Epílogo
Epílogo
U n año después
Rebeca nos visitó la última semana de agosto.
Estaba feliz, incluso parecía más joven.
Había logrado una plaza en un pueblecito cerca del lugar donde vivían sus padres y me constaba que todo el mundo en el cole la adoraba.
No era de extrañar porque su metodología, su amor por los niños y su simpatía eran imposibles de resistir.
Habíamos logrado mantener la amistad que nos prometimos en su día, cuando aún no había hecho su primer examen.
No nos habíamos ido a la otra punta del mundo, pero ni aun así hubiéramos roto el contacto.
Antes de volver me dijo que me veía radiante, y yo solo pude responder que, a pesar de los momentos horribles, todo mereció la pena porque gracias a eso estaba donde quería y con la persona que amaba.
Hoy añado que por esa experiencia aprendí a quererme y a valorarme como maestra.
Y sé que, cuando entro en un aula, vuelvo a reconocerme como la mujer que soñó esta profesión muchos años atrás.
Portugal no es un paraíso idílico en el que no existen problemas. Pero es el lugar donde Alejandro y yo hemos construido nuestra relación, donde nos hemos permitido vivir un amor que en su día nos prohibieron.
Suena el timbre de casa y acudo rauda a abrir la puerta.
— Ola, Maria!
La abuela de Alejandro aparece en el umbral, sentada en la silla de ruedas que empuja su hija.
A su lado, el padre de mi novio sonríe como saludo.
Los dejo pasar y comienzo una conversación animada con ellos, después, voy a comprobar que Alejandro ha terminado de ducharse para avisarle de la llegada de su familia.
No llegó muy lejos, pues me lo cruzo en el pasillo. Me retiene entre sus brazos y me besa.
—Tus padres...
—Lo sé, os he oído hablar. ¿Ves cómo yo tenía razón?
Mis ojos reflejan extrañeza porque no sé a qué se refiere.
— Falá-lo-ás, meu amor, falá-lo-ás .
Me rio y vuelvo a besarlo, pero pronto nos separamos porque oímos pasos acercándose. Antes de que me suelte del todo, me mira los labios de esa forma tan suya que ya me ha enseñado que Alejandro también puede besar con la mirada.
Y me encanta.