mis amigas y sus novios (Swinger) - Parte final 14. Nubia
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14. Nubia

Sé que las razones que me llevaron a pedirle un nuevo intercambio a Sam no fueron las correctas y en realidad me sentí muy culpable al enfrentar la clase de consideraciones que me orillaron a hacerlo, pero necesitaba estar de nuevo con Jorge, porque si bien lo que sentía por ese chico era muy intenso, la verdad es que no lo entendía del todo, y es que jamás me había sentido tan desesperadamente atraída por un hombre que me hiciera desear estar a su lado con tanta intensidad que llegaba a imaginarme siendo dominada por ese muchacho en momentos que no parecían ser los más apropiados, siendo asaltada por pensamientos nada recatados mientras estaba en la universidad o con mis amigas, una tendencia que me hizo necesitarlo y que tarde o temprano me llevó a decidir que lo quería para mí y solo para mí, porque sin importar qué era lo que estaba sintiendo por él, de pronto la idea de que no estuviéramos juntos me parecía insoportable, porque éramos demasiado buenos en la cama y jugando con esos roles de amo y esclava como para no estar juntos, y porque me enfermaba el solo pensar que pudiera estar con otra mujer, un aspecto de todo lo que sentía que noté durante esa estúpida fiesta de intercambios y luego cuando una semana más tarde Sam regresó muy contenta al departamento tras haber pasado una noche con él.

Fue en medio de todo lo que sentía y en el momento en el que la intención de quitarle el novio a mi mejor amiga comenzó a sentirse más real, cuando llegó aquella cita que tendría con Jorge, en una tarde en la que me esmeré mucho en mi apariencia, que llegó después de una mañana en la que me metí varias horas en una clínica de belleza para hacerme una depilación corporal completa y cualquier cantidad de tratamientos que me hicieran lucir más bella, porque a pesar de lo horrible y enjuiciable que podría sonar, esa tarde haría lo que fuera para lograr que aquello que empezó como un juego avanzara en una dirección donde él y yo termináramos juntos, siendo una pareja real, convirtiéndome en su esclava permanente, porque no podían ser las cosas de una manera diferente, no entre dos personas que entendían y complementaban a la perfección las necesidades del otro.

- Te ves muy linda. Estoy segura de que a mi novio le encantará cómo te arreglaste para él - dijo Sam desde la puerta, provocándome un sobresalto mientras ese maldito vacío en el estómago me atacaba una vez más, como en cada ocasión que me había encontrado a Sam durante aquella semana.

- Sí… yo… gracias, Sam, tú también te vez muy linda - le respondí, mirándola con uno de esos vestidos recatados y poco atrevidos que solía ponerse siempre - al parecer ya estás lista, ¿A qué hora vendrá Juan por ti?

- No debe tardar, me dijo que llegaba en diez minutos - respondió, mostrándose desconfiada, componiendo esa expresión inquisitiva con la que me hacía creer que intentaba leer mis pensamientos - escucha, ya se lo comenté a las chicas y quiero que sepas esto antes de que te vayas a tu cita con mi novio - comentó, haciendo énfasis en esas últimas dos palabras, o quizás solamente fuera esa clase de paranoia que me acompañaba desde las últimas dos semanas al saber que estaba haciendo algo que no debía hacer - el intercambio de hoy será el último que tengamos Jorge y yo, esa noche que pasamos juntos nos hizo entender que tenemos muchas cosas por explorar entre nosotros y queremos tener tiempo para estar juntos, así que…

- Tú se lo propusiste ¿Cierto? - pregunté, apresurada, sintiendo cómo la garganta me dolía con ese nudo que la lastimó ante la sorpresiva eventualidad de que quizás estaba a punto de tener mi última cita con el novio de Sam, experimentando esa creciente y agobiante ansiedad que me hizo sentir insegura y temerosa, la misma que me hizo saber que lo que pasaría durante esa tarde sería mi última oportunidad para hacer que Jorge se rindiera ante mí, porque estaba segura que eso de terminar con los intercambios era cosa de Sam y no de Jorge, pues sabía que había algo entre los dos, que esa sinergia que sentí cuando estuvimos juntos no era algo que ninguno estuviera dispuesto a desechar.

Sam compuso una sonrisa presuntuosa en sus labios antes de hablar.

- No, para nada, en realidad fue idea de Jorge.

Es que… bueno, nos dimos cuenta de que nuestro problema no era que me hiciera tal o cual cosa, sino más bien que cuando estábamos juntos, al reprimir nuestros deseos, ninguno era capaz de estar completamente satisfecho y…

bueno, solo digamos que encontramos la forma de hacer que las cosas funcionen para ambos y queremos explorar todas las posibilidades que…

- explicó, provocando que esa punzada en mi estómago se hiciera más dolorosa con cada palabra que salía de su boca, hasta que su celular sonó y ella tomó la llamada - hola…

¡Estupendo! Dame cinco minutos y bajo… gracias, te veo en unos minutitos, Juan - respondió la llamada antes de mirarme - bueno, ya me voy, solo quería que estuvieras al tanto de la situación, amiga.

Que disfrutes de tu última noche con mi novio - terminó, despidiéndose de mí con nada más que un gesto de su mano, desapareciendo de mi vista en el acto, dejándome muy intranquila ante la idea de que aquella podría ser la última vez que sería la esclava de Jorge si las cosas no salían como yo planeaba que salieran.

***

- ¿Sabes algo? Durante la semana estuve pensando mucho acerca de este encuentro y creo que me gustaría probar algo más intenso, algo un poco más extremo - le comenté a Jorge en cuanto me subí a su auto, haciendo que me mirara con curiosidad, notando cómo de vez en cuando sus ojos se desviaban a mi escote.

- ¿Qué tienes en mente?

- Ten - le dije, dándole un pequeño control remoto con tres botones - eso controla un juguete que tengo entre las piernas, con el botón de arriba y el de abajo controlas la intensidad de las vibraciones, con el botón de en medio enciendes y apagas el aparato y…

- Suena divertido, pero ¿No crees que esto sería más entretenido si lo usáramos fuera de un hotel? Quiero decir, si…

- Sí, lo creo, por esa razón no iremos de inmediato a un hotel, o mejor dicho, no iremos a un hotel cualquiera - le respondí, viendo ese brillo morboso y lleno de lujuria que destellaron sus ojos, acompañado de esa sonrisa maliciosa que se dibujó en sus labios - la razón de que te pidiera que me dejaras hacer las reservaciones, es que encontré un lugar muy interesante donde las personas que acuden ahí, suelen participar en intercambios con otras parejas y hay un cierto entorno liberal.

En teoría, es un hotel como cualquier otro, hay un restaurante, un salón de entretenimiento, piscinas, un bar y todas esas cosas, pero por las noches abren un área especial en una especie de sótano donde hay cuartos oscuros, mazmorras BDSM, salones de glory hole, salas de escaparates y…

bueno, la lista es demasiado amplia, así que…

mira, lo que quiero hacer contigo hoy, es entregarte por completo mi voluntad, quiero que hagas conmigo lo que quieras, sin restricciones, lo que me ordenes lo haré, sin cuestionarte nada, solo tienes que decirme lo que quieres y te obedeceré - le dije, sintiendo ese cosquilleo en todo el cuerpo al notar esa forma tan intensa como me miraba.

- ¿Estás segura de esto? Ese nivel de dominio puede ser peligroso y muy incómodo para ti y, por otro lado, ¿Juan esta al tanto de lo que pretendes hacer? No me gustaría llevar las cosas tan lejos si él no está enterado, porque en medio de todo esto se me podría ocurrir que estés con alguien más o…

- Sí, él está al tanto de todo, lo hablamos y estuvo de acuerdo - mentí - verás, es que Sam me comentó que esta sería la última vez que compartiríamos, así que quise que fuera algo más intenso, y seguramente ellos también harán algo especial, así que…

bueno, solo falta que tú quieras jugar conmigo y…

¡Ahhh! - un gemido se me escapó cuando sentí aquel juguete entre mis piernas vibrando con fuerza, sacudiendo mi mundo en un instante, experimentando cómo mi cuerpo entero se tensaba ante esa sensual y a la vez desesperante sensación de la que no tenía el más mínimo control.

- No sé qué es lo que te hace hablarme con esa familiaridad, pero a partir de ahora quiero que te dirijas a mí como maestro, ¿Entendiste, zorra?

- ¡Ahhh! ¡Sí, maestro, lo siento! ¡Ahhh!

- me disculpé entre gemidos, sintiendo cómo esa cosa se sacudía sin que yo pudiera hacer nada al respecto, respirando con un poco más de tranquilidad después de unos minutos cuando Jorge disminuyó la intensidad del juguete pero sin apagarlo, para luego hacer que le mandara la ubicación de ese peculiar destino donde pasaríamos la noche, antes de que mi maestro echara a andar el auto en dirección de ese morboso resort donde desplegaría el plan que tenía entre manos para tratar de quedarme con Jorge.

***

- Bienvenidos al resort Jewelry ¿Es la primera vez que nos visitan?

- saludó un hombre después de que nos registráramos y un chico se llevara las maletas a nuestra habitación, en medio de aquel lugar que en realidad, al menos hasta ese momento, no parecía ser muy diferente a cualquier otro hotel costoso que hubiera visitado.

- Sí, es la primera vez, y le pido que por favor se dirija a mí en todo momento y no a mi mascota - respondió mi maestro, dibujando una sonrisa en los labios del hombre que nos recibió, quien creo que hasta ese momento notó el delgado collar de cuero que llevaba en el cuello y la cadena que de él se descolgaba hasta llegar a la mano de mi maestro.