mis amigas y sus novios (Swinger) - Parte final Juan
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Juan

- Después de que le dije que yo amaba a Sam y que no estaba interesado de esa forma en ella, Nubia tomó una bata de baño y salió de la habitación, no me dijo nada, solo se fue, luego…

cuando la alcancé y le pregunté a dónde iba, me dijo que regresaría al cuarto oscuro.

Yo le pedí que no hiciera una locura, le pedí que se fuera conmigo, que me dejara llevarla a casa, pero ella me dijo que no era mi problema y se marchó y…

lo siento, amigo, estando así las cosas no supe qué más podría hacer más allá de venir aquí y contarles lo que pasó - aquellas fueron las últimas palabras que escuché de Jorge mientras me vestía tan rápido como podía, sintiendo un horrible vacío en el estómago, haciendo lo que podía por contener mis ganas de llorar, porque sabía que lo que una vez tuve con Nubia se había acabado.

Las palabras de Jorge se repitieron una y otra vez en mi cabeza mientras recorría el camino en el auto, sintiéndome aterrado con lo que podría encontrar cuando me reuniera de nuevo con Nubia, siendo embargado por la tristeza que me provocaba el saber que todo había terminado, pero a la vez temiendo por ella, rogando para que estuviera bien a pesar de que ya no fuera mi novia, sabiendo que aquel esfuerzo que estaba haciendo para asegurarme de que regresara con bien a casa, sería lo último que haría por esa mujer que acababa de traicionar mi amor y a esa chica que durante años fue su mejor amiga.

- Buenas noches caballero, ¿Tiene reservación? - negué con la cabeza tratando de mirar al interior del hotel, como si mi novia fuera a estar casi a la entrada del lugar - lamento decirle que el hotel está lleno, pero…

- Vine a recoger a mi novia, mi amigo Jorge me dijo que…

- Ya veo, no hace falta que diga nada más, el señor Jorge nos explicó la situación y nos comentó que un chico vendría a buscar a la señorita Nubia.

Acompáñeme por favor - me indicó el hombre antes de que comenzara a caminar hacia el interior del hotel, mirándome de vez en cuando con algo de desconfianza, como queriéndome decir algo que no se animaba a decir, al menos no hasta que llegamos a la entrada de ese sótano que no me inspiraba la más mínima tranquilidad - entiendo muy bien que no esté pasando por una buena situación con su mujer, caballero, y lamento su situación, sin embargo, le pido de la manera más atenta que guarde tanta discreción como pueda, pues tenemos algunos clientes que…

- No se preocupe, no voy a hacer un escándalo…

sin importar lo que encuentre, lo prometo - le respondí, viendo cómo ese hombre seguía mirándome con desconfianza antes de que asintiera y reanudáramos nuestro andar, entrando de pronto a un lugar que me abrumó en un muy breve instante, porque no importaba a donde mirara o por dónde camináramos, en todos lados había algo que me hacía sentir incómodo, siendo ese un sitio que superaba miles de veces lo que pasó en nuestra fiesta de intercambios, donde sufrí los estragos del morbo que me provocaba el simple hecho de estar ahí, sintiendo aquella vergonzosa erección que se levantó debajo de mi pantalón ante todas las escenas que me vi obligado a presenciar, hasta que de pronto llegamos al dichoso cuarto oscuro, un lugar al que por fortuna no tuve que acceder, pues antes de que entrara alcancé a ver a esa chica que aún era mi novia siendo usada por tres tipos mayores, estando a la vista de cualquiera que quisiera presenciar tal clase de espectáculo, tres sujetos que penetraban simultáneamente sus tres orificios, haciendo que Nubia gimiera y se sacudiera como si la vida le fuera en ello, brindándome una escena que contemplé con una extraña mezcla de excitación, dolor y repugnancia que se hizo cada vez más insoportable mientras el tiempo avanzaba y yo no dejaba de observar a mi novia, encontrando detalles cada vez más alarmantes, como ese color rojizo que tenían sus nalgas y sus senos, su maquillaje corrido, las manchas de semen que tenía en el cabello o su cabello mismo estando mucho más desordenado de lo que jamás lo había estado, todo aquello mientras esa mujer era masacrada por esos tres hombres que la embestían sin compasión, quienes le palmeaban el trasero y las tetas sin importarles nada, sin que a ella misma pareciera importarle lo que hacían con su cuerpo.

Quedarme ahí parado fue lo único que pude hacer, porque por alguna razón no podía desviar la mirada de Nubia ni tampoco lograba reunir el valor necesario para detener a esos sujetos, a pesar de que me sintiera humillado mientras contemplaba la forma tan degradante como la usaban y aquellas lágrimas que no dejaban de salir de sus ojos, producto de una tristeza que podía ver en esa expresión que se ocultaba tras el velo de lo que para cualquier hombre quizás pudo haber parecido nada más que una mujer excitada, un hallazgo que me hizo sentirme celoso de Jorge, porque en mi forma de ver el mundo, jamás inspiré en esa mujer nada tan intenso como para que la posibilidad de no estar juntos le provocara esa clase de dolor que detecté en su rostro.

Tras algunos minutos en los que esos tipos la usaron como les vino en gana, uno a uno se fueron viniendo hasta que solamente quedó el sujeto que penetraba su vagina, quien no tuvo ninguna clase de reparo en llenarle el coño de leche y luego dejarla tirada en aquella especie de cama circular, siendo ese el momento en el que decidí acercarme a Nubia y noté su mirada perdida, junto con ese llanto titubeante que contraía su rostro en gestos de dolor y que de tanto en tanto se combinaba con esas sonrisas enloquecidas que de pronto aparecían en sus labios.

- ¡Esta chica se convirtió muy pronto en el alma de la fiesta!

¡Ya la ha usado al menos la mitad de la gente que hay aquí y…

! ¿Te importa si la compartimos? No es muy común ver en estos lugares a una mujer que esté tan buena, así que…

- me propuso un sujeto que se acercó a Nubia en bóxers, mientras se rascaba un codo, sin que aquello que acababan de hacerle representara algo fuera de lo ordinario para él, un tipo cuya expresión relajada cambió en cuanto nuestros ojos se encontraron.

- Lárgate - le respondí, sintiéndome al borde de explotar, observando esa expresión sorprendida que adoptó su rostro, antes de que levantara las manos en señal de no querer problemas y se alejara lentamente de esa chica que no parecía tener idea de lo que pasaba a su alrededor.

- ¡Quiero más! ¡¿Quién es el siguiente?!

¡¿Puedo con todos?! - exclamó Nubia con palabras entrecortadas, dejándome en claro que estaba lo bastante ebria como para siquiera enterarse de inmediato de quién era el sujeto que la estaba cargando en sus brazos - ¡No me quiero ir!

¡Quiero más muchachos! ¡Quiero…! ¡¿Juan?

! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡¿No deberías estar cogiéndote a Sam?

! ¡Esa puta! - exclamó, llamando la atención de quienes se cruzaban con nosotros en nuestro camino de regreso a su habitación, siendo guiados por el mismo hombre que me escoltó a ese lugar, quien minutos después abrió la puerta de la habitación a nombre de Nubia para meternos luego en la bañera en un intento por bajarle la borrachera.

Ella no dijo nada más en cuanto se enteró de que era yo quien la recogió, tampoco trató de resistirse a que la bañara ni a que le pusiera una bata seca cuando terminamos para luego llevarla a la cama, dejándola recostada boca abajo antes de que colocara una silla justo a su lado y me quedara ahí, observándola dormir, siendo tan hermosa como siempre lo fue, durmiendo de una manera tan pacífica que apenas podía creer que fuera la misma mujer que se entregó a un montón de desconocidos por despecho, en medio de ese lugar tan peculiar del cual la saqué cargando.

***

La mañana siguiente llegó sin que apenas me diera cuenta de que había amanecido, porque pasé toda la noche pensando en lo que hicimos mientras fuimos novios, en los recuerdos que compartimos, en todas esas veces en las que hicimos el amor sin que yo supiera que ella no estaba satisfecha con mi forma de quererla.

Cuando abrió los ojos al fin, nuestras miradas se conectaron casi de inmediato y ella se sentó lentamente al borde de la cama, con la cabeza agachada, mostrándose derrotada, sabiendo que en una sola noche había perdido al chico que la amaba y a su mejor amiga.

- Lo sabes ¿Cierto? - preguntó y yo asentí con la cabeza antes de que sus mejillas se llenaran de lágrimas - jamás planeé que las cosas salieran así, esto… nunca fue mi intención lastimarte.

- Lo sé - respondí, sintiendo más pena por ella que por mí, pues a pesar de todo la seguía queriendo mucho, y sabía que su vida sería muy difícil a partir de ese momento, porque era claro que Sam la echaría de su mundo y probablemente también lo harían sus otras amigas después de enterarse de lo que hizo, cuando Sam les hablara de la forma tan artera y manipuladora con la que trató de robarle el novio a su mejor amiga - vístete.

Te llevaré a casa - le indiqué, antes de ver cómo se ponía de pie, metiéndose en lo primero que sacó de su maleta para luego guardar sus cosas y pararse a un lado de la puerta, sin querer mirarme a los ojos, sin decir una sola palabra, una actitud avergonzada y silenciosa que mantuvo durante el tiempo que nos tomó salir de ese lugar y luego llegar a su departamento, teniendo que tocar la puerta porque no tenía idea de en dónde había dejado sus llaves, viéndose obligada a mirar a Sam cuando la puerta quedó abierta, quien la recibió con una expresión de pocos amigos y una bofetada tan contundente que incluso hizo trastabillar a Nubia, sin que Cas, Johana o Jorge intentaran hacer algo por detenerla, sin que yo mismo sintiera la necesidad de hacerlo, pues en mi interior aún estaba enojado y muy herido por la forma como Nubia hizo las cosas.

- Eres la peor amiga que una podría tener - le espetó Sam, con la voz cargada de un rencor muy oscuro y el rostro hinchado por el llanto, mirando a Nubia con los ojos muy abiertos a pesar de que ella no fuera capaz de levantar la mirada y confrontarla, de siquiera disculparse o responder de alguna forma a lo que Sam acababa de decirle.

- Ven aquí - escuché la voz de Jorge, quien apareció de pronto y tomó a Sam de la mano, saliendo del departamento de inmediato, llevándosela quién sabe a dónde mientras Nubia miraba a sus otras dos amigas sin que ellas disimularan siquiera un poco la clase de cosas que sentían por la recién llegada.

- Lo siento, pero ya no puedes vivir más aquí, todo esto…

teníamos reglas, y más allá de las reglas, hicimos un pacto, prometimos estar más allá de lo que pasaría, prometimos ser amigas y…

¡Pero tú trataste de quitarle el novio a tu mejor amiga!

¡A esa chica que hubiera dado su vida para hacerte feliz!

¡Fuiste a sus espaldas y…! ¡¿Cómo pudiste hacer algo así?

! ¡¿Cómo pudiste hacerle eso a Sam?! - dijo Cas entre lágrimas de rabia, sin lograr que Nubia levantara la mirada mientras Johana trataba de hacer que se calmara - tienes una semana para sacar tus cosas de acá.

Hazlo, porque no te daremos un solo día más allá de ese plazo - le advirtió, antes de que ella y Johana dieran media vuelta y desaparecieran, sin que Nubia diera un paso en ninguna dirección.

- Me voy. Si tengo algo que te pertenezca y que quieras de vuelta, házmelo saber y te lo haré llegar, pero por favor no volvamos a hablar para nada más que para eso, yo…

- suspiré tratando de contener todas las cosas que sentía para no decir nada de lo que pudiera arrepentirme después - no quiero volver a verte, pero espero que superes esto y que en algún momento puedas ser feliz - me despedí, marchándome del lugar sin esperar una respuesta, sintiendo todo el dolor y el coraje que me provocó saber todo lo que hizo esa última noche en la que pude decir que esa chica tan hermosa era mi novia.