…también puede besar con la mirada Capítulo 5
20%

Capítulo 5

Disculpas

P ablo

Salgo todo el domingo fuera de casa, he ido a ver a mi madre y ella, aunque sabe que me pasa algo, es discreta y no me pregunta.

Me habla de su último libro, ella escribe poesía, y de que hará una presentación la próxima semana, para ver si podré ir.

Le aseguro que sí y ya cerca de las nueve, me marcho a casa.

Ella vive en un apartamento muy pequeño, y, aunque me ofreció quedarme a vivir allí cuando se inundó mi piso, no me apeteció. Vivir en el campus me resulta muy práctico, aunque con ella enfrente, me está empezando a trastornar. Porque yo no quiero algo rápido, sexo por sexo.

Mi madre ha vuelto a preguntarme sutilmente si salgo con alguien. Le encantaría tener nietos, supongo. Algo que me parece que no va a ocurrir. Mi hermanita murió de muerte súbita y eso me aterra. Tal vez sea algo familiar.

Estoy abriendo la puerta cuando sale Carmen. Se acerca a mí.

—¿Podemos hablar? Por favor.

—Pasa.

Me quito la cazadora y caliento el hervidor. La miro y ella asiente.

—Siéntate. ¿Manzanilla, té?

—Manzanilla está bien. Gracias. Vengo a disculparme.

—¿A disculparte por qué? —pregunto preparando las tazas.

—Por haber invadido tu vida. Hoy me tocó a mí pensar —dice mientras me siento a su lado en el sofá y dejo las tazas en la mesita—. Gracias. He invadido tu clase, te he... echado... ya sabes...

—¿Los tejos? —pregunto sonriendo—, bueno, eso es halagador, en el fondo.

Ella asiente con una sonrisa suave. Miro sus labios y pienso que sí los querría en mi boca. O quizá en otros lugares.

—Suelo ser así. Y no digo que sea bueno, pero... a veces me paso.

Deja la infusión en la mesa y se gira para mirarme a los ojos.

—¿Quieres que le diga a Carlos que me cambie a otra clase?

—No —digo consciente de dónde me estoy metiendo—. En realidad, creo que puede ser estimulante para mis alumnos. Incluso... para mí.

Ella sonríe y dejo la infusión en la mesa. No se puede imaginar cómo deseo besarla.

—Me alegra que digas eso. Y... siento mucho todo —dice levantándose. Lo hago también y me quedo cerca.

—Eres una mujer preciosa, Carmen, y no te mentiré si te digo que me encantaría besarte y lo que fuera, pero creo que no es correcto. Y sí, ya sé que hay líos entre profesores..., pero... yo no soy así. No soy de liarme con la gente.

—¿No eres de sexo rápido?

—A veces sí, claro —respondo apurado—, pero suele ser con gente que no me importa en absoluto, que la conozco de un día y ya está.

—Eso es que...

—No hay nada entre nosotros, y difícilmente lo habrá. Eres una mujer increíble, y por eso, no quiero sexo rápido contigo. Porque como tú dices, te irás en unos meses, y la verdad, no me apetece quedarme colgado.

—Eso es muy sexy, Pablo —dice ella sonriendo. Bufo, pero no me aparto. Mi cuerpo no me obedece—. Y yo tampoco soy de acostarme con cualquiera. Podría haberlo hecho ayer, Fran me tiró los tejos, como dices, pero no me interesó. Tú sí.

—Joder, Carmen.

Ahora sí me aparto y me llevo las tazas al fregadero para lavarlas. Ella se coloca a mi lado.

—Otra vez me he pasado. Lo siento. Nos vemos mañana.

Se marcha a su habitación y me pregunto qué pasaría si... si tuviéramos sexo. La deseo, sin duda, y ella a mí. Somos dos adultos sin compromiso. ¿Tan malo sería?

—Sería una muy mala idea. ¿Cómo iríamos a estar en la clase sabiendo que... he besado cada parte de su cuerpo?

Me noto totalmente endurecido y me voy a la ducha, para desahogarme. Esto no puede continuar así, tal vez sea mejor que... que vaya a otra clase, pero cuando pienso en el imbécil de Fran, me llevan los demonios.

Nunca me había afectado alguien así... excepto ella. Esa noche vuelvo a tener pesadillas y me levanto empapado de sudor.