Capítulo 1
H acerle caso a su hermana pequeña nunca prometía nada bueno, pero llevaba demasiado tiempo sin tener una cita.
Estaba harta de que los padres de sus alumnos de preescolar coqueteasen con ella y quería emociones nuevas.
Quería conocer a alguien que la hiciera reír y olvidarse de todo el trabajo que tenía cuidando a veinte niños diariamente porque le encantaba su trabajo.
—Júrame que no te vas a largar en cuanto los conozcamos o te dejo plantada en el portal, Elena —dijo una voz femenina.
—Lo juro. —Rio la otra—. No entiendo tanto drama, ¿sabes? Te he dicho que vamos a salir con unos amigos de Eric, podrías tener un poco más de confianza en mí y no ser tan estirada.
—No soy estirada, es que ya me has dejado tirada varias veces con la tontería de que quieres estar a solas con tu no novio y estoy cansada —respondió colocándose frente al espejo.
Elena resopló haciéndola poner los ojos en blanco porque sabía que llevaba razón, pero le daba igual.
Era algo parecido a una broma que tenían entre ellas para salir con chicos desde la adolescencia, pero Elena lo había mantenido porque su relación con Eric tenía muchos altibajos y necesitaba que su hermana estuviera pendiente de ella.
—Te prometo, Vicky, que no me iré a ninguna parte sin avisarte y que seré la mejor hermana pequeña que...
Victoria se echó a reír antes de aplicar la base del maquillaje porque sabía que se estaba cachondeando de ella, como hacía siempre que quería salirse con la suya.
Observó su cara y suspiró porque tenía aspecto cansado, sus ojos marrones parecían tristes y sin brillo porque no estaba pasando por el mejor momento.
Le habían dicho que tendría una reunión con el director y la junta y eso la tenía nerviosa, por lo que no estaba saliendo mucho y apenas veía a sus amigos.
Pero, esa noche, todo iba a cambiar porque estaba decidida a divertirse y cambiar de actitud, por lo que el maquillaje debería ayudar.
Se aplicó la base con rapidez ocultando al mínimo sus pecas sobre la piel bronceada y comenzó con una sombra suave para acentuar los matices verdes de sus ojos.
Su nariz era fina y sus labios gruesos, por lo que cuando se puso su barra de labios favorita color coral, parecían mucho más jugosos.
Se soltó la melena hasta la clavícula para dejarla libre sin tocar las ondas naturales y se levantó ajustándose la blusa que tenía transparencias en la espalda.
Se calzó unos tacones altos por primera vez en lo que iba de mes y sonrió para darse ánimos a sí misma.
Un rato después, Victoria estaba subiéndose al coche de su hermana de mucho mejor ánimo del que ambos esperaban.
Elena se parecía mucho a ella, pero era más delgada y alta, llevaba el pelo castaño largo hasta la cintura y recogido en una trenza de lado que la hacía ver más juvenil.
Eric, al volante, era de mediana estatura, de pelo negro y ojos cafés, mandíbula cuadrada y una cicatriz en la ceja derecha.
—Hola, cuñada —saludó alegremente antes de reincorporarse al tráfico.
—Hola. —Sonrió Victoria poniéndose el cinturón en el asiento trasero—. ¿A dónde vamos a ir al final?
—A ese restaurante del que hemos hablado tantas veces, dice Miguel que es muy bueno —respondió Elena distraída con el teléfono.
Victoria asintió conforme porque llevaba tiempo queriendo probarlo, pero se distrajo con su propio móvil cuando las notificaciones empezaron a llegar de forma repetida.
Frunciendo el ceño, sacó el móvil del bolso para leer el aluvión de mensajes que había en el grupo que compartía con dos profesoras más de su colegio.
Ana
Confirmado. La reunión del martes es para anunciarnos que van a despedir gente, chicas.
Irene
¿Cómo lo sabes?
Ana
Me lo ha dicho Nacho, así que la información es totalmente real. Espero que no seamos ninguna de nosotras porque me cago en todo.
Los mensajes seguían apareciendo de forma seguida y Victoria empezaba a preocuparse porque Nacho trabajaba en la junta directiva y era la pareja de Ana.
Se suponía que no debía compartir ese tipo de información con ella antes de que llegase la reunión, pero no tenían secretos y Ana solía guardarse las cosas hasta que eran de vital importancia.
Saber que podrían despedirla le creó un nudo en el estómago y la hizo palidecer porque llevaba tanto tiempo trabajando para mantener su plaza que veía totalmente injusto verse afectada por los recortes de personal.
Ana
Vicky, asegúrate de estar de las primeras en la reunión, ¿vale? Ricardo quiere hablar contigo en privado de algo importante y no tengo idea de lo que puede ser.
Victoria
No me fastidies, Ana. El martes tengo la tutoría con los padres porque él se empeñó en cambiarla, no me puedo multiplicar.
Ana
Lo sé, pero es mejor que lo aplaces y estés la primera.
Victoria se quejó en el asiento trasero porque ya no le apetecía tanto salir por ahí, estaba a punto de decirle a Eric que la llevase de nuevo a su piso cuando lo vio meterse en un aparcamiento subterráneo.
Se apartó el pelo de los ojos con un resoplido e intentó centrarse en la parte buena de la situación aunque no la encontraba por ninguna parte.
Había luchado tanto por mantener su puesto que se sentía engañada, si la despedían no podía presentarse a otras oposiciones para tener una nueva plaza porque estaba convencida de que la mandarían a otra ciudad.
—¿Va todo bien? —preguntó Elena cuando bajaron del coche.
—No lo sé, ya te lo diré el martes —suspiró empezando a caminar con ella.
—Te has puesto pálida, algo tiene que haber pasado —insistió enlazando un brazo con ella.
Resumiéndolo mucho, le contó sus preocupaciones mientras iban hacia el restaurante porque no quería decirles de verdad que la llevasen a casa.
Elena frunció el ceño todo el tiempo porque sabía lo muchísimo que disfrutaba su hermana con los niños y lo encantados que estaban los padres con ella, por lo que había algo que no encajaba.
No continuaron hablando de eso para no estropear la noche porque llegaron al restaurante y, en la mesa a la que las llevó Eric, vieron a varias personas.
Victoria se quedó muda cuando reconoció a uno de los hombres que se levantó a saludar porque estaba el chico con el que tuvo una aventura de verano la última vez que viajaron a Mallorca.
Era el mismo tío alto, musculoso, de pelo negro un poco largo y alborotado porque se pasaba las manos demasiado por él.
Tenía los mismos ojos verdes que recordaba y ese hoyuelo traicionero que aparecía en su mejilla izquierda cuando sonreía.
Llevaba barba de un par de días del mismo color que su pelo y parecía igual de relajado y confiado, una de las cosas que más le llamó la atención cuando lo conoció.
Álvaro la reconoció también porque no apartó la mirada de ella mientras las presentaban a los demás y se quedó con las ganas de adelantarse a todos.
—¿Tú sabías que iba a venir? —preguntó Victoria entre dientes a su hermana.
—Ni siquiera sabía que Eric y él se conocían —respondió igual de sorprendida.