…también puede besar con la mirada Capítulo 7
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Capítulo 7

L a lectura supuso un cambio en la actitud de todos los alumnos, incluido Julián. Al día siguiente se presentó con una lista de posibles libros que, según sus propias palabras, le había recomendado su padre.

Denise escogió una obra de teatro de Molière, divertida y poco densa en su lectura.

Julián se ofreció a ayudar a sus compañeros si tenían dificultades y se mostró muy animado con la actividad.

Presentaba una actitud diferente a la del resto del curso y Denise sintió que debía comunicárselo a su padre.

No se engañaba, en realidad se trataba de una burda excusa para ponerse en contacto con él, aunque fuera solo mediante un mensaje de texto.

Denise

Hola, Fernando. Te escribo para comentarte que he notado en Julián un cambio muy positivo.

Él respondió al instante.

Fernando

Me alegra saberlo.

También conmigo está más comunicativo.

Denise

Eso es estupendo. No sé si te habrá comentado algo, pero se ha ofrecido a ayudar a sus compañeros con una lectura conjunta.

Fernando

Me ha hablado de la lectura.

Entre los dos escogimos unos títulos.

Espero que te parecieran apropiados.

Denise

Mucho. Elegí El enfermo imaginario.

Fernando

Intuí que sería una de tus opciones.

Denise

Es divertida y ligera. No les costará leerla.

De repente los tres puntitos que indicaban que él estaba escribiendo algo se interrumpieron y en la pantalla apareció una llamada entrante procedente de su teléfono. Descolgó.

—Estamos escribiendo como tontos cuando podemos hablar.

No lo habían hecho desde que Julián los sorprendió en la cafetería y él decidió que dejaran de verse.

—Es verdad —respondió.

—¿Cómo estás? —La voz masculina se volvió suave.

—Bien. ¿Y tú?

—También. Echando de menos nuestras charlas, si te soy sincero, pero a juzgar por el comportamiento de mi hijo, vale la pena.

—Por supuesto. Julián debe ser la prioridad.

—Siempre lo ha sido para mí, aunque él tenga sus dudas.

—¿Las tiene?

—Supongo. Nunca hemos hablado de ello.

—Tal vez deberíais.

—Por el momento prefiero ser cauto y dejar que sea él quien proponga nuestros temas de conversación.

—Claro.

—Denise...

—¿Sí?

—Me gustaría decirte que algún día reanudaremos nuestras citas, pero no sé si eso será posible.

—¿Deseas que volvamos a vernos?

—Mucho. Te echo de menos. Aquello se llegó a convertir para mí en algo más que unas tutorías entre padre y profesora.

—No te preocupes, me basta con que lo desees. También a mí me gustaría, pero las circunstancias son las que son.

—Gracias.

—No tienes que darlas. Ahora es mejor que dejemos de hablar porque nos estamos poniendo un poco sentimentales y es preferible dejar las cosas como están.

—De acuerdo. Adiós, Denise.

—Adiós, Fernando.

Colgó. Y se esforzó en continuar corrigiendo los ejercicios que le habían entregado aquella mañana y en preparar un plan de lectura para que todos la siguieran. Aunque la voz suave de Fernando, la certeza de que también él desearía algo más con ella, se colaba a cada momento en su mente.

***

Los chicos se entusiasmaron a leer y a comentar en las clases la lectura. El ambiente general había cambiado, ya no veía caras hoscas cuando llegaba, e impartir la lección se había vuelto mucho más agradable.

Aquella mañana, al llegar, vio una frase escrita en la pizarra, en perfecto francés: «No te vayas, profe, quédate».

Emocionada, con el corazón palpitante, se giró hacia los alumnos que la miraban sonrientes.

—La otra vez no quise indagar sobe el autor de la frase, pero ahora sí voy a hacerlo. ¿Quién ha sido?

—Fuenteovejuna —dijo una chica al final del aula.

Parpadeó. La palabra le sonaba a una obra literaria, y no entendía el significado.

—¿Qué es Fuenteovejuna?

—Todos a una —respondió Julián—. Y perdona que lo diga en español, pero en francés no rima.

Una carcajada resonó en la clase.

—Por una vez, vale, pero no te acostumbres.

—No, profe. Solo esta vez.

No borró la pizarra. La dejó escrita con el deseo de sus alumnos y comenzó la clase, en un ambiente distendido y amable. Todos estaban relajados, incluido Julián.