7
Riley
L
as llaves tintinean suavemente en mi mano mientras giro el pomo de la puerta de Julie.
El picaporte emite el mismo chirrido de siempre, y apenas entro, me recibe el familiar aroma a lavanda mezclado con un toque de canela.
El apartamento de Julie es un pequeno refugio de tranquilidad en medio de mi caótica semana.
—¡Riley, querida! —llama Julie desde la cocina abierta, su tono afable y cálido, aunque claramente cargado de energía.
Dejo mis cosas en el pequeno perchero junto a la entrada.
Las paredes del pasillo están adornadas con fotos enmarcadas, de todas las épocas de la vida de Julie: ella cuando era joven, rodeada de amigos, y en algunas fotos más recientes, con su sonrisa inconfundible, pero siempre llena de vida.
La luz del final de la tarde se cuela por las cortinas ligeras, dándole al lugar una atmósfera dorada y cálida.
—Estaba a punto de preparar algo caliente, ven —me dice mientras se mueve con agilidad por la cocina. Es pequena, pero funcional, con electrodomésticos modernos, como si quisiera mostrarle al mundo que, aunque sea mayor, sigue al día con todo.
Me acerco a la barra de la cocina, donde burbujea una pequena cafetera, y me siento en una de las sillas altas.
El espacio es acogedor, con estantes llenos de libros de cocina y pequenos recuerdos de viajes que Julie ha hecho en el pasado.
Las plantas junto a la ventana están en su esplendor, gracias a su meticuloso cuidado.
A pesar de los anos, su apartamento es luminoso, con colores cálidos y un estilo que mezcla lo moderno con lo vintage.
—¿Todo bien, cielo? Tienes una cara que me preocupa... —dice Julie, mientras me pasa una taza con té y un poco de miel—. Y no me vengas con que no pasa nada, que a mí no me enganas.
Sonrío a medias. Julie siempre ha tenido esa capacidad de ver más allá de lo que le digo. Es lo que me hace confiar tanto en ella. Me doy cuenta de que las palabras están enredadas en mi garganta, atrapadas entre lo surrealista que fue mi conversación con Dean y lo que siento ahora.
—Dean Davis volvió hoy a la pastelería —empiezo, observando cómo Julie alza las cejas con una sonrisa que apenas puede disimular.
—Ah, el chico guapo de los pósteres. ¿Y qué tal? —pregunta con un tono exageradamente casual, pero sé que está disfrutando de cada palabra.
—Me hizo una propuesta —digo, tomando aire, como si no pudiera procesarlo del todo aún—. Quiere que finja ser su novia para que la prensa lo deje en paz.
Julie me mira fijamente, sus ojos se agrandan un poco antes de que una sonrisa traviesa se forme en su rostro.
—¿Estás hablando en serio? —pregunta, dejando la taza sobre la encimera mientras me observa atentamente.
—Sí…, es una locura, ¿verdad? —siento cómo las palabras salen atropelladamente—. No entiendo por qué me lo ha pedido a mí. Apenas hemos hablado, y todo esto del fútbol, los medios... Es un mundo tan distinto del mío.
Julie se apoya en el mostrador, cruzando los brazos con aire pensativo, pero sigue con esa chispa divertida en la mirada.
—Bueno, no sé, pero quizás el chico sabe elegir bien. Tú siempre has sido una de las pocas personas que no le ha seguido el juego a nadie —dice, encogiéndose de hombros—. Y vamos, no es como que todo el pueblo de San Angelo no supiera que te morías por él en sus días de gloria en la preparatoria.
La mención de San Angelo y los recuerdos de esa época me hacen sonrojarme.
Siempre ha sido un secreto mal guardado lo mucho que me gustaba Dean cuando éramos más jóvenes.
Él, Jacklyn, y todos los que estaban en su círculo eran como de otro mundo para mí.
Y después, él se fue del pueblo, y todo quedó en eso, un simple crush
adolescente.
—Eso fue hace mucho tiempo —murmuro, bajando la mirada a la taza de té que sostengo entre mis manos—. Dean ya no es el chico de la preparatoria…, y tampoco creo que sea consciente de quién soy, o de que crecimos en el mismo pueblo.
Julie se ríe, pero su risa es suave, más como un murmullo.
—Oh, claro, seguro que no te reconoce para nada —dice, haciendo un gesto exagerado con la mano—. A veces los hombres pueden ser lentos, pero tampoco son ciegos, querida.
Me río, aunque la verdad es que me siento más confundida que nunca. Sé que Dean no ha dado senales de recordarme, pero la propuesta... la propuesta me tiene descolocada. ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora?
—Es que no sé, Julie... Fingir estar con alguien como él... No tiene sentido para mí. Sería una locura. Mi vida es tranquila, sencilla... ¿Qué tengo yo que ver con alguien como Dean?
Julie se endereza, apoyando una mano en la cadera, y sus ojos se suavizan, aunque sigue manteniendo ese toque juvenil y entusiasta en su expresión.
—Mira, cielo, te voy a decir algo que quizás suene anticuado, pero a veces la vida te lanza oportunidades cuando menos te lo esperas. Y no siempre es fácil ver qué hacer con ellas. A lo mejor es solo un juego, ¿y qué? Pero puede que también sea la oportunidad de aprender algo sobre ti misma.
Sus palabras resuenan en mí de una manera que no esperaba.
Aunque Julie es mayor, tiene una manera de ver la vida que siempre me ha sorprendido.
Es como si no tuviera miedo a lo que pueda pasar, como si aceptara los giros inesperados con los brazos abiertos, por forzados que sean sus intentos de parecer cool
.
—Ya sabes lo que dicen los chavales ahora —continúa con una sonrisa—, a veces tienes que lanzarte a la piscina y ver qué pasa, ¿no? Y con esa cara que tienes ahora, carino, parece que ya te estás mojando los pies.
Intento contener la risa porque, en su intento de sonar juvenil, Julie no siempre da en el clavo, pero su entusiasmo es contagioso. Me quedo mirándola, pensando en lo que ha dicho. Tal vez no se trata solo de si puedo o no hacer esto, sino de lo que podría significar para mí si lo intento.
—Es solo... que no quiero complicarme la vida —digo finalmente con mis pensamientos aún hechos un nudo—. Fingir algo así, aunque sea solo por unos meses... Es algo que no pensé que haría en toda mi vida.
Julie se acerca y coloca una mano sobre la mía. Su gesto es tranquilizador, su mirada es suave pero firme.
—Riley, carino, no te estás complicando la vida. Estás viviendo. Si decides hacerlo, hazlo porque lo ves positivo, no porque te lo impongan. Pero si no lo haces, asegúrate de que es porque tú lo has decidido. No hay nada peor que arrepentirse por no haber intentado algo.
Me quedo en silencio, sintiendo cómo la calma de su apartamento y sus palabras empiezan a hundirse en mí.
Dean me ha puesto en una posición que nunca pensé vivir, pero ahora, gracias a Julie, empiezo a verla desde otro ángulo.
No se trata solo de ayudarlo a él. Tal vez, yo pueda aprender algo de todo esto.
La conversación se desvía hacia recuerdos de Julie y su juventud, anécdotas que siempre me han fascinado. Ella me cuenta sobre un viaje que hizo a Nueva Orleans con sus amigas cuando era joven, cómo se disfrazaron para un festival y se perdieron por las calles llenas de música y baile.
—Era una locura —dice, riendo—. Nos pasamos la noche bailando y comiendo beignets
. Nunca olvidaré la mirada del chico que conocí allí. Era tan encantador. Pero, por supuesto, al día siguiente todo volvió a la normalidad y yo regresé a la realidad.
—Parece divertido —respondo, sintiendo un cosquilleo de emoción en mi pecho—. Pero yo no soy como tú, Julie. No tengo esas historias locas que contar.
—¿Y quién dice que no puedes crear las tuyas propias? —contesta con una sonrisa sabia—. La vida no siempre es lo que esperas, pero si te das la oportunidad, podría ser más emocionante de lo que crees.
Su forma de verlo me hace pensar. Tal vez estoy siendo demasiado cautelosa. La idea de tener que lidiar con la atención de los medios es aterradora, pero quizás no todo sería tan malo. Tal vez podría encontrar algo de diversión en ello, algo que me haga sentir viva.
Mientras Julie habla, miro a mi alrededor, observando el hogar que ha creado.
Las paredes adornadas con recuerdos, la calidez que emana de cada rincón.
Me doy cuenta de que a veces necesitamos un poco de locura en nuestras vidas.
Y si eso significa fingir ser la novia de un chico famoso, tal vez valga la pena intentarlo.
Siento que el nudo en mi estómago comienza a aflojarse mientras la conversación avanza, y por un momento, me dejo llevar por la idea de lo que podría significar esta experiencia.
Pero justo cuando estoy a punto de abrirme a esa posibilidad, el teléfono de Julie comienza a sonar, interrumpiendo la magia del momento.
—Espera un segundo —dice, y se levanta rápidamente para atender la llamada.
Mientras ella se aleja, mi mente sigue dándole vueltas a la propuesta de Dean.
¿Qué pasaría si decidiera aceptarla? ¿Cómo sería mi vida si realmente me sumergiera en su mundo, aunque fuera solo por un tiempo?
La curiosidad crece dentro de mí, mezclada con una sensación de adrenalina que nunca antes había experimentado.
Al mirar por la ventana, veo que el sol comienza a ponerse, pintando el cielo de tonos anaranjados y púrpuras.
Es hermoso, y me recuerda que la vida está llena de sorpresas, incluso cuando no las buscamos.
Entonces, en ese momento de tranquilidad, la imagen de Dean me vuelve a la mente: su sonrisa despreocupada, la forma en que sus ojos brillan cuando habla de fútbol.
—¿Qué estás pensando? —pregunta Julie, interrumpiendo mis pensamientos mientras regresa, su voz llena de energía.
—Nada —respondo, aunque sé que no puedo ocultarle nada a Julie. Es mejor ser honesta—. Solo estaba pensando en lo que me dijiste sobre aprovechar las oportunidades.
Ella sonríe, sentándose nuevamente frente a mí.
—Y, ¿has llegado a alguna conclusión?
Mi corazón late más rápido mientras sopeso mi respuesta. No quiero defraudar a Julie, pero tampoco quiero dar un paso en falso.
—Quizá…, tal vez debería pensarlo más —digo finalmente, sintiendo una mezcla de miedo y emoción—. Pero la idea de ser la novia de Dean, aunque sea por un tiempo, parece aterradora y emocionante al mismo tiempo.
Julie sonríe ampliamente, como si supiera que he dado un paso hacia adelante.
—Eso es lo que me gusta oír, querida. Lo importante es que tú decidas lo que realmente quieres. Y recuerda, siempre hay una historia detrás de cada locura.
Justo en ese momento, el sonido de un mensaje entrante interrumpe el aire.
Mi corazón se acelera al ver el nombre en la pantalla: Dean Davis.
Después de la propuesta de esta tarde he aceptado a darle mi teléfono, no esperaba que lo usara tan pronto.
La ansiedad me invade. ¿Y si es una respuesta a nuestra conversación de la pastelería?
¿Y si me está preguntando qué he decidido?
Julie me lanza una mirada curiosa al ver cómo me tenso.
—¿Todo bien? —pregunta, y por un instante, me siento atrapada entre el deseo de abrir el mensaje y el temor a lo que pueda decir.
—Es Dean —susurro, incapaz de ocultar mi sorpresa y nerviosismo.
—¿Vas a leerlo? —pregunta, inclinándose hacia mí como si fuera una nina esperando un secreto.
—No lo sé —respondo, sintiendo la presión del momento. Este mensaje podría cambiarlo todo. Tal vez estoy a punto de embarcarme en una aventura que nunca imaginé, o podría darme un motivo más para huir.
Con manos temblorosas, pulso la pantalla y abro el mensaje. Mis ojos se abren de par en par al leer las palabras.
«¿Te gustaría acompanarme a una gala benéfica este sábado? La prensa probablemente estará allí, pero podríamos hacer que parezca real. Y quién sabe, tal vez sea divertido».
El corazón me late con fuerza, y no puedo evitar sonreír al pensar en la idea de asistir a un evento con Dean.
—¿Qué dice? —pregunta Julie, impaciente.
—Me está invitando a un evento —respondo, mi voz apenas un susurro.
—¿Ves? Te dije que puede ser emocionante. ¡Hazlo!
Una oleada de determinación recorre mi cuerpo. Este podría ser el primer paso hacia algo inesperado. Y aunque tengo miedo, también siento una chispa de emoción. Tal vez esta sea la locura que he estado buscando.
—Lo pensaré —respondo, sintiendo que estoy al borde de una decisión que podría cambiar mi vida—. Pero antes, necesito un poco más de té.
Julie se ríe, pero yo sé que la próxima vez que nos veamos, las cosas podrían ser diferentes. Una nueva aventura podría estar a la vuelta de la esquina, y no puedo dejar de sentir que, solo por esta vez, estoy dispuesta a lanzarme al agua.