Capítulo 6
D enise sabía que después de que Julián los descubriera en la cafetería sus reuniones de los jueves con Fernando se habían terminado.
Él se lo confirmó con una llamada esa misma noche.
Se habían intercambiado los números de teléfono un par de semanas atrás, por si a alguno le surgía un contratiempo y no podía acudir a las citas, que programaban semana a semana.
Nunca los habían usado ni enviado mensaje alguno, pero en cuanto vio el nombre reflejado en la pantalla, supo el motivo de la llamada.
—Hola, Fernando. ¿Cómo está Julián? ¿Sigue enfadado? —preguntó sin más preámbulos.
—No lo sé. He hablado con él, pero no sé hasta qué punto lo he convencido.
—¿De qué tienes que convencerlo?
—De que no hay nada entre tú y yo más que un mutuo interés por él. La idea le perturba.
Se hizo un silencio espeso que Denise rompió.
—Es que no lo hay —afirmó sobreponiéndose a la idea de no volver a verlo—. ¿Quieres que hable con él?
—No, creo que sería peor. Dejémoslo estar. En realidad, te llamo para decirte...
—Que no seguiremos viéndonos los jueves —lo interrumpió ella, decidida.
—Sí. Lo siento.
—Lo comprendo.
—También quiero que sepas que me gustaban nuestras charlas, más allá de la información que me dabas sobre Julián.
—Yo también las disfrutaba, pero él es lo primero.
—Si necesitas decirme algo sobre su comportamiento, cítame para una tutoría y por supuesto que acudiré. Pero si no, esta es la última conversación que mantendremos.
—Si no borras mi número te mandaré algún mensaje sobre su evolución y comportamiento, que me temo volverá a empeorar después de lo de esta tarde.
—Esperemos que no, pero si se desmadra, házmelo saber y tomaré cartas en el asunto.
—No te preocupes, puedo manejar a tu hijo. —«Ya sé su punto flaco: tú y el miedo a perderte también», pensó.
—Gracias, Denise. Quiero que sepas que me ha gustado mucho conocerte.
—También a mí. Adiós, Fernando.
—Adiós, Denise.
Cortó la llamada. Otra historia que no había llegado a nada.
Era la tónica de su vida, conocer a un hombre, empezar a ilusionarse con él y que de repente todo terminara sin que pasara nada más.
Pero tal vez fuera lo mejor, cortar toda relación que no tuviera que ver con Julián, porque lo más probable era que no le renovaran el contrato al terminar el curso.
Sobre todo si el comportamiento del alumno empeoraba a partir de aquel momento y contagiaba su negatividad al resto de sus compañeros.
La directora ya le había advertido que debería ganarse al alumnado si quería continuar enseñando en el centro.
Que las clases de francés eran optativas y que cada vez más alumnos solicitaban el inglés como idioma extranjero.
Que se haría un sondeo a finales de curso sobre la asignatura.
***
La conducta de Julián no empeoró tanto como pensaba después de lo sucedido.
Sí se mostró hosco y huraño y evitaba su mirada, pero no la enfrentó de forma directa ni la desafió.
Sin embargo, su rendimiento académico empeoró, como si hubiera perdido el interés en la asignatura que había empezado a mostrar en las últimas semanas.
No tenía intención de comentárselo a Fernando, temía empeorar las cosas entre padre e hijo, y también entre Julián y ella. La relación con su alumno se mantenía en un precario equilibrio que Denise procuraba no romper. No actuaría salvo que el chico la desafiara abiertamente delante de todos.
Ante la propuesta del ejercicio de tema libre, los alumnos no reaccionaron mal, pero tampoco con entusiasmo. También tenía en mente la lectura conjunta de un libro en francés, de forma voluntaria y de libre elección por parte del alumnado. Tal vez con eso consiguiera más entusiasmo.
Trataba de hacer la asignatura atractiva para que la siguieran eligiendo el año siguiente.
Le gustaría quedarse. Se estaba acostumbrando a la fría ciudad y a sus calles poco transitadas en invierno.
A veces se dirigía hasta la cafetería donde se había citado con Fernando y se tomaba un café a solas, recordando las agradables tardes que había pasado en su compañía y echándolas de menos. Echándolo de menos a él.
Después regresaba a su casa y se esforzaba en buscar actividades para atraer a los alumnos, para que no extrañaran a su anterior profesora y le dieran a ella una oportunidad.
El que hablaran en francés todo el tiempo en clase había hecho que la pronunciación de todos mejorara y la conversación se hiciera más fluida. El nivel general de la clase había aumentado.
A pesar de su distanciamiento con Fernando, deseaba quedarse en la ciudad. Deseaba ayudar a Julián a superar sus demonios, aunque él mantuviera cierta distancia hacia ella.
—Tengo una propuesta que haceros —dijo aquella mañana, antes de finalizar la clase.
Los veinticinco clavaron en ella sus miradas suspicaces. Continuó hablando:
—He decidido organizar una lectura conjunta esta evaluación.
—No tenemos mucho tiempo para leer y menos en francés. Nos cuesta más.
—Será voluntario, pero quien participe se librará del examen escrito. Lo evaluaré hablando sobre el libro que escojáis, que deberá ser el mismo para todos.
—¿Qué libro será?
—Presentadme una lista y yo decidiré entre vuestras propuestas.
Denise clavó los ojos en Julián, que mantuvo su mirada.
—Necesito que me digáis pronto quién se apunta a la actividad. Debo saberlo, para preparar, o no, el examen escrito.
—Yo me apunto —dijo Julián, atrayendo la atención de sus compañeros—. Tengo libros en casa; puedo hacer algunas sugerencias.
—Estupendo, Julián. Háblalo con los demás y ya me presentaréis las opciones.
—¿Debes elegirlo tú?
—Sí, por vuestro propio bien. Ten en cuenta que tu nivel es superior al de los demás y puedes escoger un libro que resulte difícil para el resto. No decidiré por la temática, sino por el grado de dificultad.
—De acuerdo. Lo hablaré con mi padre y le pediré consejo.
Recalcó la palabra «padre» y la observó con atención mientras la pronunciaba.
—Me parece acertado. Ahora, os podéis marchar.
Los alumnos salieron de la clase, dejándola sola. Se apresuró a recoger y a marcharse a casa. La mención de Fernando la había alterado, porque pensaba en él más de lo que le gustaría.