…también puede besar con la mirada Capítulo 5
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Capítulo 5

F ernando y Denise comenzaron a reunirse cada semana en la cafetería. La primera media hora la dedicaban a hablar de Julián, pero poco a poco la conversación derivaba hacia ellos mismos.

Aquella semana, la cuarta que se veían, Denise tenía buenas noticias que dar.

—Julián se ha comportado mucho mejor esta semana. Incluso se ha ofrecido voluntario para una lectura que, por mi parte, le proporcionará una buena nota. Tiene un nivel por encima de sus compañeros debido a su estancia en mi país.

Los ojos de Fernando brillaron. Denise trató de adivinar si con alivio o era otra emoción la que provocaba aquella intensidad inusitada.

—Me alegro. ¿Ya no interrumpe en clase?

—Apenas.

—¿Y el resto de los chicos siguen reacios a admitirte como profesora?

—Mucho menos. Siguen la pauta de tu hijo. Si su comportamiento mejora, el suyo también. Ahora me resulta mucho más agradable dar la clase, son más receptivos.

—Estupendo.

—Incluso estoy pensando en pedirles que compongan algo, una canción, un poema o un relato de tema libre, y estoy segura de que Julián lo hará muy bien. Me da la impresión de que es muy imaginativo.

—Lo es, pero no sé si colaborará.

—Por intentarlo no perdemos nada.

—Me alegra mucho que no lo hayas convertido en tu enemigo después de cómo se comportó al principio.

—Nunca doy por perdido a un alumno ni me fío solo de las primeras impresiones. Además, después de ver lo mucho que te preocupas por él, no podía hacer otra cosa.

—Es lógico que lo haga, es mi hijo.

—Pero no todos los padres están dispuestos a sacrificar su tiempo libre para reunirse con una profesora. ¡Ojalá hubiera muchos como tú!

—Aunque no te lo creas, no considero que estas charlas sean una pérdida de tiempo para mí. También estoy siendo un poco egoísta. Escucharte me trae recuerdos de los años que viví en Lyon; una época muy feliz.

—Supongo que también para ti fue duro que tu mujer se marchara.

—Claro que lo fue, sobre todo porque yo no sabía que ella no era feliz en nuestro matrimonio.

Para mí supuso tanta sorpresa como para Julián que me dijera que se marchaba, que tenía otra relación con un compañero de trabajo y que ambos se iban al otro lado del mundo para iniciar una nueva vida.

Fue duro, pero cuando tienes un niño de nueve años destrozado por la pérdida, tu dolor se aparca.

Y se convierte en enfado, más que otra cosa.

Yo comprendía que se marchara si no era feliz a mi lado, incluso que dejara a Julián conmigo para no sacarlo de su entorno, de su país y de sus amistades; lo que ya no pude comprender fue que se desentendiera del todo. Él la adoraba.

Denise observó con detenimiento las facciones del hombre, tratando de averiguar sí todavía tenía sentimientos hacia su mujer. La frase salió de su boca antes de plantearse si estaba invadiendo demasiado su intimidad.

—¿Aún la quieres?

—No. Cuando el amor se vuelve enfado y desengaño, los otros sentimientos se van.

Denise se preguntó qué tipo de marido habría sido. A juzgar por el padre que era, suponía que afectuoso y entregado.

—Pero no tienes otra relación, al menos eso me parece deducir por tu comportamiento.

—No te equivocas, durante todo este tiempo he tratado de que mi hijo superara su pérdida, y no he echado en falta una mujer en mi vida. Tampoco sé cómo se lo tomaría Julián. Para mí eso es lo más importante, no causarle más dolor ni inquietud.

La miró con cierta cautela. Era cierto que no había pensado en rehacer su vida amorosa durante cinco años, pero eso estaba cambiando.

Las reuniones en la cafetería empezaron siendo con la profesora de su hijo, pero ahora eran con una mujer.

Una mujer bonita, de sonrisa cálida; y el hecho de que hablaran en francés —él se lo había pedido para practicar el idioma— le traía recuerdos de tiempos más felices.

No de otra mujer, sino de unos años dulces.

Denise no se parecía a su ex más que en su acento.

Y en el hecho de que despertaba en él a ese hombre que llevaba dormido cinco años.

—¿Piensas que no se tomaría bien una nueva relación por tu parte?

—No lo sé. No correré el riesgo, ahora que por fin está mejorando.

La miró con intensidad, y Denise sintió que su corazón se paralizaba.

¿Estaría tratando de decirle algo? ¿Se estaba ella haciendo ilusiones de que aquellos encuentros acabaran en algo más?

Tuvo que reconocer que sí, que más de una vez se había sentido temerosa de que Fernando pusiera fin a sus citas, cuando el comportamiento de Julián mejorase del todo.

Que esperaba la tarde del jueves con impaciencia para reunirse con él.

Pero el hombre tenía razón, Julián era lo más importante y ella solo debía verlo como al padre de un alumno.

En aquel momento una voz alterada interrumpió la charla.

—¡Papá!

Julián estaba parado ante la mesa con expresión de enfado e incredulidad.

—Julián. ¿Qué haces aquí?

—Eso mismo te pregunto yo. —El adolescente desvió la mirada hacia Denise con desprecio—. Aunque está bien claro. Pero, ¿otra francesa? No escarmientas, ¿eh?

—Julián, no te tolero que le hables así a Denise.

El chico se dio media vuelta y salió de la cafetería con precipitación.

—Ve tras él —lo apremió Denise—. Aclárale el motivo de nuestra reunión. Yo pagaré la cuenta y me iré a casa.

Fernando salió detrás de su hijo dispuesto a calmar su enfado. A darle más explicaciones de las que consideraba necesarias.

Lo alcanzó en pocos minutos.

—¡Para! —le dijo en tono autoritario.

—¿Por qué me sigues? ¿Has dejado sola a tu conquista?

Fernando se emparejó con su hijo y comenzó a caminar a su lado.

—Denise no es mi conquista, es tu profesora.

—No la estabas mirando como a mi profesora, ni ella a ti.

Fernando supo que tenía razón, que entre ambos se había ido creando un vínculo que iba más allá del de un padre y la docente de su hijo.

—Es cierto. Vas a cumplir quince años y voy a tratarte como al adulto que pienso que eres. No te voy a negar que Denise me gusta, pero no hay nada entre nosotros ni lo habrá en el futuro. Sé que eso te trastornaría, y para mí tú eres lo primero. Ni siquiera me he planteado decírselo.

—¿Por qué quedas con ella entonces? Lo haces todos los jueves, ¿verdad? Me han extrañado tus salidas recurrentes y hoy te he seguido.

—Sí, desde hace un mes. Pero lo hacemos para hablar de ti, de tus avances en la asignatura.

—¿Qué te ha dicho?

—Que has mejorado mucho tanto en conocimientos como en actitud.

—Lo hará para congraciarse contigo.

—No creo que me mienta. Siempre ha sido sincera respecto a ti.

—No te hagas ilusiones con ella, se irá, como hacen todas las galas.

—Denise es francesa, sí, pero eso no significa que sea una mala persona.

Ella no es tu madre, Julián. Ni todas las mujeres lo son.

Y si tiene que irse, se irá, porque su contrato es solo por este año y tal vez no se lo renueven.

Sobre todo si los alumnos no la aceptan y crean problemas —recriminó con severidad.

—Yo ya no hago nada para perjudicarla; si no la aceptan es porque no les gusta.

—Estoy seguro de que tú puedes cambiar eso. Es una excelente profesora y creo que a ti había empezado a gustarte. No hace falta que me respondas, solo sé sincero contigo mismo.

—¿No vas a volver a la cafetería? —preguntó al comprobar que su padre seguía caminando a su lado, alejándose del local.

—No voy a volver, no. Salvo que me cite para una tutoría si no te comportas como es debido, no volveré a quedar con ella, si eso te hace sentir inseguro. Pero no le hagas la vida imposible en clase. No se lo merece y te aprecia, a pesar de cómo te has comportado con ella.

La actitud el chico pareció suavizarse. Fernando se resignó a poner fin a sus encuentros con Denise. Julián tenía razón, era muy probable que se marchara al terminar el curso, y era mejor para todos poner distancia.