6
Davis
H
an pasado varios días desde que estuve en la pastelería por última vez.
A lo largo de la semana, no he podido dejar de pensar en Riley.
En cómo, de alguna manera, estar cerca de ella me daba una sensación de paz que no sentía en ningún otro lugar.
Las cosas en el equipo han sido intensas, y la presión mediática solo empeora.
Cada día los titulares me emparejan con una nueva mujer, y aunque intento ignorarlos, sé que la situación no va a mejorar por sí sola.
Hoy, después de entrenar, he decidido volver a la pastelería.
Necesito verla de nuevo, y esta vez no solo para hablar de lo agobiante que es mi vida.
He pensado mucho en lo que dijo Marlon sobre la relación falsa, y cuanto más lo pienso, más sentido le veo.
Sin embargo, tengo que hacerlo bien. No puedo simplemente soltarle la idea sin más.
La pequena campanilla de la puerta suena cuando entro.
El ambiente es cálido, con el aroma a pasteles recién horneados llenando el aire.
Las mesas están vacías, y la luz natural que entra por la ventana bana el lugar con un suave resplandor.
Riley está detrás del mostrador, organizando bandejas con cupcakes
. Cuando me ve, me dedica una sonrisa ligera.
—Hola, Davis. ¿Cómo va todo? —pregunta, su voz suave y casual.
Me acerco, apoyándome en el mostrador mientras observo cómo trabaja. Me siento algo nervioso, algo que no suelo experimentar. Tal vez es porque lo que estoy a punto de proponerle no es algo que se haga todos los días.
—He tenido una semana agitada. Mucha prensa, como siempre —respondo, tratando de sonar relajado. Ahora que ha quedado claro que sabe quien soy, resulta más cómodo hablar con ella, a pesar de la bomba que tengo pensado soltarle.
Ella asiente, sin dejar de lado lo que está haciendo.
—No me sorprende. Eres bastante conocido. Supongo que no te dejan tranquilo.
—No —digo, sonriendo con ironía—. De hecho, eso es parte de lo que quería hablar contigo.
Riley levanta la vista, curiosa.
—¿Conmigo?
Asiento, y siento cómo el ambiente se vuelve un poco más tenso, aunque intento mantener el tono relajado.
—Sí. He estado pensando mucho en cómo manejar toda esta atención mediática. La prensa está constantemente detrás de mí, inventando historias y emparejándome con mujeres que apenas conozco. Es agotador, y necesito una manera de frenar todo eso.
Riley me mira, esperando que continúe. Me aclaro la garganta y decido ser más directo.
—Lo que te quiero proponer es... que finjamos estar juntos.
La sorpresa cruza su rostro por un momento. Deja lo que está haciendo y se apoya en el mostrador frente a mí, como si intentara asegurarse de que ha escuchado bien.
—¿Qué? —dice, su tono no es de rechazo, sino de incredulidad.
—Escucha, lo sé, suena una locura —me apresuro a decir—, pero si la prensa cree que tengo una relación seria, dejarán de seguirme. Se centrarán en otra cosa. Y pensé que... bueno, podrías ayudarme con eso.
Ella parpadea, procesando lo que acabo de decir. Sé que no es una propuesta común, pero es la única solución que se me ocurre. Solo espero que no me vea como un completo idiota.
—¿Quieres que finja ser tu novia? —pregunta finalmente, como si estuviera tratando de asegurarse de que no es una broma.
—Exactamente. Fingir, nada más. Solo durante un tiempo. Lo justo para que la prensa se distraiga y yo pueda concentrarme en el fútbol sin todo este circo mediático.
Riley se queda en silencio unos segundos, se cruza de brazos mientras me observa con detenimiento. Puedo ver que está considerando la idea, pero también que está llena de dudas. Lo entiendo; es una locura.
—¿Por qué yo? —pregunta, alzando una ceja—. Apenas me conoces.
—Precisamente por eso —respondo, manteniendo la calma—. No eres parte de mi mundo. Eres normal. La prensa no te seguiría porque no tienen ningún interés en ti. Serías perfecta para esto.
Ella deja escapar una pequena risa irónica, pero no parece del todo convencida. Noto cómo su mirada cambia, más inquisitiva. Por un momento pienso que, aunque con lo menuda que es, va a saltar el mostrador y pegarme una patada en los huevos. Entendería perfectamente que lo hiciera.
—¿Y qué gano yo con todo esto?
Esta es la parte delicada. No había pensado en qué podría ofrecerle a cambio de su ayuda. Por un segundo, dudo si mencionarlo, pero sé que tengo que ser honesto.
—No lo sé. Tranquilidad, tal vez. Pero también... podría ayudarte económicamente, si es algo que necesitas —digo, con cuidado.
Riley se queda mirándome, y su expresión se endurece de repente. Hay algo en sus ojos que cambia, como si lo que acabo de decir la hubiera ofendido o puesto a la defensiva.
—¿Me estás ofreciendo dinero? —pregunta, con un tono más frío. De verdad que siento que las joyas de la corona cada vez están más en peligro. Esto no ha sido una buena idea, aún así intento explicarme.
—No es eso —respondo rápidamente, levantando las manos en senal de paz—.
Solo pensé que, si esto implica algo más para ti, podría ayudarte a aliviar un poco tu vida.
No quiero que pienses que es solo una transacción.
Esto es importante para mí, y quiero que sea justo para ambos.
Tengo más dinero del que voy a gastar en los próximos diez anos.
Riley se queda en silencio un momento más, claramente incómoda. Entonces su mirada se afila, como si de repente hubiera llegado a una conclusión.
—¿Cómo sabes que tengo problemas económicos? —pregunta, su voz baja y controlada.
Me congelo. No tenía idea de que ese era su caso, pero ahora que lo ha dicho, parece que he tocado un punto delicado sin darme cuenta.
—No lo sabía —digo con sinceridad—. Solo pensé que podría ser algo que te interesara, pero no tenía ni idea de que...
—¿Me has investigado? —me corta, su tono es tenso.
—No, para nada. Jamás haría algo así —respondo, sintiendo cómo la conversación ha tomado un giro incómodo—. Solo quería ofrecerte algo a cambio de tu ayuda. Eso es todo.
Riley me observa en silencio, sus brazos aún cruzados. La tensión entre nosotros es palpable, y por un segundo temo que me diga que me largue. Pero en lugar de eso, simplemente suspira y descruza los brazos, relajando ligeramente su postura.
—Es una locura, Davis. Todo esto... lo que me estás pidiendo —dice finalmente, su tono es más suave, pero aún lleno de dudas.
—Lo sé —respondo—. Pero creo que puede funcionar. Y prometo que no será complicado.
Riley suspira de nuevo, esta vez con más fuerza, y siento como el peso de la conversación se asienta sobre nosotros.
Miro su rostro, buscando alguna senal de que está dispuesta a escucharme, a considerar lo que le estoy proponiendo.
No es que lo esté manejando de la mejor manera, pero no puedo dejar que esto se me escape de las manos.
Ella se aparta del mostrador, moviéndose hacia la pequena máquina de café que tiene detrás.
El sonido de la máquina al encenderse llena el silencio incómodo que se ha creado entre nosotros.
Me doy cuenta de que, aunque la situación sigue siendo tensa, no me ha echado del local. Es un pequeno alivio.
—Necesito un café —murmura mientras empieza a prepararlo.
Yo no digo nada, dejándola procesar. El olor del café fresco comienza a mezclarse con el dulce aroma de los pasteles, pero la atmósfera sigue cargada.
Riley está pensativa, sus movimientos son casi automáticos mientras prepara la bebida.
La observo en silencio, sintiendo cómo mis pensamientos se enredan.
La verdad es que, hasta ahora, todo lo que he hecho ha sido improvisar.
La propuesta me parece lógica desde mi perspectiva, pero ahora que la he verbalizado, veo que no es tan sencilla.
Quizás estoy siendo egoísta al pedirle esto.
¿Qué puede obtener ella a cambio que sea lo suficientemente valioso para que acepte?
Riley me entrega una taza de café, sorprendiéndome un poco. La tomo sin decir nada, y me siento en una de las mesas cercanas, mientras ella se apoya en el mostrador, todavía mirando la máquina como si intentara encontrar las palabras adecuadas.
—No quiero sonar grosera —empieza finalmente, mirando al suelo en lugar de a mí—, pero no sé si soy la persona adecuada para esto. Mi vida es... normal. No sé nada de tu mundo, y no quiero meterme en algo que no entiendo.
Sus palabras son cuidadosas, pero hay una sinceridad en su voz que me golpea más fuerte de lo que esperaba. Tiene razón, por supuesto. Mi mundo es un caos comparado con el suyo, y no puedo culparla por no querer formar parte de eso.
—No estoy buscando que te metas en mi vida de esa manera —le aseguro, intentando aclarar mis intenciones—.
Solo sería una fachada. Nada más. No tendrías que lidiar con los medios, ni con nada de lo que rodea mi trabajo.
Todo lo que quiero es que finjamos estar juntos durante un tiempo, lo suficiente para que la prensa se relaje y deje de inventar historias sobre mí.
Riley levanta la vista, sus ojos se encuentran con los míos finalmente. La veo dudar, pero también noto un pequeno destello de curiosidad. Está considerando la idea, aunque todavía no lo tiene claro. La tensión en su cuerpo aún es palpable, pero al menos no ha rechazado la propuesta por completo.
—¿Cómo funcionaría? —pregunta después de unos segundos, su tono más suave.
—Bueno —empiezo, inclinándome un poco hacia adelante—, haríamos algunas apariciones públicas juntos.
Quizás en un par de eventos. No tiene que ser nada extravagante.
Solo lo suficiente para que la prensa crea que tenemos una relación seria.
Después de eso, todo volvería a la normalidad.
No habría ningún tipo de presión para ti.
Riley asiente lentamente, pero todavía tiene esa expresión de alguien que está tratando de juntar todas las piezas de un rompecabezas.
—¿Y cuánto duraría todo esto? —pregunta, su tono se ha vuelto cauteloso.
—Hasta que termine la temporada. Unos meses, como mucho —respondo—. Después, cada uno sigue con su vida. Prometo que será fácil.
Ella se cruza de brazos de nuevo, pensativa.
Noto cómo sus ojos vagan por la pastelería, como si buscara alguna senal en el ambiente.
El lugar es pequeno, pero está lleno de detalles.
Las paredes de color crema, las estanterías de madera clara llenas de pequenos adornos y libros de cocina antiguos.
Las flores secas en los jarrones parecen encajar perfectamente con la calma que suele tener este sitio, aunque ahora todo parece un poco más tenso.
El reloj en la pared hace un suave tictac que resuena en el aire, marcando el tiempo que pasa mientras espero su respuesta. Puedo ver en su rostro que está sopesando todas las opciones, todos los pros y contras. Aún no sé si estoy a punto de conseguir que acepte o si me va a decir que me vaya.
Finalmente, ella se mueve, caminando hacia la mesa donde estoy sentado. Se detiene frente a mí, sus brazos aún cruzados, y sus ojos fijos en los míos.
—No sé si esto va a funcionar, Davis —dice, su tono serio—. No sé si puedo hacer algo como esto, ni siquiera sé si quiero.
Asiento lentamente. No puedo forzarla a aceptar algo que la incomode, pero también sé que si no lo intento, seguiré atrapado en este torbellino de rumores y falsas relaciones.
—Lo entiendo —respondo—. Solo piénsalo. No tienes que decidir ahora. Solo quiero que sepas que no es una obligación. Si decides que no es para ti, lo dejamos y listo.
Riley baja la mirada por un momento, como si estuviera procesando lo que acabo de decirle. Luego, levanta la vista de nuevo, sus ojos llenos de una mezcla de determinación y confusión.
—Voy a pensarlo —dice, finalmente—. Pero no puedo prometer nada, Davis. Esto es... complicado.
Una pequena sonrisa alivia la tensión en mis hombros.
—Está bien. No te estoy pidiendo una respuesta ahora. Tómate el tiempo que necesites.
Ella asiente una vez más, pero antes de que pueda decir algo más, la campanilla de la puerta suena, anunciando la llegada de un cliente.
Riley se aparta, y la atmósfera entre nosotros parece relajarse un poco.
Me doy cuenta de que es hora de irme, pero al menos sé que ha dejado la puerta abierta.
Hay una posibilidad, y eso es todo lo que necesito por ahora.
Me levanto de la mesa, dejándole un billete para el café, y le doy una última mirada a Riley antes de dirigirme hacia la puerta.
—Gracias por escucharme —digo en voz baja.
Riley solo asiente, su expresión es más relajada ahora, aunque todavía parece perdida en sus pensamientos.
Cuando salgo del local, el aire frío de la tarde me golpea el rostro. Aún no tengo una respuesta definitiva, pero por lo menos siento que no ha sido un fracaso. Ahora solo queda esperar.