21 #2
Después de un par de momentos, ella se pone de pie y se dirige hacia el bano, dejándome con una mezcla de expectativa y emoción. El aire en la habitación se siente pesado, y mientras ella se desviste, mi corazón late con fuerza. ¿Qué significará esto para nosotros?
Mientras ella se da una ducha, el vapor empieza a llenar el aire de su habitación.
Puedo escuchar el agua caer y el silencio se siente extrano.
Pero hay algo que me llama la atención en la habitación.
Mientras miro a mi alrededor, mis ojos se posan en la mesita de noche, donde hay una caja que parece un poco fuera de lugar.
Decido acercarme, y al abrirla, descubro que contiene varios recuerdos de su vida anterior. Hay fotos de su tiempo en San Angelo, de lo que parece ser una familia. Me detengo en una imagen de un grupo de tres ninos, y mi corazón se detiene por un momento. ¿Quiénes son? ¿Qué significan para ella?
Antes de que pueda reflexionar más sobre eso, Riley sale del bano, su cabello empapado y el rostro enrojecido. Sus ojos se abren como platos al verme con la caja en las manos, y su expresión cambia rápidamente a una mezcla de sorpresa y confusión.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta, su tono apenas un susurro.
Quiero decirle que estoy simplemente curioso, que la estoy conociendo en un nivel más profundo, pero la tensión en el aire se siente palpable. Sé que este momento podría ser crucial para ambos.
Me quedo mirando a Riley mientras el aire entre nosotros se siente tenso y cargado de emociones no dichas.
Ella se queda en la entrada del bano, el vapor a su alrededor suavizando sus rasgos, haciéndola parecer casi etérea.
El cabello mojado cae en suaves ondas alrededor de su rostro, y la toalla que cubre su cuerpo resalta las curvas que me han tenido cautivado desde el primer momento.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta de nuevo, su voz un susurro de incredulidad.
Levanto la caja, sintiendo que el peso de los recuerdos me abruma. No puedo evitar mirarla, sabiendo que estoy a punto de entrar en un territorio desconocido. La curiosidad me empuja, y un impulso de protegerla nace dentro de mí.
—Solo... mirando un poco. —Mi voz es tranquila, pero sé que la sorpresa en su rostro dice más de lo que quisiera.
Ella se acerca un paso, los ojos llenos de confusión y algo más.
—¿No deberías dejar eso a un lado?
La incomodidad se manifiesta en su tono, y de inmediato me doy cuenta de que he cruzado una línea. Pero hay algo en su mirada que me dice que este es un momento crucial, uno en el que podemos conectar de verdad.
—Riley, yo solo... —empiezo, buscando las palabras adecuadas—. Quiero conocerte. Quiero entender lo que llevas dentro.
A medida que le muestro una de las fotos, su rostro se ilumina y se oscurece al mismo tiempo. Hay nostalgia, tristeza, pero también una chispa de reconocimiento.
—Eran mis hermanos de acogida —dice, la voz apenas un susurro—. Kai, Samantha y Matty. Ellos son los que me ayudaron a sobrevivir a aquellos anos.
Siento un nudo en el estómago al escucharla. Mi mente da vueltas, procesando la información que me lanza con tanto cuidado.
—¿Qué pasó? —pregunto, consciente de que este es un paso delicado, pero necesito saberlo.
Su mirada se vuelve distante, como si estuviera mirando más allá de la habitación, hacia un lugar que la duele recordar.
—Era una casa de acogida en San Angelo. Era difícil, pero ellos... ellos me hicieron sentir que no estaba sola.
La tensión crece entre nosotros, y puedo sentir que estamos al borde de un precipicio emocional. Quiero que ella sepa que estoy aquí, dispuesto a escuchar, dispuesto a ser su apoyo.
Riley se acerca lentamente, y antes de que pueda reaccionar, ella toma la caja de mis manos. La abre y observa las fotos que contiene, cada una una ventana a su pasado. La tristeza en su rostro me duele, y deseo poder hacer algo, cambiar el dolor que lleva dentro.
—Esos días fueron difíciles. Nunca hablé de ello con nadie —confiesa, y mi corazón se rompe por ella.
—No tienes que hacerlo ahora, pero si alguna vez necesitas hablar, aquí estoy —le digo, mis palabras cargadas de sinceridad.
Ella me mira con esos ojos brillantes, y por un momento, el caos del pasado parece desvanecerse. Pero en un giro inesperado, el sonido de su teléfono interrumpe nuestra conexión.
Riley suelta un suspiro frustrado y se aleja un paso, mirando la pantalla de su dispositivo. La tensión regresa, pero no quiero que se rompa el momento entre nosotros.
—¿Quién es? —pregunto, incluso sabiendo que probablemente debería dar un paso atrás.
—Es Julie otra vez —responde, su voz se apaga un poco—. Probablemente solo quiere saber cómo estoy.
—¿Le has dicho que estoy aquí? —inquiero, y su respuesta me provoca una punzada de celos que no esperaba.
—No... No lo he hecho. No quiero que lo sepa aún.
Sus palabras resuenan, y aunque no quiero que nadie interrumpa este momento, también siento que este es un buen momento para salir de la habitación. La tensión en el aire ha crecido demasiado, y no quiero que se convierta en algo incómodo.
—Quizás debería irme —sugiero, intentando cambiar la atmósfera.
Ella asiente, pero su mirada aún es distante, y mi corazón se hunde un poco al ver que la conexión que habíamos compartido se desdibuja.
Antes de que pueda decir más, su teléfono vuelve a sonar. Este es el momento perfecto para salir, así que me acerco a la puerta después de recoger mi ropa del suelo, donde la hemos dejado desperdigada, dejando que ella hable.
—¿Te importa si atiendo? —pregunta, casi suplicante.
—Por supuesto. —Mi voz suena más tranquila de lo que realmente me siento.
Mientras se aleja para contestar, no puedo evitar sentir que este momento entre nosotros se escapa. La pasión, la conexión, el deseo, todo parece estar en la línea de equilibrio, y me pregunto si este es el último momento que compartiremos.
A medida que espero en el pasillo mientras me visto, me quedo pensando en la noche que hemos tenido y en lo que ha significado. Este no es un simple juego, y no puedo dejar de pensar en cómo hemos cruzado esa línea entre la farsa y la realidad.
Justo cuando me preparo para entrar nuevamente a la habitación, la puerta se abre y la veo, su rostro aún iluminado por la emoción, pero también con una sombra de preocupación.
—¿Todo bien? —pregunto, sintiendo que mi corazón se acelera.
—Sí, solo... —Ella sonríe, pero hay un toque de inseguridad en su mirada—. ¿Podemos hablar de lo que ha pasado en otro momento?
Asiento, y en ese momento, el aire entre nosotros se siente cargado de promesas no cumplidas. ¿Qué ocurrirá ahora?