Sylvae (La Memoria Bajo el Agua 1) ᛒ-El secreto del lago #3
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ᛒ-El secreto del lago #3

Colette se frotó las manos contra la falda, aunque no hacía frío. Luego habló sin mirar a Mira.

—Cuando Rufus me mira, no me mira como Peter mira a una chica bonita, ni como Galen mira a Elyse cuando cree que nadie se da cuenta. Rufus mira como si estuviera buscando una puerta en la pared. A veces creo que ni siquiera ve a las personas. Ve lo que les falta.

—Es verdad… Me gusta esa descripción que has dado.

—¿Eso también lo hace contigo, Colette?

—No.

—Sí.

—Conmigo no.

Mira ladeó la cabeza.

—¿Cómo lo sabes?

Colette sonrió sin ganas.

—No soy tan tonta como para no saber cómo me mira. Y porque, si lo hiciera, habría dejado de esperarlo hace años.

Mira no respondió.

Colette se miró las manos, como si allí hubiera algo que ordenar.

—Rufus me mira como se mira una casa conocida al volver del frío. Con alivio. Con costumbre. Con esa confianza cruel que tienen los hombres cuando no saben que una está ardiendo por dentro.

Mira apretó los labios, pero no la interrumpió.

—Me mira y sonríe porque sabe que voy a estar ahí. Si Peter se burla, yo le contestaré. Si Galen lo llama soñador, yo pondré los ojos en blanco. Si se queda callado, yo hablaré por los dos. Si llega tarde, yo fingiré que no me importa. —Colette soltó una risa seca—. Eso ve Rufus cuando me mira. No una chica. No una posibilidad. Ve un lugar seguro.

—Eso no es poca cosa.

—Para él sí…

—¿Y para ti?

Colette tragó saliva.

—Para mí es una condena preciosa.

Las palabras salieron demasiado sinceras. Bajó la mirada enseguida, furiosa consigo misma.

Mira se quedó quieta.

—Colette…

—No pongas esa voz.

—¿Qué voz?

—La de lástima.

—No es lástima.

—Peor aún.

Mira respiró hondo.

—¿Entonces cómo te gustaría que te mirase?

Al otro lado, Rufus se había reído de algo que Peter dijo. La risa le iluminó la cara un instante, solo un instante, y luego volvió esa sombra suya, esa forma de estar mirando siempre hacia un sitio que nadie más podía ver.

Colette lo observó con una ternura triste.

—Como si, al entrar yo en una habitación, se le olvidara por qué quería marcharse.

Mira no dijo nada.

—Como si mi nombre le cambiara el pulso. Como si no pudiera evitar buscarme entre la gente, aunque acabara de verme. Como si mi ausencia le pesara un poco. Solo un poco. No pido tanto.

Mira la miró con tristeza.

Colette sonrió, pero le tembló la boca.

—Aunque sí. Supongo que pido demasiado.

—No.

—Sí, Mira. Porque Rufus ya mira así a otra parte.

El silencio se volvió más frío.

Mira siguió la mirada de Colette hasta el camino del lago.

—No sabes eso.

—Claro que lo sé.

—¿Cómo?

Colette levantó un hombro.

—Porque una mujer reconoce cuando un hombre no está perdido. Solo está yendo hacia alguien.

Mira bajó la vista.

—Puede que no sea una mujer… Y Rufus aún no es un hombre, eso seguro.

Colette giró la cabeza hacia ella.

—¿Qué?

Mira se arrepintió antes de terminar de decirlo. Se recogió un mechón detrás de la oreja.

—Nada. Quiero decir… puede que no sea nadie. Puede que sea solo Rufus. Ya sabes cómo es.

—No. —Colette volvió a mirar a Rufus—. Antes sabía cómo era. Ahora solo sé cómo vuelve.

—¿Cómo vuelve?

Colette tardó un momento.

—Más callado. Más hermoso. Más lejos.

La frase la avergonzó de inmediato. Apretó la mandíbula.

—Y eso también me enfada.

Mira sonrió.

—¿A ti te enfada que esté más guapo? Es verdad, no lo había pensado. Está más raro, pero también más guapo…

—Me enfada que no tenga la decencia de estar más guapo para mí.

Rufus miró entonces hacia ellas.

Fue un gesto breve, casi casual. Sus ojos encontraron los de Colette y se suavizaron con una calidez inmediata, limpia, insoportable. Esa sonrisa pequeña apareció en su boca, la de siempre: la sonrisa que decía te conozco, confío en ti, me alegra que estés aquí.

A Colette se le cerró la garganta.

Porque era una mirada dulce.

Demasiado dulce.

Y no tenía hambre.

Rufus levantó una mano en señal de saludo, como si nada. Como si no acabara de partirle algo diminuto y terco por dentro.

Colette le devolvió el gesto con una sonrisa perfecta.

Cuando él volvió con Peter y Galen, ella dejó caer la mano.

—¿Ves? —murmuró.

Mira la miró despacio.

—¿Qué?

—Así me mira.

—Con cariño.

—Exacto.

—Eso duele.

Colette soltó una carcajada breve, seca.

—No. Eso no duele. Si me mirara sin cariño, podría odiarlo un poco. Si me mirara con deseo, podría hacer algo con ello. Pero me mira como si yo fuera parte de su vida y no de su corazón. Como si fuera su hermana.

Mira guardó silencio.

Colette respiró hondo, obligándose a recomponerse.

—Y, aun así, cuando me mira de ese modo… soy tan idiota que me basta para seguir esperando.

El viento trajo olor a agua fría y leña mojada. Rufus se volvió un momento hacia ellas, quizá porque sintió sus miradas. Colette, por puro orgullo, fue la primera en apartar los ojos. Mira, en cambio, lo sostuvo un segundo más.

Rufus sonrió.

Una sonrisa pequeña, cansada, hermosa de una manera injusta.

Luego Peter lo empujó por el hombro y Rufus volvió con ellos.

Colette soltó el aire despacio.

—No voy a volverme inaccesible —dijo.

—Lo sé.

—Ni voy a ponerme a coquetear con medio pueblo para darle celos.

—También lo sé.

—Ni voy a fingir que no me importa.