Epílogo
Epílogo
Conflicto
P ablo
Dos meses y medio han pasado, y aunque nos hemos enviado un mensaje que otro, no sé nada de ella. Compagino el periódico digital con las clases, que he ido cambiando, y la verdad, echo de menos su alegría, pero he de reconocer que he salido de mi ostracismo.
Mi madre insiste en que la llame, que ella está loca por mí, y solo la abrazo. Sé que Carmen le gustaba. ¿Y a quién no?
Carlos se asoma para darme un recado.
—Pablo, hoy tienes que hacer un tour a la nueva profesora que se incorpora de prácticas.
—¿Por qué yo? —protesto. Él se encoge de hombros y se marcha.
Vuelve mi yo antipático, pero inspiro y expulso para recuperar el que empiezo a ser.
Me voy al despacho. La mesa de Carmen sigue ahí y no he querido quitarla, tal vez pensando en que podría volver, algo que es absurdo. Supongo que en algún momento lo haré.
Me concentro en revisar los últimos artículos del periódico cuando escucho la puerta abrirse.
—Toc, toc —dice alguien. Levanto la vista. Carmen aparece con un maletín en la mano. Me levanto, tirando los papeles al suelo.
—¿Qué... haces aquí?
—No sé, busco a un tal Pablo Vega, creo que me tiene que hacer un tour por el campus.
—¿Tú eres... tu eres la profesora en prácticas? —pregunto asombrado, sin acercarme a ella.
—Sí y no. Daré algunas clases, pero le dije a Carlos que debería viajar. Aun así, me aceptó gustoso. ¿Podrías aceptarme tú con esas condiciones?
—Por supuesto que sí.
Ya no puedo más y la abrazo, la beso y ella ríe feliz. Luego, me aparta y revuelve mi cabello. Ella me dijo que no lo peinase tanto, entre otras cosas.
—Te quiero, Pablo. Cuando estaba lejos me di cuenta de que quería estar contigo. Solo que no veía cómo. Tu madre me inspiró.
—¿Mi madre?
—Sí, me dijo que por qué no hacerlo online —dice sonriendo—, y no voy a cambiar todo lo online por presencial, pero habrá más de lo primero. Entonces... ¿aceptas o no?
—Acepto. Te acepto con todo lo que quieras.
La tomo en brazos y me entierro en su cuello. Mis besos erizan su piel hasta que escuchamos un carraspeo. Carlos entra.
—Ya veo. No hay... no hay problema en que los dos salgáis juntos, pero no... uséis el despacho para otras cosas. ¿De acuerdo?
Sonrío y le doy dos palmadas al decano. Él también lo hace. No puedo ser más feliz. O sí.
—Verás cuando mi madre se entere.
Nos echamos a reír y la tomo de la mano. Carlos se marcha y nos quedamos mirando. Carmen acaricia mi barba crecida.
—Vamos a intentarlo, a ver qué pasa, ¿sí?
—Sí. Hagámoslo.
Ella se instala en la mesa y yo vuelvo a sentarme. Me ha cambiado o tal vez ha recuperado lo que fui en su día. En cualquier caso, hoy comienza una nueva vida para los dos.