Capítulo 2
C uando Eric se acercó para presentarlos y se dio cuenta de cómo se miraban, inclinó la cabeza entrecerrando los ojos porque sabía que escondían algo.
Álvaro se adelantó para acercarse a Victoria y darle un único beso en la mejilla que duró más de lo necesario y le ayudó a recordar por qué se obsesionó tanto con el olor de su piel.
Victoria respiró hondo al sentir su tacto suave y firme en la cintura y se obligó a apartarse cuando los recuerdos la asaltaron sin permiso.
Lo había echado mucho de menos, pero ninguno se puso en contacto con el otro porque acordaron que sería solo durante el verano y que no merecía la pena mantenerlo en la distancia.
—¿De qué os conocéis? —preguntó Eric sin poder aguantarse.
—Es la chica de la que te hablé —respondió Álvaro al regresar a su sitio en la mesa—. Lo que me sorprende es que la conozcas tú, tío. ¿Cómo es posible?
—Espera, ¿ella es tu Vic? —preguntó sorprendido sentándose a su lado.
—Sí, pero no lo digas de esa forma, no quiero que los demás empiecen con las preguntas.
—¿Y qué tiene de malo que lo hagan?
Álvaro negó porque otro de sus amigos, Raúl, un chico bajito de pelo rubio rizado, empezó a hablar con Victoria y Elena y no le gustó nada.
No era un hombre celoso ni mucho menos, sabía que lo que pasó con Victoria fue cosa de unos meses porque ambos tenían prioridades de las que ocuparse, pero era distinto en ese momento.
No se iba a inmiscuir si surgía algo entre ellos, cosa que dudaba mucho porque Raúl no parecía el tipo de hombre que le gustaba a Victoria, pero nunca se sabía.
Durante la cena, Álvaro no pudo evitar mirarla porque mantenía el mismo magnetismo que le llamó la atención en la discoteca donde la vio por primera vez y del que ella no tenía ni idea.
Atraía su mirada aunque no quisiera y Eric ya lo había pillado más de una vez observándola sin que ella se diera cuenta.
Cuando salieron del restaurante, no pudo evitar acercarse a ella para hablar porque, en los dos meses que hacía que no la veía, no había dejado de pensar en ella.
Victoria le sonrió un poco incómoda porque Raúl estaba intentando convencerla de ir a tomar algo solos o quedar al día siguiente para cenar.
Victoria le había dicho que tenía planes, pero Raúl era insistente y Álvaro la conocía lo suficiente como para saber lo incómoda que estaba y lo poco que le faltaba para ser desagradable.
—Tío, ¿ya te has olvidado de que hemos quedado mañana por la tarde para jugar al pádel? —preguntó Álvaro al llegar a su lado—. Déjala tranquila, seguro que también tiene planes.
—Os he dicho que no jugaría, así que...
—Venga, hombre. —Puso una mano en su espalda para hacerlo caminar hacia delante—. Sabes que el pádel es una excusa y que nos pasamos media tarde en el bar. Además, te dije que te presentaría a Noelia y me dijiste que estabas deseando quedar. ¿Ahora nos vas a dejar tirados?
Victoria frunció los labios para contener una sonrisa porque sabía lo que estaba haciendo y no se quejaba en absoluto.
Prefería mantener a Raúl lejos de ella porque no le gustaba su forma insistente de mirarla ni que invadiera su espacio personal como lo hacía haciéndola sentir incómoda.
Álvaro la miró desde unos metros más adelante haciendo un gesto con la cara y modulando con los labios «está controlado, tranquila» mientras seguían andando y no pudo evitar reír.
La conocía tan bien a pesar de haber estado no más de cuatro meses juntos que le parecía irreal, pero sobre todo le asombraba que su conexión no se hubiese apagado después de dos meses sin verse o hablar.
—¿Ya estás de mejor ánimo? —preguntó Elena uniéndose a su paso.
—No lo sé —suspiró pensativa—. No está siendo una mala noche, pero... —Miró a Álvaro otra vez sin poder evitarlo—. Primero lo de la reunión y el posible despido, ahora reencontrarme con él después de todo lo que pasó. No sé, está siendo extraño en muchos sentidos.
—¿Pero en plan malo? Porque me dijiste que lo echabas de menos, así que ahora puede ser la oportunidad perfecta para que reconectéis y ver qué pasa.
—Han pasado más de dos meses, seguramente él ha rehecho su vida porque no fue tan importante.
—Venga ya, Vicky. —Sonrió con incredulidad—. ¿Has visto cómo te mira? Parece que quisiera devorarte aquí mismo, eso no es precisamente rehacer su vida.
Victoria no podía negarlo porque Álvaro no dejaba de mirarla con intensidad y promesas no dichas en voz alta, algo que siempre auguraba algo potente.
Con él aprendió a mirarse mejor en el espejo, y ver de verdad a la chica del reflejo la hizo sentir deseada y valorada, algo que no le había pasado con sus otras parejas.
Aunque nunca definieron su relación como tal, más bien fue una aventura de verano, su conexión traspasó esa barrera y para ambos fue difícil despedirse al final del verano.
Pensó tantas veces en escribirle para saber de él, quizá sugerir verse en uno de sus viajes a la península, pero cambió de idea al recordar la promesa que hicieron.
—¿No has pensado que esto es cosa del destino? —preguntó Elena sacándola de sus pensamientos.
—Más bien creo que es una jugarreta por tu parte —murmuró cansada, miró la hora en su teléfono y resopló—. Creo que me voy a ir a casa, mañana tengo que preparar un montón de cosas para la boda de Cintia y no quiero que se queje y se ponga histérica.
—Es temprano, quédate un rato más —pidió cogiéndola de la mano—. Te prometo que no me meteré contigo ni te presionaré para que hables con él.
—No puedo, en serio —respondió enternecida, la abrazó besando su mejilla—. No te preocupes, ¿vale? Quedamos mañana para comer y me cuentas todo lo que hagáis esta noche.
Elena fue a replicar, pero Victoria no la dejó al separarse para ir con los demás a despedirse, Eric intentó convencerla también, pero había tomado una decisión y no solía cambiar de opinión.
Cuando Raúl se ofreció a acompañarla, Victoria puso los ojos en blanco ignorándolo por completo mientras hablaba con las chicas.
—¿Estás segura de querer irte sola? —preguntó Álvaro acercándose a ellas—. Puedo llevarte si quieres, tengo el coche cerca y apenas he bebido.
—No hace falta, llego en metro enseguida.
—Deja que te lleve, es tarde para ir en metro sola —dijo Elena preocupada.
Victoria suspiró con rendición y aceptó terminando de despedirse antes de empezar a caminar juntos por la calle. El silencio se hizo entre ellos y ninguno sabía cómo romperlo, Victoria lo miraba de reojo de vez en cuando y no lo soportó más cuando llegaron al paso de peatones.
—¿Te has pasado toda la noche mirándome y ahora no me diriges la palabra después de ofrecerte a llevarme a casa? —preguntó frunciendo el ceño—. ¿Por qué lo haces?
—Creía que estabas incómoda conmigo y no quería empeorarlo —se defendió encogiéndose de hombros.
—Ya, muy maduro por tu parte —resopló apartando la mirada.
—Has sido tú la que apenas me has dirigido la palabra esta noche, así que...
—Cierto, ¿qué demonios hacías en el restaurante? —preguntó entrecerrando los ojos de forma acusatoria—. ¿Desde cuándo conoces al novio de mi hermana y por qué no me lo dijiste?
—No sabía que Eric estaba saliendo con tu hermana, a la que no me presentaste nunca, por cierto —respondió calmado—. No es mi culpa que tengamos conocidos en común ni que te moleste tanto volver a verme, ¿sabes? No tenía ni idea de que ibas a venir y mucho menos que reaccionarías de esta forma.
—Fuiste tú el que dijo que no quería mantener el contacto ni intentar ser amigos, no me cargues ahora el muerto a mí cuando lo dejaste bastante claro.
—¿Crees que podríamos ser amigos después de haber estado acostándonos durante cuatro meses? —preguntó muy serio acercándose a ella.
—Creo que podríamos intentarlo.
—¿Por qué? —preguntó mirándola de cerca.
—Porque no nos sentiríamos incómodos estando juntos y los demás tampoco.
—¿Solo por eso? ¿No has pensado en mí ni una sola vez desde que nos separamos?
—No —mintió Victoria antes de apartarse para continuar caminando.
Álvaro sonrió de medio lado porque sabía que mentía, pero no pensaba dejarlo así.
Él sí que la había echado de menos y había pensado en ella a diario, se arrepintió de lo que dijo cuando ella se marchó y se obligó a cumplir su promesa porque no quería hacerle daño.
Verla entrar en el restaurante había removido algo en él que no sabía explicar y era complicado tenerla tan cerca y no poder tocarla como hacía semanas atrás.
Era frustrante en cierto sentido porque sentía que la química estaba ahí y que podría funcionar otra vez, pero ella se negaría a aceptar una relación a distancia porque sabía que él no se mudaría a la península.
—¿A dónde vas? —preguntó Álvaro al darse cuenta de que no iba en la dirección que le dijo antes.
—Al metro, me voy a casa —murmuró molesta sin dejar de caminar.
—Venga ya, no seas cría —se quejó acelerando el paso para llegar a su lado—. Tengo el coche aquí.
—Bien por ti —masculló sin mirarlo.
—Victoria, no hagas eso —pidió agarrándola de la mano para detenerla—. Por favor, hablemos como adultos.
—No quiero hablar contigo si vas a reprocharme cosas que no fueron decisión mía —murmuró mirándolo a los ojos y sintiendo un escalofrío por su toque.
—Entonces hablemos de eso y cambiémoslo.
—¿Por qué? —preguntó con cierta vulnerabilidad—. ¿Qué quieres ahora? ¿Otros cuatro meses y después separarnos de nuevo porque no quieres tener una relación seria? —Alzó las cejas esperando una respuesta e intentando no centrarse en el roce de su pulgar en el interior de su muñeca.
—¿No has pensado en lo bien que nos iba antes de que tuvieras que volver por el trabajo?
—Eso no tiene nada que ver con mi pregunta y lo sabes.
—Quiero saberlo y entender por qué tenemos que estar lejos cuando nos ha ido tan condenadamente bien juntos —insistió acercándose un poco a ella para llevar la mano libre a su mejilla y rozar su piel con suavidad—.
Me arrepentí de lo que dije en cuanto saliste por la puerta, Vic.
Fui a buscarte a tu casa y me dijeron que te habías ido al aeropuerto, no respondiste mis mensajes y creí que lo mejor era dejarlo estar.
—¿Qué mensajes? —preguntó confundida.
—Te envié una docena pidiéndote que no subieras al avión porque estaba llegando al aeropuerto, ¿no los viste?
—No, yo...
Se apartó frunciendo el ceño y haciendo memoria, recordaba despedirse de él en su apartamento y sentir que le rompía el corazón porque empezaba a sentir cosas por él, pero decidió aceptar su petición y ser adulta.
Regresó a casa de sus padres para terminar la maleta y subir al taxi que la llevó al aeropuerto.
Cuando llegó allí, apagó el móvil como siempre antes de subir al avión, pero revisó las notificaciones y no recordaba ningún mensaje.
Era demasiado raro y no quería pensar en cierta chica que vivía con Álvaro y que estaba celosa de lo que tenían porque supondría que él la mantenía en su vida.
Sacó el móvil del bolso y buscó su contacto para comprobar los mensajes, le enseñó la pantalla y él frunció el ceño porque lo único que aparecía era la conversación previa a la última vez que se vieron en persona.
—No entiendo absolutamente nada —murmuró confundido sacando el suyo.
Se quedó callado cuando buscó su contacto y estaban todos los mensajes, pero al fijarse en la fotografía de perfil, se dio cuenta de que no era la misma y eso le hizo tensar la mandíbula.
No podía creer que Ada hubiera hecho algo así, sabía que se mostraba hostil con las chicas con las que salía o entablaba amistad, pero aquello era demasiado y empezaba a preguntarse a cuántas más se lo habría hecho.
—¿Qué? —preguntó Victoria impaciente—. ¿Vas a seguir pensando que te ignoré cuando me pediste que te esperase en el aeropuerto?
—Nunca pensé que me ignoraras, simplemente asumí que estabas cumpliendo tu parte de la promesa que hicimos antes de que salieras de mi piso —respondió antes de mirarla—.
Lo siento, Vic. Te juro que intenté llegar al aeropuerto, pero cuando encontré tu puerta de embarque el avión estaba despegando y...
—Se pasó una mano por el pelo negando con la cabeza—.
Te he escrito estos meses porque no quería estar lejos y no entendía por qué no me respondías, pero empiezo a darme cuenta de que...
—Ha sido Ada, ¿verdad? —preguntó muy seria—. No le bastó con decirte toda esa mierda para que discutiéramos, sino que se ha tenido que meter hasta el final.
—No sé por qué lo ha hecho, pero lo arreglaré.
—Está más que claro que lleva mucho tiempo enamorada de ti y tú eres tan tonto que no te das cuenta.
Lo peor de todo es que vive contigo y que no es nada sutil al insinuarse —murmuró guardando el móvil en el bolso, respiró hondo antes de mirarlo—.
¿Puedes llevarme a casa, por favor? De verdad que tengo que madrugar mañana y...
Álvaro se acercó a ella en una zancada, pasó una mano por su cuello apartándole el pelo y acortó la distancia entre sus labios haciéndola jadear por la sorpresa.
No pudo aguantar más al tenerla tan cerca y confirmar que no lo había estado ignorando, pero sobre todo al escuchar ese matiz de celos al hablar de Ada.
Victoria puso las manos en su pecho para mantener el equilibrio y él pasó el brazo libre por su cintura para pegarla a su cuerpo mientras devoraba su boca con ansia porque la había echado mucho de menos.
Suspiró agradecido cuando ella le devolvió el beso sin pensarlo más de dos segundos porque significaba que sentía lo mismo y que podrían tener una oportunidad.