21
Davis
L
a habitación está iluminada por una luz tenue, creando un ambiente cálido y acogedor que invita a la intimidad.
Estoy sentado en la cama, con el corazón acelerado y una mezcla de emoción y nerviosismo corriendo por mis venas.
La realidad de lo que está a punto de suceder se cierne en el aire, y no puedo evitar sentirme ansioso por lo que vendrá.
Riley se encuentra frente a mí, y sus ojos brillan con deseo.
Su vestido se ajusta perfectamente a su figura, resaltando cada curva.
El momento se siente cargado de electricidad, y cuando finalmente se acerca, el aire se vuelve más denso, como si estuviéramos en una burbuja que nos aísla del resto del mundo.
—¿Tienes un preservativo? —pregunta ella, su voz un susurro que me hace temblar. La miro, sintiendo que mi corazón da un vuelco.
—No... No llevo —respondo, sorprendido por la forma en que las palabras salen de mi boca. La verdad es que en ningún momento había esperado que la noche terminara así.
Ella me observa con una mezcla de deseo y resolución.
—Yo tampoco, pero... —su voz se vuelve más suave—. Tomo la píldora.
Sus palabras caen como un ancla en mi estómago. Un alivio y una chispa de emoción me recorren al mismo tiempo. No puedo evitar mirarla de arriba abajo, disfrutando del momento, de la cercanía.
—Estoy sano —le digo, tratando de transmitirle toda la sinceridad que puedo. Quiero que se sienta segura, que sepa que lo que estamos haciendo tiene peso.
Con un suave gesto, Riley comienza a desabrocharme la chaqueta.
A medida que la deja deslizándola por mis brazo, mis ojos se centran en ella, y siento que el aire se me escapa.
El vestido se ajusta perfectamente a su figura, y mi corazón late más rápido.
Su piel parece brillar a la luz suave de la habitación, y me siento atraído hacia ella.
Me levanto, acercándome a ella. Mis manos se deslizan por su cintura mientras me inclino hacia adelante, acercándome más aun. Con un movimiento suave, empiezo a desabrochar su vestido, sintiendo su respiración entrecortada mientras cada parte de su cuerpo queda al descubierto.
Sus pechos son firmes, y sus pezones se han erizando ante mi mirada me envuelve en un torbellino de deseo. Deslizo mis manos por su vientre, sintiendo la suavidad de su piel. Estoy hipnotizado por su figura, cada curva es una obra de arte que deseo explorar.
Riley se deshace del vestido, dejándolo caer al suelo formado un mar azul a su alrededor. Mi aliento se detiene al ver su cuerpo en su totalidad. La forma en que sus caderas se curvan y cómo su piel es tan suave y perfecta me hace perder el hilo de mis pensamientos.
Ella se acerca a mí, sus manos deslizando las yemas de sus dedos por mis abdominales una vez que se ha deshecho también de mi camisa, una sensación electrizante que me hace estremecer.
La conexión entre nosotros se intensifica, y en ese momento, todo lo demás se desvanece.
La tensión, el miedo, todo se siente insignificante comparado con lo que estamos a punto de compartir.
Sin pensarlo, la atraigo hacia mí, y nuestros labios se encuentran una vez más, una fusión de deseo y ternura que no puedo resistir.
La beso con intensidad, dejándome llevar por la emoción que nos envuelve.
El mundo exterior se desdibuja mientras nos entregamos el uno al otro, cada caricia, cada roce, encendiendo un fuego que se había estado gestando.
Siento cómo ella se aferra a mí, su piel cálida contra la mía, y no puedo evitar deslizar mis manos por su espalda, sintiendo su latido acelerado bajo mis dedos. La forma en que me responde, el susurro de su aliento en mi boca, todo me lleva a un lugar donde el tiempo se detiene.
—Riley... —susurro entre besos, sintiendo la necesidad de que sepa lo que esto significa para mí. No quiero que sea solo un momento; quiero que se sienta tan real como lo que estamos construyendo.
La mirada en sus ojos se intensifica, y con un suave movimiento, la empujo hacia la cama.
Ella cae suavemente, y yo sigo su movimiento, inclinándome sobre ella.
Mis labios recorren su cuello, disfrutando de su aroma, de la forma en que su cuerpo se arquea hacia mí, deseoso de cada toque.
El espacio entre nosotros se vuelve eléctrico, y cada caricia en su piel me hace perder la noción de todo lo demás.
Riley me responde, sus manos explorando mis músculos, haciendo que una oleada de deseo me recorra. Cada beso, cada susurro, se siente como un nuevo capítulo en nuestra historia, y mientras nos entregamos el uno al otro, no puedo evitar pensar en lo que nos espera.
Finalmente, nuestras bocas se encuentran de nuevo, y en ese momento, me doy cuenta de que lo que estamos haciendo va más allá del deseo físico. Es una conexión que no sabía que necesitaba, una conexión que puede cambiar todo.
No puedo evitar deslizar mis manos por cada parte de su cuerpo, ni como tiembla el mío cuando son las de ellas las que se dirigen al botón de mis pantalones y me ayuda a deshacerme de ellos.
Y me tiemblan a un mas cuando me sostiene entre sus manos, acariciándome de arriba abajo, haciéndome perder la concentración, aunque solo unos segundos, o a lo mejor son unos minutos. No lo sé.
Cuando consigo recomponerme de sus caricias es cuando puedo llevar mi mano entre sus piernas y la siento húmeda al momento.
Me encantaría que esto fuera lento, que pudiera disfrutar de todas y cada una de las cosas que me gustaría hacerle, pero al parecer no soy el único desesperado, porque mientras aun me tiene sujeta entre sus manos, me guía hasta la entrada de su cuerpo y yo no puedo evitar balancearme y acabar enterrado en su interior.
Todo pasa tan rápido y tan intenso que no sé en que momento he acabado corriéndome sobre su pecho y con ella acurrucada a mi lado. Lo único que quiero es recuperarme y volver a repetirlo. Ahora, manana. Todos los días
Las sensaciones de nuestro encuentro aún flotan en el aire mientras la habitación vuelve a la calma.
Riley y yo permanecemos en la cama, las sábanas revueltas a nuestro alrededor.
La luz suave que se filtra por la ventana ilumina su piel, dándole un brillo que parece casi etéreo.
Me siento exhausto, pero lleno de una energía nueva que no había experimentado antes.
La conexión que hemos compartido es más intensa de lo que había anticipado.
La forma en que sus manos aún descansan sobre mi pecho y cómo su mirada brilla con una mezcla de sorpresa y satisfacción me hace sonreír.
Es como si, en este breve momento, el mundo externo se hubiera desvanecido y solo quedáramos nosotros dos.
Riley se acomoda, apoyando la cabeza sobre mi pecho mientras mis dedos juegan con su cabello.
La realidad de lo que hemos hecho comienza a calar en mí.
No solo ha sido un acto físico, ha sido un paso hacia algo más grande.
Algo que, honestamente, no sé cómo manejar.
No estoy acostumbrado a esto. Las chicas siempre han sido divertidas, sin complicaciones, y aquí estoy, enfrentando un mundo de emociones que nunca había explorado.
—¿Estás bien? —pregunta Riley, rompiendo el silencio con su voz suave y un toque de preocupación.
—Sí, solo... —miro hacia el techo, buscando las palabras adecuadas—. No esperaba que esto fuera tan intenso.
Ella se ríe suavemente, un sonido que me llena de calidez.
—Yo tampoco.
Nos miramos el uno al otro, y en sus ojos veo una chispa de complicidad. Este momento, este beso, ha cambiado las reglas del juego entre nosotros. Pero, ¿qué hacemos ahora?
—¿Qué hacemos ahora? —pregunta, y su voz tiene un leve temblor que me hace sentir que hay más en juego de lo que ambos queremos admitir.
Me apoyo en la cabecera de la cama, buscando las palabras adecuadas.
—No lo sé. Tal vez deberíamos hablar de esto, de lo que significa.
Ella asiente lentamente, y puedo ver cómo sus pensamientos giran. La idea de seguir adelante con nuestra farsa, de ser dos personas que están simplemente disfrutando del momento, se siente insuficiente.
—Quiero que esto sea real —confiesa, y su honestidad me golpea.
¿Real? Es una palabra poderosa, y en este instante, me doy cuenta de que también la quiero. Pero la realidad es compleja, y no quiero que su pasado lo arruine. Sin embargo, no tengo tiempo para pensar en eso, porque justo cuando comienza a prepararse, su teléfono suena.
Ella lo mira, la expresión en su rostro cambiando. La presión de la noche se siente palpable, y la burbuja que habíamos creado parece desvanecerse. Pero mientras ella contesta, me doy cuenta de que no puedo dejar que esto termine aquí.
—Riley —la llamo, mi voz un suave susurro—. Después de todo esto, debemos hablar de lo que hemos comenzado.
Sus ojos se encuentran con los míos, y puedo ver el conflicto en su interior.
—Sí, lo sé. Pero primero, déjame hablar con Julie.
A medida que se aleja, siento que la conexión que hemos creado permanece, y estoy decidido a no dejar que se rompa.
Mientras Riley se aleja para atender la llamada, no puedo evitar fijar mi mirada en ella. A medida que se mueve, el efecto que tiene en mí es innegable. Esta conexión, esta noche, ha cambiado las reglas del juego. ¿Qué pasará después?
Riley termina la llamada y me mira, una mezcla de ansiedad y emoción en su expresión. Ella se prepara para ir a la ducha, y en un impulso, decido unirme a ella.
—¿Te importa si me uno? —pregunto, bromeando, mientras me levanto de la cama.
Ella sonríe, y ese simple gesto me hace sentir que, a pesar de todo, estamos en la misma sintonía.
—¿Qué? ¿Crees que eso es una buena idea?
—Nunca dije que fuera buena —le respondo, mientras me acerco a la puerta del bano—. Pero no te preocupes, te esperaré aquí.
La risa que escapa de sus labios es el sonido más hermoso que he escuchado.