mis amigas y sus novios (Swinger) - Parte final 14. Nubia #4
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14. Nubia #4

A pesar de ser un lugar que invitaba al pecado y la depravación, el sótano del resort en realidad era un sitio sumamente elegante, en cuyo centro estaba una gran pista de baile rodeada por algunas mesas y una considerable cantidad de camas circulares que podían cubrirse con cortinas corredizas de seda para brindar a sus usuarios un poco de privacidad, más allá de las cuales había algunas salas especiales como un cuarto oscuro, algunas mazmorras de dominación y otras amenidades, siendo el cuarto oscuro lo que llamó más la atención de mi maestro, un sitio que en realidad me daba algo de miedo, pues sabía muy bien de qué se trataba por las cosas que leí cuando busqué información de ese lugar.

Los primeros minutos en aquel sitio transcurrieron de una forma relativamente normal, claro, siempre que primero sacáramos de la ecuación las lascivas y muy constantes miradas que me dirigían quienes pasaban cerca, algunos al notar la forma como se transparentaba mi sostén permitiendo una imagen muy erótica de mis pezones, otros sonriendo cuando observaban el collar y la correa que llevaba encima como una representación de mi entrega total al hombre que me tenía sujetada, pero aquella relativa tranquilidad terminó cuando mi maestro me tomó de la mano y me hizo mirarlo a los ojos.

- ¿En verdad crees que puedas resistir cualquier cosa que te pida?

- preguntó, saliéndose por un minuto del rol que había interpretado de una manera impecable hasta ese momento, logrando que mi cuerpo se estremeciera con el simple toque de su mano mientras mi estómago se encogía al notar el peligro que yacía detrás de sus palabras, el mismo que me hizo dudar por un momento hasta que asentí con la cabeza, comprometida en cumplir mi palabra, sabiendo que quizás al someterme por completo a su voluntad lograría tentarlo lo suficiente como para que al final de la noche me escogiera a mí por encima de Sam - muy bien, entonces, como castigo por no haber logrado que esos dos tipos se vinieran antes del tiempo límite, quiero que te metas en ese cuarto oscuro y que salgas con la cara llena de leche, no solo con un par de chorros, quiero verte cubierta como si tu rostro fuera una dona glaseada, y cuando salgas de ahí, quiero ver que te comas cada gota que haya tocado tu rostro hasta que no quede rastro de lo que pasó ahí dentro, ¿Entendiste?

El corazón me palpitaba con una fuerza sobrenatural mientras lo miraba a los ojos, sintiendo el impulso de negarme a esa petición en un arranque de cobardía que casi me hace romper mi promesa, sin embargo, aquel incipiente destello de cobardía se extinguió casi de inmediato cuando noté lo poderosas que me resultaban las órdenes de mi maestro, pues incluso antes de responderle ya me había levantado de la mesa para mirar en dirección de aquel cuarto oscuro al que estaba a punto de entrar, sin que me importara mucho el estar en medio de algunas parejas que habían escuchado la orden de mi maestro, recibiendo miradas escépticas de gente que seguramente creyó que no me atrevería a hacer lo que acababan de ordenarme.

- Entendido, maestro - respondí, suspirando con fuerza antes de empezar a caminar, de ver como algunos hombres se despidieron de sus mujeres y comenzaron a seguirme, sintiéndolos muy cerca, sin que se animaran a tocarme ni a decirme nada mientras entrábamos en ese cuarto que iniciaba por un pasillo bastante largo a la derecha para luego girar en U y entrar en una zona donde no podía verse absolutamente nada, donde me sobresalté cuando alguien me tomó de la mano sin decir una sola palabra por algunos segundos hasta que de pronto nos detuvimos.

- Esto será más sencillo si te arrodillas, querida - dijo el tipo que me sujetaba de la mano mientras yo sentía cómo una gran cantidad de manos me tocaban, tanteando mi cuerpo, agarrándome los senos, dejando que sus manos hurgaran entre mis piernas y apretaran mis nalgas.

Como no tuve ninguna razón para no seguir el consejo de aquel hombre, me arrodillé en el suelo, notando de inmediato cómo alguien me ponía su pene sobre los labios, experimentando mucho miedo ante esa aterradora sensación de vulnerabilidad que me hizo abrir la boca por temor a que algo malo pasara si no lo hacía, pero sintiendo casi de inmediato cómo mis bragas volvían a humedecerse, porque aquello era delirante, porque el inmenso terror que me provocó estar tan expuesta a los deseos de quién sabe cuantos hombres, me hizo llegar muy pronto al borde del orgasmo con solo estar ahí arrodillada, sintiendo cómo el pene de un extraño se metía en mi boca mientras otros dos sujetos tomaban mis manos para llevarlas a sus miembros y hacer que los masturbara.

- Tienen que venirse en su cara, chicos, esa fue la orden que le dio su maestro - dijo alguien mientras sentía cómo me desabrochaban el sostén y muchas manos se amontonaban en mis senos, sin que yo dejara de mamar el pene que tenía enfrente ni de masturbar aquellos que ocupaban mis manos.