15. Sam #2
- ¡De acuerdo! - respondió en un susurro que me hizo estremecer al sentir su aliento en mi oreja, al tiempo que su mano escalaba por mi cuerpo hasta llegar a mis senos, sintiendo esos suaves apretones que me daba, sonriendo al darme cuenta de que en realidad no me costó mucho trabajo hacer que dejara todo a un lado para concentrarse en mí, algo que me hizo meter mi mano entre sus piernas para acariciarlo y sentir su pene creciendo entre mis dedos, compartiendo un momento que se extendió por unos minutos hasta que ambos nos sobresaltamos cuando por accidente tocó el claxon, una eventualidad que nos hizo reír juntos para luego bajarnos del auto y meternos en el hotel, ansiosos de que todo comenzara entre los dos, sintiendo ese algo que nos hacía querer aprovechar al máximo esa última noche, esa oportunidad final para vibrar con la clase de cosas que tanto disfrutamos de hacer juntos desde que tuvimos aquel primer intercambio.
Esa noche, estar con Juan fue muy diferente de como ocurrió en las otras ocasiones en que compartimos nuestra intimidad, porque una vez que el asunto de Jorge quedó zanjado y que entendí que lo que tenía con mi amor era demasiado fuerte y real como para siquiera verse en peligro, estar en los brazos de Juan se sintió distinto, porque de pronto entendí que el placer que me daba ya no representaba aquello que no podía tener con mi amor, sino una conexión de amigos, de dos personas que hacen algo juntas para pasar el tiempo, divertirse y compartir un momento (sí, por extraño que parezca, así fue como me sentí).
Y siendo así las cosas, quitarme el vestido frente a él una vez que se tiró en la cama, resultó mucho más divertido que solemne, fomentando entre nosotros un ánimo cachondo y a la vez alegre que pude ver reflejado en su sonrisa, en ese brillo lujurioso con el que me miró, con el que me terminó de confirmar que entre nosotros solo había una conexión de amistad que, por raro que pueda sonar, de alguna manera se vio fortalecida con cada episodio en el que disfrutamos de nuestros cuerpos con el permiso de aquellas personas a quienes en realidad amábamos.
- ¡En serio te encantan estas cositas! ¿Eh? - bromeé con él mientras acariciaba mis coquetas prendas interiores, a la vez que señalaba su erección con mi mirada, viendo cómo se reía divertido mientras la cara se le ponía toda colorada.
- Se ve increíble con esa ropita tan coqueta, señorita.
Venga aquí, le mostraré lo mucho que me encanta verla con esas cositas puestas - respondió de esa forma impersonal y distante que de alguna manera lo colocó por encima de mí, como si por alguna razón el solo hablarme de usted fuera suficiente para que yo me subordinara a él, y todo ello sin que ese chico lindo dejara de ver mi lencería, permitiéndome sentir sus manos en mi cintura cuando estuve lo bastante cerca de él, sonriéndonos el uno al otro hasta que el chico empezó a darme besitos en mi abdomen, acariciando mis piernas con esa suavidad cautivadora con la que me encantaba que me tocara, deslizando luego una de sus manos por mi espalda, robándome un estremecimiento tras otro, arrebatándome algunos gemidos tímidos hasta que sentí mi sostén abrirse y de pronto él me lo quitó con cuidado, dejando mis senos a su disposición, observándolos por un momento antes de besarlos y sentir su lengua jugando con mis tetillas mientras mis manos acariciaban su nuca, sonriendo sin poder evitar experimentar ese algo que me hacía sentir tan bien al estar en su boca, dejando que los segundos pasaran hasta el momento en el que ser solo una espectadora de sus deseos dejó de ser suficiente.
La ansiedad de verlo desnudo, sentir su piel, experimentar el roce de nuestros cuerpos desnudos y tenerlo en mi boca mientras lo escuchaba gemir, hizo que mis manos le arrancaran la ropa sin mucho cuidado, sintiendo sus manos manoseándome el trasero y los senos mientras lo hacía, llevando mis labios a su hombro cuando al fin terminé de quitarle la ropa, deslizando mi boca por sus pectorales, sintiendo su sabor, sintiéndome halagada al experimentar su respiración acelerada y esa manera tan entusiasta como le latía su corazón al estar conmigo y disfrutar de todo lo que le hacía.
- Hola de nuevo - susurré con una sonrisa en los labios cuando contemplé su miembro endurecido a tan solo unos pocos centímetros de mi rostro, cerrando los ojos para maximizar las sensaciones, experimentando su olor, dejándome seducir por el calor que desprendían sus genitales mientras yo acercaba mi cara lentamente hasta sentir el miembro de Juan acariciando mi rostro, deslizándose por mi frente, por mis párpados, mis mejillas y luego por mis labios, dejando que me deleitara con esa forma tan sensual y morbosa como mojaba mi piel con los fluidos que comenzaban a escapar por su glande, antes de que le diera un beso muy tronado en la punta, seguido por algunos más que recorrieron todo su tronco, abriendo la boca cuando sentí sus testículos en mi barbilla para lamer su miembro desde la base hasta la punta, sonriendo cuando noté la forma como se estremeció hasta que no pude soportarlo más y sucumbí a la tentación de tenerlo en mi boca.
- ¡Ahhh! ¡Voy a extrañar mucho tus labios!
¡Ahhh! - exclamó, provocándome esa descarga de entusiasmo y adrenalina que me hizo besarlo con más energía, tomando la base de su pene con mi mano para acariciarlo de arriba a abajo mientras mi boca se concentraba en su glande, succionándolo, chupándolo y lamiéndolo con el vigor que me inyectaba el saber que sería la última vez que estaríamos juntos de esa manera y entender que debía aprovechar mi oportunidad para disfrutar de su cuerpo tanto como pudiera, algo que me llevó a sentirme salvaje, que me hizo engullir su miembro hasta sentirlo acariciando mi garganta y mover la cabeza para estimularlo con esa parte de mi cuerpo, sintiéndome muy excitada cuando colocó su mano sobre mi cabeza y metió sus dedos entre mi cabello, cerrando su puño, lastimándome un poco, no demasiado, solo lo necesario para hacer que aquella experiencia se viera endulzada con un poco de dolor que me llevó a gemir aun cuando su pene ocupaba mi boca y parte de mi garganta, provocándome algunas arcadas que no me hicieron desistir en mi tarea de complacerlo y que a la vez dejaron en evidencia esa parte salvaje que ese chico no dejaba ver en nadie más, la misma que lo hizo marcar el ritmo con el que debía mamar su miembro, aflojando su mano solo cuando mi cabeza se movía de la manera como él quería que se moviera, sintiéndome tan bien al escuchar esos gemidos que no dejaban de escapar de su garganta y que me hacían saber que ese chico estaba gozando demasiado de la forma como yo lo estaba besando.
- ¡Ahhh! ¡Para! ¡No quiero venirme en tu boca!
¡Ahhh! ¡Todavía no! ¡Ahhh! - me suplicó, haciendo que retrocediera, pero sin renunciar a acariciar sus testículos con mi mano, viendo cómo respiraba profundamente y echaba la cabeza atrás en un intento de controlarse, llevándome a pensar que quizás había una forma más entretenida de darle un momento para que se recuperara, una idea que me hizo ponerme de pie y sacarme las bragas bajo la atenta mirada de ese chico que parecía tan sorprendido como emocionado por lo que estaba haciendo, y más aún cuando notó que me subí a la cama y lo hice recostarse para poner mis piernas a los lados de su cara y luego descender lentamente, mirando ese seductor brillo de sorpresa y entusiasmo que iluminaba sus ojos.