porque era ese tipo de hombre y por ese y otros motivos no pudo sacárselo de la cabeza en esos meses.

Su relación fue tan buena, tan estable y bonita que lo echaba horriblemente de menos.

Incluso cuando discutían por tonterías y después uno de los dos se disculpaba para volver a tener esa sensación de paz tan acogedora que no encontraban en ningún otro sitio.

—¿Cómo está tu padre? —preguntó Victoria con tono suave—. Estaba mejor cuando me marché, pero han pasado un par de meses y nunca se sabe.

—Está muy bien, el tratamiento funcionó y está fuera de peligro —asintió con alivio—. Mi madre no se despega de él porque le preocupa que recaiga y no nos lo diga, pero los análisis dicen que está limpio. El cáncer ha remitido, así que hasta los próximos, no debería haber ningún contratiempo.

—Me alegro muchísimo —respondió estrechando sus dedos.

Álvaro asintió repetidamente mientras jugaba con sus dedos porque sabía que el cáncer estomacal de su padre fue una de las cosas que los distanció en las últimas semanas porque se sentía muy presionado.

Él era el mayor de tres hermanos y la más pequeña aún estaba en el instituto, por lo que se sintió obligado a hacerse cargo del negocio y de los asuntos médicos porque su hermano mediano acababa de tener mellizos.

La situación no era la más idónea para comenzar una relación, pero Victoria se convirtió en su apoyo sin darse cuenta y él se sentía tranquilo teniéndola a su lado porque lo escuchaba sin quejarse.

Una de las veces que tuvo que irse corriendo porque su padre tuvo efectos secundarios fuertes del tratamiento, en lugar de enfadarse, Victoria lo acompañó porque le preocupaba que condujera tan alterado.

La madre de Álvaro, Cristina, se lo agradeció tanto mientras iban al hospital que se sintió avergonzada porque era la primera vez que los veía en persona, pero esperó sin impacientarse en la sala de espera mientras los atendían.

—Mis padres han preguntado por ti varias veces. Quieren saber si vas a volver a Mallorca para poder agradecerte lo pendiente de que estuviste de nosotros —murmuró Álvaro saliendo de sus pensamientos para mirarla.

—No necesito que me agradezcan nada, ya se lo dije.

—Lo sé, pero ellos son así. —Se encogió de hombros negándose a soltar su mano—. Fuiste un gran apoyo para nosotros, Vic. No sé cómo habría podido sobrellevarlo si no hubieras estado ahí.

—Eso son tonterías, lo habrías hecho igual porque eres así.

—Estoy cansado de tantas cosas —suspiró apoyando la cabeza en el respaldo del asiento otra vez y ella frunció el ceño—.

El hotel no va del todo bien, por eso he venido a Madrid.

Hay unos inversores que quieren comprarlo y construir un resort.

Mi padre está de acuerdo porque quiere jubilarse y descansar, pero yo no quiero eso.

—Se removió inquieto—. Mis hermanos tienen su futuro planeado al milímetro, pero yo no.

Sandra está casada, tiene dos hijos preciosos, un marido que la adora y a ambos les va bien en el trabajo.

Martina está terminando el instituto y quiere venir aquí a estudiar porque dice que la isla se le queda pequeña para la carrera que quiere.

Lleva trabajando durante verano desde los quince en el hotel para ahorrar y...

—Que ellos quieran eso no significa que tú te estés quedando atrás.

—Hace mucho que me quedé atrás. —Sonrió con tristeza.

—¿Por qué dices eso?

—Porque me quedé atascado en la isla y no he conseguido salir de ahí, Vic. Es como si algo me atase a ese lugar y no me dejase ver más allá —dijo con frustración.

—Creo que estás frustrado porque se te han juntado muchas cosas y realmente no piensas eso.

—Él negó frunciendo los labios—. Cuando te conocí, disfrutabas muchísimo enseñándome la zona, llevándome a tus sitios favoritos mientras me contabas todo lo que habías hecho durante el día en el hotel.

Dijiste que querías reformarlo entero para innovar y tener acceso a mejores clientes porque estás en primera línea de playa.

—Sonrió con cariño al ver la resignación en su cara—.

¿De verdad crees que si no te gustase, hablarías con tanta pasión?

—No lo sé, Vic. Últimamente las cosas han cambiado y...

—Entonces lo que necesitas es desconectar un poco y no pensar tanto en lo que estarías haciendo allí.

—Se removió un poco—. Dile a Eric que te lleve a algún sitio para despejarte, disfruta de la ciudad mientras estés aquí y reúnete con los inversores, pero cuéntales lo que me contaste a mí cuando fuimos a aquella cala perdida.

—Sonrió de nuevo apretando su mano—. Explícales cómo quieres reformar el hotel y todos los planes que tienes para que inviertan en tu proyecto, no para que lo compren, Álvaro.

Estoy convencida de que conseguirás lo que quieres.

Él se la quedó mirando durante unos segundos en completo silencio porque no entendía por qué seguía animándolo de ese modo cuando la había decepcionado al no ir tras ella.

Pero después recordó las veces que discutieron porque él estaba agobiado y lo resolutiva que fue al ayudarlo en lugar de enfadarse por no pasar más tiempo con ella.

Era tan fácil ver la vida de ese modo que le contagió su entusiasmo y todo pareció más fácil, pero estaba convencido de que fue porque estaba a su lado.

—Creo que ha llegado el momento de irme —dijo Victoria soltando su mano despacio—. Mañana tengo cosas que hacer temprano y no puedo negarme, así que...

—¿Puedo subir contigo?

—Creo que no es buena idea.

—Te prometo que me comportaré. —Sonrió de medio lado.

Victoria se rio porque sabía que esa promesa no serviría de nada, pero asintió porque no quería separarse de él todavía y se sentía como una tonta enamorada cuando podría asegurar que no lo estaba.

Ambos bajaron del coche y Álvaro la siguió hasta el portal donde vivía, Victoria entró en el ascensor respirando hondo y, antes de que las puertas se cerrasen, ambos se giraron a la vez.

Antes de poder pensar, Álvaro la acorraló contra la pared mientras ella lo agarraba de la camisa para atraerlo a su boca casi con desesperación.

Si el beso en la calle fue intenso, aquel no se quedó corto porque Victoria lo estrechó contra su cuerpo besándolo con todo lo que tenía.

La campanita avisó de que habían llegado y se separaron el tiempo justo de llegar a la primera puerta, ella abrió con prisas y encendió la luz del salón para que entrase.

Apenas tuvo tiempo de asegurarla y dejar el bolso cuando la estaba besando otra vez haciéndola suspirar con satisfacción.

Álvaro pasó las manos por su trasero hasta anclarlas debajo para alzarla del suelo y Victoria aprovechó para quitarse los tacones de un puntapié mientras le decía dónde estaba su habitación.

Chocando una vez con la pared del pasillo y riéndose entre besos y tirones de la ropa para desnudarse mutuamente, llegaron a la habitación de Victoria.

Él no llevaba la camisa y su pantalón estaba abierto, los zapatos se quedaron en el pasillo, pero ella tampoco se quedaba atrás.

Su blusa estaba abierta y él acariciaba sus pechos por encima del sujetador haciéndola suspirar antes de dejarla en la cama.

Victoria sonrió porque él se aseguró de que su cabeza quedase sobre la almohada, como hizo desde la primera noche que pasaron juntos.

Incorporándose para mirarla, Álvaro pasó los dedos por sus costados hasta llegar al cierre delantero del sujetador.

Lo abrió y ella se movió para que quitase ambas prendas, entonces lo atrajo a su boca otra vez porque necesitaba sentir su piel y su calor.

Succionó su labio inferior antes de meter la mano entre ellos para acariciarlo y Álvaro desvió los besos hacia su cuello para empezar a bajar por su piel.

Victoria intentó retenerlo, pero él se levantó de la cama para poder tirar de su pantalón y dejarlo caer al suelo antes de hacer lo mismo con el suyo.

Ella lo observó con la respiración agitada y la piel roja por sus besos, se mordió el labio inferior cuando él se desnudó por completo porque por un momento había olvidado lo atractivo que era.

Despeinado, con la boca hinchada y esos músculos marcados bajo la piel bronceada lo convertía en el hombre más sexy que había conocido.

—¿Vas a quedarte ahí mirándome o vas a venir aquí? —preguntó alzando las cejas e incorporándose en los codos.

—Podría quedarme mirándote horas.

Ella se echó a reír negando con la cabeza y se tumbó de nuevo para quitarse la última prenda, antes de dejarla caer al suelo, él ya estaba sobre ella besando su cuello y haciéndola suspirar de placer.

Álvaro se entretuvo reconociendo cada centímetro de piel mientras ella se estiraba para alcanzar el cajón de la mesita de noche, sacó un preservativo y lo ayudó a ponérselo antes de atraerlo a su boca otra vez.

Cuando entró en ella, ambos gimieron de placer y él se quedó quieto apoyando la frente sobre la suya con la respiración acelerada.

—¿Te haces una idea de las ganas que tenía de hacer esto desde que has entrado en el restaurante? —Jadeó Álvaro moviéndose un poco para no aplastarla—. No tienes ni idea de lo mucho que te he echado de menos, Vic.

—Demuéstramelo —dijo ella mirándolo a los ojos y pasando la mano por su espalda, gimió cuando encontró el lugar correcto y enlazó la pierna alrededor de su cadera—. Haz que olvidemos estos meses separados.

Álvaro se agachó para besarla y comenzó a moverse, primero despacio para que ambos se acostumbrasen de nuevo y después con más profundidad para recordarse por qué era tan bueno.