mis amigas y sus novios (Swinger) - Parte final 13. Sam #3
48%

13. Sam #3

- Es mi turno de comerte a besos, mi amor, trata de mantener el equilibrio - dijo, antes de que se deslizara hasta quedar arrodillado en el suelo, de que metiera la cabeza entre mis piernas y me besara los labios mientras yo luchaba por mantenerme de pie, cargando mi cuerpo solo con una pierna en el suelo pues la otra estaba apenas apoyada en la cama.

- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Jorge! ¡Ahhh! ¡Qué rico me comes!

¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Méteme los dedos, mi amor!

¡Ahhh! - le dije entre gemidos, moviendo las caderas sin que pudiera controlarme, a pesar de que con ello hacía más difícil mantenerme de pie, sintiendo cómo mi chico me permitía llevar las riendas de las cosas al hacer lo que le pedí, al meterme un par de sus dedos y deslizarlos en mi vientre mientras me lamía el clítoris, haciendo presión sobre mi punto g, provocándome temblores que resultaban tan deliciosos como peligrosos ante el riesgo de caer al suelo, dejándome llevar por esos sabrosos besos que me dio hasta que el orgasmo me alcanzó entre una sinfonía de gemidos y la forma como mi hombre me tomó del culo para evitar que perdiera el equilibrio, dejándome disfrutar de esa explosión de sensaciones hasta que se levantó del suelo y me cargó con sus manos en mi trasero, haciéndome abrazarlo por la cintura con mis piernas, comiéndome la boca de una manera pasional, ansiosa y desesperada, entregándonos a un intercambio morboso de caricias y besos hasta que me tiró en la cama y contemplé la forma como se desnudó frente a mí, notando al final lo parada que tenía su verga, relamiéndome los labios al saber que ese hombre delicioso estaba por penetrarme, sintiendo el impulso de desnudarme frente a él hasta que lo vi negar con la cabeza, haciéndome saber que quería que me dejara la lencería puesta, provocándome sonreír al notar lo mucho que le gustó aquel conjunto que escogí para él.

A diferencia de lo que solía pasar cuando teníamos sexo, Jorge no mostró esa actitud dominante que solía prevalecer en cada uno de nuestros encuentros, por el contrario, cada cosa que hizo, cada caricia, beso y cada paso que dio, lo llevó a cabo de una manera tranquila e inesperadamente relajada, una actitud que me hizo sentir muy bien, que me permitió conectarme de una manera especial con él, más aún cuando se acomodó entre mis piernas y en lugar de penetrarme en el acto como solía hacerlo, le dedicó un par de minutos a la tarea de jugar con su pene entre mis labios, deslizándolo por mi apertura, acariciando mi clítoris con él, mirándome a los ojos mientras lo hacía, disfrutando de esas expresiones de placer que le obsequié mientras me acariciaba, hasta el momento en el que al fin entró en mi coño y el solo sentirlo restirarme por dentro me hizo cerrar los ojos para disfrutar aún más de esa sensación tan deliciosa que me obsequió mientras se deslizaba lentamente por mi interior.

Las palabras sobraron mientras mi amor entraba y salía por entre mis labios, al ritmo perfecto para hacerme mirar las nubes con esa forma tan deliciosa de hacerme el amor, impulsándome a tomarlo de la nuca para hacer que se acercara a mí y besarnos mientras él no dejaba de penetrarme, sintiéndome tan conectada con mi hombre que de pronto mis caderas empezaron a moverse a su ritmo, acoplándome a sus tiempos, permitiendo que nos dejáramos llevar con esas sensaciones que acompañaron a todo lo que estaba sintiendo por ese hombre al que amaba con locura, haciendo que las dudas que tuve semanas atrás se desvanecieran al entender que lo que teníamos iba mucho más allá del sexo.

- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Te amo tanto! - grité a la vez que me abrazaba a mi chico con brazos y piernas, enterrándole las uñas en un acto impulsivo y sin precedentes que lo hizo gemir mientras ese orgasmo delicioso sacudía mi mundo, sin que él abandonara ese ritmo con el que me estaba volviendo loca hasta que yo lo detuve una vez que terminé de venirme, sonriéndole cuando me miró desconcertado, apartándolo un poco para reacomodarme en la cama, apoyando mis rodillas en las cobijas mientras dejaba que mi cara se hundiera en las almohadas, ofreciéndole mi trasero para que hiciera conmigo lo que quisiera - ¿Sabes algo, amor?

- le pregunté mientras sentía sus manos acariciando mis nalgas - el otro día que te vi con Cas, me dio curiosidad saber lo que se sentía que me dieras algunas nalgadas y me trataras de esa forma tan agresiva - le comenté, sintiendo cómo sus manos se detenían en mis caderas de una manera abrupta - así que, ¿Qué te parece si te dejas llevar conmigo?

Haz la clase de cosas que me dijiste que no me harías, déjame conocer esa parte de ti que no he sentido, déjate llevar y, si creo que es demasiado para mí, te lo haré saber, ¿De acuerdo?

- Sam, yo… es… ¿Estás segura? - preguntó titubeante, haciendo que lo volteara a ver para encontrarme con esa expresión asustada que noté en su rostro, como si no creyera que yo podría resistirlo, como pensando que yo no tenía idea del lío en el que me estaba metiendo.

Una sonrisa y un asentimiento de cabeza fue lo único que recibió de mi parte, antes de que volviera a hundir la cara entre las almohadas, sonriendo cuando sentí aquella primera contundente nalgada que me sacudió las nalgas, esperando que se dejara llevar conmigo, porque sabía que esa actitud ruda que solía mantener cuando hacíamos el amor, era solamente la punta del iceberg de la clase de cosas que le gustaba hacer a mi hombre, y quería intentarlo por él, de la misma forma como él se esforzó por complacerme aquella noche, porque quería que fuera feliz conmigo sin que necesitara a nadie más.

Al principio mi chico no se dejó llevar plenamente, fue evidente, porque en su forma de penetrarme podía sentir que se estaba conteniendo, de la misma forma como se reprimió cuando sacudió mi cuerpo con esas nalgadas titubeantes, hasta que yo empecé a mover las nalgas de una manera más vigorosa y demandante, logrando que me tomara de las caderas para detenerme, que me penetrara con una fuerza tan agresiva como jamás la había sentido, que sintiera cómo me sacudía con esas embestidas violentas y me apretaba las nalgas de una manera que en realidad era dolorosa, pero que por alguna razón me generaba una sensación de peligro que me hacía sentir mas alerta y disfrutar del placer que me proporcionaba al cogerme con tanta fuerza.

- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Jorge! ¡Ahhh! ¡Jálame el cabello!

¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Dame más fuerte! ¡Ahhh! ¡Ahhh!

¡Ahhh! - le rogué, sintiendo casi de inmediato cómo tiraba de mi cabello, abriendo mucho los ojos cuando entendí lo inesperadamente placentero que eso resultó, porque de alguna forma el dolor hacía que el placer que sentía entre las piernas resultara mucho más intenso.

Conocer esa faceta de Jorge, lo admito, me dio un poco de miedo al principio, porque conforme comenzó a sentirse en confianza y notar que aquello me gustaba, el hombre fue dejándose llevar cada vez con más intensidad, llegando a un punto en el que me sacudía con la atemorizante fuerza de sus embestidas, tratándome como si solamente fuera el medio para conseguir su propio placer, haciendo conmigo lo que se le antojaba sin mediar palabra, cambiándome de posición, arrojándome a la cama sin contemplación, perdiendo el cuidado que tuvo antes de que le pidiera que me maltratara un poco, apretando mis muñecas para inmovilizarme de una forma con la que provocó esa enloquecedora mezcla entre dolor y placer que me estaba haciendo perder la cabeza, porque de alguna manera ese chico lograba que sensaciones tan contradictorias convivieran en la medida justa para hacerme enloquecer y llevarme a disfrutar mucho más de lo que hacíamos, de la misma forma como lo hizo el que tirara de mis bragas para lastimar un poco mi entrepierna, generando esa sensación de desesperación que me llevó a un nuevo nivel de placer cuando me provocó ese orgasmo tan delicioso y desconcertante con el que sacudió mi mundo de una manera increíble, porque no podía entender cómo era posible que el dolor y el placer pudieran comulgar de una manera tan perfecta como para llevarme a vivir en carne propia el éxtasis al que Jorge me obligó a llegar, haciéndome sonreír al encontrar ese punto de comunión entre nuestros deseos y fantasías que me hizo pensar que lo que había entre los dos sería indestructible.

- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Te voy a llenar el coño de leche!

¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Eres una buena zorra!

¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Estás buenísima! ¡Ahhh! ¡Ahhh!

- gritó enloquecido mientras me tenía bien sujeta del cabello, obligándome a arquear la espalda, sintiendo cómo todo mi cuerpo se tensaba en medio de esa alucinante mezcla de miedo y deseo que me hizo explotar de nuevo mientras sentía a mi hombre viniéndose en mi concha, gozando de esa sinfonía de gemidos que interpretamos, terminando tirados en la cama, con su cuerpo sobre mi espalda mientras sentía cómo me lamía el cuello de una forma salvaje que me hizo sonreír y apretar los músculos de mi cara en señal de lo mucho que disfruté el que mi amor se dejara llevar conmigo.