…también puede besar con la mirada Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Ahí estaba de nuevo. En esa ocasión, el nerviosismo que le produjo la mención de las fuerzas de seguridad fue aún más evidente.

¿Acaso sería una persona peligrosa? ¿En búsqueda y captura, tal vez?

No. Teresa sacudió la cabeza intentando apartar esos pensamientos de su mente.

Seguro que solo actuaba así porque sabía que se le había ido la mano sin motivo alguno; una idea que vio reforzada cuando ella volvió a sentarse con el cuerpo girado hacia el otro lado de la clase.

No obstante, sabiendo que había tensado la cuerda, decidió que era mejor dejarla un rato, por lo que se acercó hasta el chico que, en ese momento, agradeció con un vago intento de sonrisa el vaso de agua que le dieron para tomarse el ibuprofeno que le ofreció otra compañera.

—¿Tú debes ser Andrea?

—Prefiero Pérez.

—¿Cómo te encuentras?

—Digamos que algo sorprendido. En el programa de estudios no ponía nada sobre tener que hacer de sparring . —El intento de risa con el que acompañó sus palabras terminó en una involuntaria mueca de dolor.

—Ya, bueno, el boxeo solemos dejarlo para los cursos más relacionados con la administración pública.

Dicen que es útil conocer las técnicas básicas cuando tienes que enfrentarte a algunos funcionarios.

—Ver de nuevo ese gesto le confirmó que los daños no solo habían sido en el rostro—.

¿Quieres contarme tu versión o prefieres que te acerquemos a que te miren en urgencias?

—La verdad es que no hay mucho que decir. Iba tarde, al llegar a esta planta he visto cómo se cerraba la puerta del aula, he echado a correr y, un par de metros más allá, algo me ha tirado al suelo. Eso es todo. Lo siguiente que recuerdo es que me golpeaban, así que he intentado protegerme.

—¿Y ya está? ¿Solo protegerte?

—¡Lo juro por mi madre! En cuanto me he dado cuenta de que la voz que gritaba encima de mí era de una mujer...

Teresa quiso entender que Pérez prefirió no defenderse antes que poder hacerle a ella algún daño que terminara llevándole al banquillo de los acusados.

—¿Os conocíais?

Pérez negó con la cabeza, por lo que Teresa dirigió su mirada a Elvira, quien, a pesar de estar con los ojos fijos en otro lado, contestó de igual modo justo cuando se volvió hacia ella, con lo que entendió que debía estar observándoles a través de los reflejos en los ventanales del aula.

No necesitó más que lanzar un par de miradas a su alrededor para confirmarlo.

Aunque ya pensaría más adelante si eso significaba algo; en ese momento, le importaba más cómo le miraban a ella el resto de los alumnos.

Pasó los ojos por el heterogéneo grupo intentando encontrar las palabras que devolvieran el aula a lo que debía de estar siendo, sin dar sensación de haber perdido el control y, a la vez, mostrando que se preocupaba por lo sucedido en su justa medida.

—Quizá deberíamos dar por zanjado el tema de las presentaciones.

Sé que a lo largo del curso tendréis oportunidad de conoceros bien.

Además, aprovechando que hoy habéis decidido venir todos y la cafetería está en el edificio de enfrente, nos valdremos del prima non datur .

Seguro que es más efectivo que seguir soltando monólogos sobre lo que os ha traído hasta aquí.

Pero no creo que el profesor encargado de impartir Análisis de datos y automatización esté de acuerdo con aplicar en sus horas tradiciones medievales; por lo que os recomiendo ser puntuales para la siguiente clase.

—¡Y no andar por pasillos a oscuras! —añadió uno de los alumnos más mayores, a quien Teresa le agradeció el comentario cuando notó cómo ese simple chascarrillo había ayudado a rebajar la tensión.

—¿Nosotros también nos podemos ir? —Quiso saber Elvira, poniéndose en pie.

Teresa necesitó tan solo un movimiento de cabeza para que se entendiera que aquello se trataba de una treta para quedarse los tres a solas. Cuando al fin lo estuvieron, se sentó sobre una de las mesas que había entre ambos alumnos y comenzó a hablar como si nadie más la escuchara.

—La física demuestra que dos elementos no pueden ocupar el mismo espacio a la vez, algo que ha quedado más que acreditado en el accidente que ha terminado cambiando el desarrollo de esta clase.

—Aunque Elvira se giró con clara intención de corregirla, al verle la seriedad del rostro decidió que no era buena idea, por lo que desistió con cara contenida—.

Un pasillo oscuro, alguien corriendo, otro alguien que sale del baño sin que al primero le dé tiempo a frenar...

Yo a eso lo llamo «accidente». No obstante, cada uno vive sus experiencias basándose en las anteriores, por lo que sois libres de hacer lo que consideréis al respecto, incluso denunciar al otro.

Desde esta institución nos limitaremos a aportar las grabaciones tanto del aula, pues os recuerdo que todas las clases se graban para poder visualizarlas luego por cualquiera de vosotros, como de los pasillos.

Así que espero que, antes de hacer nada, consultéis con un buen abogado, no vaya a ser que no podáis sostener la acusación, o incluso que se vuelva contra vosotros.

A pesar de estar a varios metros de ellos, para Teresa fue evidente cómo el cuerpo de Elvira se iba encogiendo. Con lo que creyó claro que las veces en las que había reaccionado ante la mención de la policía fueron por miedo.

—Por mí no hay nada más que hacer. Además, con una ceja partida puede que dejen de decirme que tengo cara de niño.

—¿Y por ti, Elvira?

Aún se encogió un poco más antes de contestar.

—Creo que fue el canto de la puerta. Pero me haré cargo de limpiarte la camisa. Nunca he oído de ninguna puerta que sepa almidonar cuellos.

Lo dijo con un tono un tanto despectivo.

Aun así, a Pérez pareció hacerle la gracia suficiente como para volver a reírse, o, más bien, a intentarlo, pues al hacerlo fue evidente que el golpe más fuerte que había recibido no era en la ceja, sino en las costillas, las cuales debía tener, como poco, bastante magulladas.

—En ese caso, creo que lo mejor será que ambos os vayáis. Os vendrá bien descansar. Podréis recuperar las clases de hoy con las grabaciones y, si os surge cualquier duda, me la mandáis al correo; lo tenéis en la intranet. ¿De acuerdo?

—Sí, claro.

—Buena idea. Así podré poner a remojo la camisa antes de que se seque.

—Hazlo en agua fría, no quiero que luego no salgan las manchas y digas que es por mi culpa.

Quizá fuera por el tono de Elvira al hacer el comentario, o por la forma en la que Pérez inspiró al escucharlo, o tan solo por ese instinto que tienen las madres.

En cualquier caso, fuera como fuese, Teresa tuvo claro que, si no hacía algo, a la larga la situación iba a enquistarse hasta contaminar el ambiente con el resto, por lo que tomó una decisión arriesgada de la cual esperaba no llegar a arrepentirse.

—Solo una cosa más antes de que os marchéis.

El cuarenta por ciento de mi asignatura es el trabajo en equipo.

El objetivo de las presentaciones de hoy era que al final de la clase pudierais elegir compañero.

Pero ya que no vais a poder contar al resto qué es lo que os ha traído hasta aquí, creo que lo mejor para la dinámica del grupo es que vosotros dos vayáis juntos.