Sígueme el juego (Desastres 4) 19 #2
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Skyler y Grace siguen hablando entre ellas, y aunque intento concentrarme en la conversación, mi mente no para de divagar.

Pienso en cómo comenzó todo esto, en el contrato que firmamos, en lo simple que parecía en ese momento.

Solo tenía que ayudarlo a mejorar su imagen, nada más.

Pero ahora, con cada interacción, con cada mirada curiosa o juicio silencioso, siento que todo podría desmoronarse en cualquier momento.

—¿Estás bien, Riley? —me pregunta Sarah, interrumpiendo mis pensamientos.

Sonrío débilmente, agradeciendo su amabilidad.

—Sí, solo... un poco abrumada.

—Es normal —responde ella con una sonrisa tranquilizadora—. Estos eventos siempre son intensos. Pero estás haciendo un buen trabajo. Davis está encantado de que estés aquí, se le nota.

Miro hacia Dean de nuevo, y aunque está inmerso en su conversación, sé que de alguna manera siempre está pendiente de dónde estoy. Esto es un juego, me repito a mí misma. Pero cuanto más tiempo paso aquí, más me pregunto si realmente podemos mantener la fachada sin que la verdad salga a la luz.

La cena ha terminado y el ambiente en la mansión de Maxwell Grant se ha vuelto más relajado, aunque la tensión aún flota en el aire.

Las luces están más tenues, la música suave y las conversaciones se han convertido en murmullos que llenan el espacio.

Estoy de pie al lado de Dean, con una copa en la mano, intentando procesar todo lo que ha sucedido hasta ahora.

El juego. La farsa. Este mundo que no es el mío.

Maxwell Grant ya ha dado su discurso, donde habló sobre el equipo y la temporada que se avecina.

Mientras el resto aplaude, mi mente divaga hacia los sentimientos que han ido creciendo dentro de mí desde que Dean y yo comenzamos este acuerdo.

Me pregunto si puedo seguir así, si realmente puedo ser parte de su mundo sin perderme a mí misma.

Dean está a mi lado, pero su atención está dispersa.

Aunque sonríe y habla con los demás, noto cómo me mira de reojo de vez en cuando, como si quisiera asegurarse de que sigo aquí, en este mundo que él conoce tan bien.

Quiero estar presente, pero la presión de lo que hemos creado me pesa más con cada segundo que pasa.

—¿Estás bien? —me pregunta en un murmullo cuando nadie nos escucha.

—Sí, solo… no estoy acostumbrada a todo esto —respondo, intentando sonar más tranquila de lo que realmente me siento.

Dean asiente, su mirada se suaviza, pero entonces, de repente, siento una presencia a nuestra derecha. Cuando me giro, allí está Maxwell Grant, acompanado de su esposa, una mujer con una sonrisa cálida y una elegancia que parece emanar de ella.

—Dean Davis, buen hombre —saluda Maxwell, con una sonrisa amplia—. Espero que estés disfrutando de la velada. Y, ¿quién es la encantadora dama que te acompana?

Dean me presenta con un gesto de su mano, su tono ligero pero lleno de significado.

—Senor Grant, le presento a Riley, mi chica.

El corazón me late con fuerza al escuchar su voz. ¿Acabo de ser presentada como su «chica»? La realidad de la situación me golpea, y el aire se vuelve un poco más denso. ¿Qué está haciendo esto conmigo?

—Un placer conocerte, Riley —dice Maxwell, extendiendo su mano hacia mí. Su voz es grave, pero amable.

—El placer es mío, senor Grant —respondo, sintiendo un cosquilleo de nervios al estrechar su mano.

Su esposa sonríe cálidamente.

—He oído hablar de ti, querida. Es un placer finalmente conocerte. —La forma en que me mira es casi tranquilizadora, como si supiera que estoy en un lugar que no me pertenece del todo.

Mientras conversamos, siento que Dean se relaja a mi lado mientras su mano descansa cálida en la parte baja de mi espalda.

Este es su mundo, y aunque todavía no me siento completamente a gusto, la atmósfera se vuelve más acogedora.

La charla fluye, llena de risas y anécdotas sobre el equipo, y la tensión que había sentido anteriormente se disipa un poco.

—Davis ha estado hablando maravillas de ti, Riley —dice la esposa de Maxwell, mirándome con interés—. Dijo que te está yendo bien en lo que haces. ¿Qué te parece este mundo hasta ahora?

Mis ojos se abren un poco, sorprendida por la pregunta directa.

—Es… diferente —respondo con una sonrisa nerviosa—. Nunca pensé que terminaría aquí.

—Es fácil sentirse fuera de lugar al principio —responde ella con una risa suave—. Pero te aseguro que todos los que están aquí han pasado por lo mismo. Este lugar puede ser intimidante, pero también puede ser increíblemente gratificante.

Mientras hablamos, mi mente comienza a divagar.

¿De verdad pertenezco a este mundo? ¿Soy solo una farsa?

¿Qué pasará cuando todo esto se descubra?

Pero la calidez en la conversación y la forma en que Maxwell y su esposa se ríen me hacen sentir que tal vez hay algo más que puedo obtener de este lugar.

Maxwell se vuelve hacia Dean, con una mirada significativa.

—Siempre he pensado que tener a alguien especial a tu lado puede hacer una gran diferencia. Te ayuda a mantener el enfoque y recordar lo que realmente importa en la vida.

Dean me observa durante un momento, su expresión indecisa.

¿Sabe lo que significa esto? Pero Maxwell no parece notar la carga en el aire y continúa hablando de la importancia del apoyo mutuo en las relaciones, de la forma en que pueden afectar positivamente el rendimiento, especialmente en un deporte tan demandante como el fútbol.

—No hay nada mejor que tener a alguien que te empuje hacia adelante y te mantenga en el camino correcto —dice, y en su mirada hay un destello de comprensión que me deja pensando.

Siento cómo el corazón se me acelera nuevamente. ¿Y si esto es real? ¿Y si lo que hemos creado entre nosotros se convierte en algo más, algo que no podemos controlar? La idea de que nuestros corazones están comenzando a entrar en juego me llena de una mezcla de emoción y temor.

En medio de todo esto, me doy cuenta de que he estado olvidando que la farsa sigue siendo el centro de todo. Tengo que mantenerlo claro. Estoy aquí como parte de un acuerdo, un contrato. Pero ¿qué pasa si mis sentimientos hacia Dean están comenzando a cambiar eso?

De repente, los murmullos a mi alrededor parecen desvanecerse, y mi mundo se reduce a Dean y a mí. Mientras hablamos con Maxwell y su esposa, los murmullos y risas de los demás se desvanecen en el fondo. El aire se siente más cargado, más real, y hay algo palpable entre nosotros.

Y en ese momento, siento la conexión, esa energía que me atrae hacia él. Es un recordatorio de que este juego que hemos creado no es tan simple. No es solo un contrato; hay sentimientos profundos que están surgiendo, y la presión de la situación parece intensificarse.

A medida que el evento avanza, los pensamientos sobre lo que Dean y yo estamos construyendo —o destruyendo— comienzan a pesar más. La tensión en el aire se siente casi eléctrica, y sé que en algún momento tendrá que dar un paso adelante.

Así que mientras sonrío y río con Maxwell y su esposa, mantengo un ojo en Dean. Esta es nuestra realidad ahora, una realidad que se siente cada vez más real con cada momento que pasa.