…también puede besar con la mirada Capítulo 2
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Capítulo 2

E l primer bonjour que pronunció fue respondido con un silencio absoluto.

Veinticinco adolescentes la miraban como si acabara de interrumpir una serie a mitad del episodio, hoscos y malhumorados.

Denise dejó la carpeta sobre la mesa y continuó hablando en francés, muy despacio, para que todos la entendieran.

—He saludado. Cuando lo hago, espero una respuesta.

Un murmullo recorrió el aula contestando al saludo.

—Ahora voy a establecer una serie de normas que espero se cumplan a rajatabla.

Los alumnos empezaron a hablar, uno detrás de otro.

—Abril nos dejaba trabajar por parejas.

—Abril ponía música en francés.

—Abril no hacía exámenes escritos.

Denise respiró lentamente, recordando las palabras que su predecesora le había dicho el día anterior. Lo más probable era que nada de lo que le comentaban fuese verdad, pero aunque lo fuera, ella tenía su propio método.

—En primer lugar, nada de teléfonos móviles durante la clase. Si veo que alguien lo usa, o le suena, lo confiscaré —informó.

—Abril nos dejaba usarlo como diccionario.

—Qué suerte habéis tenido con Abril. Pero yo no soy ella y aquí las cosas se harán a mi manera. Nada de móviles. Si alguien no comprende el significado de alguna palabra me la pregunta y yo se lo explicaré. Por supuesto en francés.

Varias murmuraciones corearon sus palabras.

Entonces lo vio. Un chico de la última fila, con sudadera negra y mirada desafiante, hablaba en voz baja.

—¿Qué dices? Habla alto, por favor, para que lo oigamos todos.

El chico no se arredró y exclamó, imitando exageradamente su acento francés:

—Qué zuerte habéiz tenido con Abril.

El aula estalló en carcajadas.

Denise sostuvo la mirada desafiante del alumno. Con toda seguridad se creería muy gracioso.

—Tu nombre.

—Julián.

—Apellido.

—Valdivieso.

—Fuera.

Las risas murieron. Julián sonrió con lentitud.

—¿Ya? Aún no es la hora.

—Ahora mismo.

El chico se levantó arrastrando la silla.

—Abril tenía sentido del humor.

—Y tú necesitas educación.

Él salió cerrando la puerta con fuerza.

Denise continuó la clase con el pulso acelerado. Cuando sonó el timbre, se marchó, y por las miradas de sus colegas supo que el instituto entero ya conocía la historia que el chico la había divulgado a su manera.

***

La reunión con el padre ocurrió antes del mediodía.

Denise estaba ordenando apuntes cuando alguien llamó a la puerta abierta.

—¿Profesora Beaumont?

Levantó la vista. El hombre era alto, de hombros anchos, barba de varios días y expresión contenida. Parecía enfadado.

—Sí.

—Soy Fernando Valdivieso. El padre de Julián.

—Pase.

Él no se sentó. La escudriñó de arriba abajo con insistencia.

—Mi hijo me ha contado que lo ha expulsado de clase delante de todos.

—Interrumpió la clase y me enfrentó «delante de todos» —recalcó sus propias palabras.

—Es el primer día con usted.

—Y eso no le da permiso para faltarme al respeto.

Fernando cruzó los brazos y suavizó un poco el tono de voz.

—Julián ha tenido años complicados.

—Muchos alumnos los tienen.

—No sabe nada de él.

—Lo suficiente para entender cuándo alguien intenta dominar una clase y desafiar a un profesor.

La tensión se espesó. Él habló en perfecto francés.

—O quizá solo estaba poniendo a prueba a alguien nuevo.

Denise parpadeó. El acento del hombre era impecable y su gramática también.

—¿Habla francés?

—Viví en Lyon siete años.

—Eso no va a hacer que tenga con usted, o con su hijo, un trato especial. Entenderá que una clase necesita orden.

—Y usted debería saber que humillar a un adolescente no ayuda a mantenerlo.

—No lo he humillado.

—Lo ha expulsado el primer día.

—Porque quiso desafiarme el primer día.

Fernando sostuvo su mirada unos segundos. ¿Iba a enfrentarla también él el primer día? ¿Era de su padre de quien el chico aprendía su conducta irreverente? ¿Era el tipo de progenitor que consentía cualquier comportamiento de sus vástagos?

Luego él comentó con frialdad.

—Espero que esto mejore.

—Yo también. Pero que les quede claro, tanto a usted como a su hijo, que no toleraré en clase la menor insubordinación ni burla por parte de ningún alumno, tenga o no un pasado complicado ni un padre complaciente.

Cuando salió del aula, Denise respiró hondo. Era el primer día y ya se había enfrentado a un alumno y a su padre. ¿Qué más le esperaba en aquel curso?