20
Riley
L
a cena ha terminado y, aunque la noche se siente joven, hay una mezcla de emociones que me abruma.
Dean me ofrece llevarme a casa, y no puedo evitar sentirme agradecida, aunque le había dicho que podía tomar un taxi.
Me mira con esos ojos intensos que parecen leer mi mente, y antes de que pueda protestar, ya estoy en el coche, sintiendo su presencia a mi lado.
—No creo que sea seguro que nos vayamos por separado —dice mientras arranca el motor en tono serio, pero hay una chispa de complicidad en su mirada que me hace sonreír.
El trayecto es breve, pero el silencio es casi pesado.
El ambiente está cargado de un tipo de tensión que no puedo identificar del todo.
La ciudad brilla a través de la ventana, las luces de los neones iluminan el camino, y mientras el viento sopla suave, mi mente da vueltas entre recuerdos y sentimientos.
—¿Te has divertido? —me pregunta Dean, rompiendo el silencio.
—Sí, mucho. Sarah es genial. —Intento que mi voz suene despreocupada, pero hay una parte de mí que quiere contarle más, que quiere abrirme a él, pero la inseguridad me detiene.
—Me alegra oírlo. —Él sonríe, pero su expresión cambia cuando se detiene en un semáforo. Lo miro de reojo y lo encuentro con la vista fija en la carretera, como si estuviera buscando respuestas en el asfalto.
El coche avanza, y mientras me aferro al asiento, no puedo evitar recordar el beso que compartimos.
¿Cómo ha pasado esto tan rápido? Todo lo que había planeado en mi vida ha dado un giro inesperado desde que Dean apareció.
Esta farsa que hemos creado parece hacerse cada vez más real, y en el fondo, siento que estoy empezando a perderme.
Cuando llegamos al bloque de apartamentos, el coche se detiene suavemente y Dean sale para abrirme la puerta.
Me siento un poco nerviosa al salir, como si la presión de la noche comenzara a hacer mella en mí.
Él sonríe y me tiende la mano, un gesto sencillo que me hace sentir a la vez segura y nerviosa.
—¿Estás lista para entrar? —me pregunta, su voz tiene un tono de complicidad, como si supiera que lo que está por venir es más que solo un simple adiós.
—Supongo que sí. —Mis palabras suenan más como una pregunta. Mi corazón late con fuerza mientras entramos al edificio.
La luz del vestíbulo es cálida, pero mi mente está en otra parte.
Lo que está sucediendo entre nosotros es mucho más complicado de lo que habíamos planeado.
La idea de que Dean se esté convirtiendo en algo más que un companero de juego me aterra.
Siento que todo podría desmoronarse, y que la farsa en la que hemos estado viviendo podría volverse en nuestra contra.
A medida que nos acercamos a la puerta de mi edificio, la tensión se vuelve palpable. Dean se detiene y se vuelve hacia mí, sus ojos buscando los míos. En ese momento, todo se siente diferente. Sin pensarlo, me acerco un poco más, dejando que el espacio entre nosotros se acorte.
—Riley… —dice, y su voz se vuelve suave, casi un susurro.
Sin poder resistirme, me inclino hacia él, y nuestros labios se encuentran en un beso suave al principio, pero que rápidamente se transforma en algo más profundo, más urgente.
Mis manos se enredan en su cabello mientras siento que el mundo a nuestro alrededor desaparece.
Este momento es todo lo que he querido, y el miedo que había sentido antes se desvanece por un instante.
Al separarnos, la realidad nos golpea de lleno. El silencio que se crea entre nosotros es eléctrico, y por un breve momento, todo parece posible. Pero antes de que mi mente divague demasiado, Dean se inclina hacia mí, acercándose con una mirada que me quita el aliento.
—No quiero que esto termine —murmura, y en sus ojos hay un destello de algo más profundo. Algo que me hace cuestionar todo lo que creía saber sobre él y sobre nosotros.
En un impulso casi inconsciente, mis brazos se enroscan alrededor de su cuello.
Tirando de él, lo invito a entrar en el edificio.
El ascensor nos espera al final del pasillo, y mientras caminamos, la tensión entre nosotros aumenta.
Cada paso es un recordatorio de lo que estamos dejando atrás y de lo que podríamos llegar a ser.
Cuando las puertas del ascensor se cierran, me siento atrapada entre el deseo y la incertidumbre. ¿Qué significa esto para nosotros? Pero antes de que pueda plantear más preguntas, Dean me mira, y en sus ojos veo la misma mezcla de deseo y vulnerabilidad que siento yo.
El ascensor se mueve suavemente hacia arriba, y el silencio es intenso. El roce de nuestros cuerpos en el espacio reducido genera una energía palpable. Mientras me pierdo en sus ojos, siento que el mundo exterior se desdibuja. En este momento, no hay nada más importante que nosotros.
Cuando el ascensor llega a mi piso, las puertas se abren con un suave ping
. Dean se aparta un poco, dándome paso para salir. Mi corazón late con fuerza mientras me dirijo hacia la puerta de mi apartamento, pero no quiero que este momento termine. Sin pensar, me vuelvo hacia él, y nuestras miradas se encuentran de nuevo.
—¿Quieres entrar? —pregunto, sintiendo una mezcla de nerviosismo y emoción.
Dean asiente, su expresión es seria, casi reflexiva.
Entro en el apartamento, y la familiaridad del lugar me abraza, pero también me recuerda lo que estoy tratando de ocultar.
En mi mente, el pequeno rincón donde guardo mis recuerdos sigue siendo un secreto, y no estoy lista para abrir esa puerta aún.
—Tú vivías aquí —dice Dean, echando un vistazo a la decoración sencilla pero acogedora. Mis paredes están llenas de fotos, recuerdos de una vida que a veces me siento ansiosa por olvidar.
Me acerco a la luz del salón, y noto cómo sus ojos se fijan en uno de las fotos colgadas en la pared.
Es una de las pocas imágenes en las que estamos Kai, Samantha y Matty en San Angelo, y de repente, la memoria de aquellos días me inunda.
No puedo evitar sentir una punzada en el corazón al recordar cuánto he cambiado y cómo, a pesar de todo, Dean siempre ha estado presente en mi mente.
—Sí, era un lugar donde pasé mucho tiempo —respondo, intentando mantener la conversación ligera.
—¿Te gustaba? —pregunta Dean, su curiosidad palpable.
—Era… interesante. —Evito profundizar, sintiendo que el peso de mis recuerdos amenaza con abrumarme.
Nos sentamos en el sofá, y el silencio se hace un poco incómodo. Me aferro a la idea de que este es solo un juego, pero al mismo tiempo, no puedo ignorar lo que ha estado creciendo entre nosotros. El ambiente cambia, y hay una nueva tensión en el aire.
—Riley, necesito preguntarte algo —comienza Dean, su tono serio.
—¿Sí? —digo, sintiendo que mi corazón se acelera.
—Sobre lo que pasó en la puerta del vestuario... —Se detiene, buscando las palabras adecuadas.— Quiero decir, no solo fue un beso.
Me muerdo el labio, recordando el momento en que nuestros labios se unieron. El deseo y la confusión se entrelazan dentro de mí, y siento que estoy en una encrucijada. ¿Qué significa esto para nosotros? ¿Es solo parte del juego, o hay algo más real?
—Fue parte del juego… —respondo, tratando de sonar casual, pero sé que no me estoy convenciendo a mí misma.
Dean se acerca un poco más, y la proximidad de su cuerpo me hace sentir una corriente de electricidad.
—¿Crees que esto es solo un juego? —pregunta, su voz baja y casi íntima.
Me encuentro perdida en su mirada, y en ese instante, sé que la respuesta no es sencilla. Dean y yo hemos estado navegando en aguas turbulentas, y aunque el contrato nos unió inicialmente, lo que ha surgido entre nosotros ha comenzado a desdibujar las líneas.
—No lo sé —susurro, dejando que la vulnerabilidad se asome en mi voz.— A veces siento que esto es más real de lo que debería ser.
De repente, el ambiente se siente pesado, como si estuviéramos al borde de un precipicio. Dean se muerde el labio, y por un instante, me pregunto si él también está lidiando con estos sentimientos. Pero en ese momento, suena mi teléfono. El sonido inesperado corta la tensión en el aire.
—Lo siento —digo, mientras busco mi teléfono en la mesa de café. Es un mensaje de Julie, preguntando cómo me va con Dean. Sonrío al ver su nombre, pero al mismo tiempo siento que la invasión de la realidad me saca del momento.
—Es tu vecina, ¿verdad? —pregunta Dean, con un atisbo de humor en su voz.
—Sí, ella siempre está pendiente de mí —respondo, mientras reviso rápidamente el mensaje. Es corto pero efectivo:
«¿Has llegado bien a casa?».
—¿Todo bien? —me pregunta Dean, un leve rayo de preocupación cruza su rostro.
—Sí, es solo Julie, preguntando si he llegado bien —respondo, tratando de mantener la conversación ligera.
Dean sonríe, y siento que hay algo más detrás de su mirada. En ese momento, decido que no quiero dejar que la inseguridad me arruine lo que hemos construido. Quiero dar un paso hacia lo desconocido.
—¿Qué tal si…? —empiezo, mis palabras titubeantes. Antes de que pueda terminar, Dean se acerca un poco más.
Sin pensarlo, le rodeo el cuello con mis brazos y lo atraigo hacia mí, buscando el calor de su cuerpo. Nuestros labios se encuentran de nuevo, y esta vez hay una urgencia que no puedo ignorar. El beso se profundiza, y el mundo exterior desaparece, dejándonos solos en nuestra burbuja.
Con el corazón latiendo con fuerza, me separo de él, y siento una chispa de energía recorrer mi cuerpo. Dean sonríe, pero en su mirada hay una mezcla de deseo y confusión. El momento se siente perfecto, pero la realidad siempre está al acecho.
Cuando me recupero del beso, Dean me mira con intensidad. El silencio entre nosotros está cargado de significado, y no puedo evitar pensar en lo que vendrá después.
—No quiero que esto se termine —dice Dean, su voz baja.
No hay más palabras que puedan expresar lo que ambos sentimos, y me doy cuenta de que estoy lista para enfrentar lo que venga, aunque sé que esto es solo el principio de algo mucho más complicado.
Nuestros labios se separan por un instante, pero la conexión sigue siendo intensa. El calor entre nosotros se ha vuelto casi abrumador, y puedo sentir la electricidad en el aire. La mirada de Dean se aferra a la mía, y en ese momento, el mundo exterior deja de existir.
Sin pensarlo, le tomo de la mano y lo guío hacia mi habitación. Las paredes están decoradas con recuerdos, pero por ahora, no pienso en lo que ocultan. Lo único que quiero es sentir más de él, explorar lo que este momento puede ofrecer.
Al cruzar la puerta de mi habitación, mis ojos se posan en el póster de los Patriots que cuelga sobre mi cabecera, donde él aparece en acción, con su uniforme ajustado que resalta su figura.
No puedo evitar sonreír, y un leve rubor se asoma a mis mejillas al recordar cómo su presencia ha cambiado mi vida en tan poco tiempo.
—No sabía que eras tan fanática —bromea Dean, sus ojos brillando con humor mientras observa el póster.
—Es... un recuerdo. —No puedo evitar reírme, y por un momento, la tensión se alivia. Pero rápidamente, mis pensamientos regresan a lo que realmente importa. La química entre nosotros sigue creciendo, y no quiero que nada nos detenga.
Dean se acerca un poco más, y la calidez de su cuerpo me envuelve. El roce de su piel contra la mía hace que mi corazón lata con fuerza, y todo lo que antes me preocupaba desaparece.
—No puedo creer que esté aquí —dice, su voz baja y cargada de deseo.
—Nadie lo sabe —respondo, atrapada en su mirada.
Los dos estamos inmersos en la burbuja de nuestro propio mundo, y al mismo tiempo, la realidad parece alejarse. La risa y la diversión que compartimos hacen que cada beso sea más intenso, más significativo.
La tensión entre nosotros vuelve a subir, y me acerco un poco más a él.
Las yemas de mis dedos recorren su brazo, sintiendo la firmeza de su musculatura mientras me acerco un poco más.
Quiero dejar atrás mis inseguridades, el miedo que amenaza con interponerse entre nosotros.
Estoy decidida a explorar este momento, a dejar que la pasión hable por sí misma.
Dean se inclina hacia mí, y nuestros labios se encuentran de nuevo.
Este beso es más profundo, más ardiente.
Con cada roce, siento que el fuego se enciende entre nosotros.
Pero en medio de la intensidad, una parte de mí sigue consciente de la realidad que acecha.
¿Qué sucederá cuando el polvo se asiente?
Mientras nos besamos, no puedo evitar reírme en medio de la conexión.
—¿Sabes? Nunca pensé que tendrías un póster de un jugador de los Patriots en tu habitación... y mucho menos que sería mío.
Dean sonríe, el brillo en sus ojos me hace sentir que esto es algo que ninguno de los dos había anticipado. La risa se desvanece cuando su expresión se vuelve seria de nuevo, y me doy cuenta de que ambos estamos sintiendo el peso de lo que está sucediendo.
En un momento de impulso, lo empujo suavemente hacia atrás, sentándolo en el borde de mi cama.
Mis ojos se deslizan por su rostro, y noto cómo su mirada se detiene en el póster de él mismo.
La ironía de la situación no se me escapa.
Él, el jugador de fútbol americano, en su mejor momento, ahora en mi habitación.
—Quizás deberías firmármelo —bromeo, intentando aligerar la atmósfera.
—Tal vez —responde, riendo. Pero el instante se vuelve más serio, y la conexión entre nosotros se siente más intensa que antes.
Las palabras se quedan atascadas en mi garganta, y el deseo se vuelve casi insoportable. Sin pensarlo, me acerco nuevamente, besándolo una vez más, dejándome llevar por la pasión que nos envuelve.
Mientras nos besamos, el aire a nuestro alrededor se siente cargado de posibilidades. Estoy lista para dar el paso, y sé que él también lo está. La farsa que creamos se está desvaneciendo, y lo que queda es la conexión real que hemos construido, una que ni siquiera sabemos cómo manejar.
—Riley... —murmura Dean entre besos, y su voz suena como un susurro cargado de emoción.
Sin romper el contacto, lo abrazo, sintiendo la firmeza de su cuerpo contra el mío. En ese momento, todo lo que importa es la cercanía, el calor, la promesa de lo que podría ser.