13. Sam #2
- Tómense muchas fotitos y nos las mandan al rato para poderlos envidiar un poquito ¿Sí?
- comentó Johana, haciendo que nuestras risas se acentuaran, antes de que detrás de ella apareciera Nubia, quien no dijo nada y solo se limitó a despedirnos agitando su mano, un gesto que me hizo cerrar la puerta y marcharme con mi chico, sintiéndome extraña al desconfiar de mi amiga, aunque aquello en realidad no me duró demasiado, pues tenía a mi chico y un plan alucinante frente a nosotros que no pensaba echar a perder por pensar en Nubia o en cualquier otra cosa que me impidiera disfrutar al máximo de mi cita.
***
Tal y como lo esperaba de mi hombre, Jorge cumplió con eso que me dijo de que quería consentirme, porque me llevó a cenar a un restaurante de comida italiana que adoraba visitar, donde comimos pasta con camarones, ensalada de frutos rojos y una pizza deliciosa con la que me hizo sonreír, todo ello mientras conversábamos de cualquier cosa, riendo, divirtiéndonos, gozando de estar juntos, sintiéndome reconectada con ese chico que en esa noche lucía mucho más hermoso que de costumbre, recordando cómo se sentía el ser amada por un hombre que no tenía miedo de mostrar sus sentimientos por la chica de quien al parecer seguía muy enamorado, creando un ambiente hermoso y bastante romántico que terminó de concretarse con ese beso que nos dimos cuando salimos del restaurante, un gesto que empezó como algo tierno hasta que de pronto se convirtió en algo muy subido de tono, donde mi lengua y la suya se enfrentaron en una batalla sin tregua, donde al estar recargada en la puerta de su auto él me acarició las piernas y yo hice lo propio con su miembro, sintiendo esa sensación de riesgo que me dominó al estar en un lugar tan público, dejándome seducir por la descarga de adrenalina que se dispersó por todo mi cuerpo, que me hizo desear que aquel instante no se detuviera, hasta que las voces y las risas de un grupo de personas nos hizo detenernos y subir al auto, sonriéndonos mientras compartíamos una mirada de complicidad cuando él ocupó su lugar, sin que yo pudiera mirarlo por mucho tiempo a los ojos pues sus labios seguían siendo una tentación a la que no quería renunciar.
- Hice una reservación en ese lugar romántico del que hablamos - comentó mientras yo me acercaba a él y le besaba el cuello, dejando que mi mano explorara entre sus piernas, sintiendo su dureza, poniéndome muy cachonda al ver lo mucho que se había excitado con esos besos que nos dimos.
- Perfecto, vámonos entonces - le dije con la voz afectada, dejando que mi aliento se impactara en su piel, viendo cómo se estremecía antes de volver a chuparle el cuello, sin dejar de tocar su pene, jadeando de excitación, necesitando tenerlo para mí, queriendo volver a sentir su amor entre mis piernas y en cada gemido que lograra arrancarme mientras me penetraba.
- No debería manejar mientras haces esas cosas ¿Sabes? Podría ser peligroso - comentó con un tono de voz peculiar que iba de la complicidad al morbo que le provocaba el que no pudiera detenerme.
- ¿Quieres que pare? ¿No te animas a conducir mientras yo te hago algunos mimos?
- Hazme lo que quieras, amor - respondió, hablando con esa voz lasciva que me hizo tomar su cara y besarlo en los labios, metiéndole la lengua en la boca, tratando de ahogarlo un poco, dejándome llevar por ese impulso enloquecido que me incitaba a hacer cosas sucias con él, que me hacía querer dejar atrás, al menos por esa noche, a esa chica tierna y romántica, porque…
bueno, en realidad no sé por qué, pero al parecer el no haber tenido nada con mi novio durante algún tiempo, me había llevado a desearlo de la forma tan obsesiva como lo estaba haciendo en ese momento, porque en serio que quería tenerlo dentro de mí y hacer el amor con él hasta terminar exhaustos y quedarnos dormidos abrazados el uno del otro, desnudos, en la cama de ese hotel maravilloso que durante aquella velada compartiría con mi delicioso novio.
Separarme de él mientras echaba el carro a andar, representó solamente un breve descanso que nos tomamos mientras me recogía el pelo en una coleta improvisada, para luego bajarle el cierre y meter mi cabeza bajo sus brazos, sacando su pene con algo de prisas, sonriendo cuando el aroma de su sexo golpeó mis sentidos de una forma tan sensual y deliciosa que abrir la boca y engullirlo resultó demasiado natural, dejándome consentir por el sabor de sus fluidos y los gemidos que logré robarle mientras él trataba de concentrarse en el camino, lidiando con lo estorboso que creo que a ratos resultaba tenerme entre sus piernas, con mi cabeza bajando y subiendo, sintiendo cómo sus músculos se tensaban de tanto en tanto, de manera abrupta, sin que ninguno de los dos tuviera la más mínima intención de detener lo que estaba pasando, porque aquello era algo nuevo, porque esa actitud atrevida que demostré y que incluso me sorprendió a mí misma, era algo que quería disfrutar durante todo el tiempo que me durara ese algo que me hacía querer que pasara todo entre mi chico y yo.
- Me gusta mucho esta versión de ti, mi amor ¡Ahhh!
- susurró en algún momento, gimiendo al final, cuando mis labios se prendaron de su glande y comencé a succionarlo mientras mi lengua recorría el largo de su apertura, disfrutando de los fluidos que no dejaban de salir de su miembro, sintiendo cómo tensaba todo su cuerpo ante lo bien que al parecer se sentía lo que le estaba haciendo - pero tal vez deberías parar un momento, porque estamos a punto de llegar y…
¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Me vas a hacer venir en tu…
! ¡Ahhh! - me advirtió, sonando alarmado ante la inminencia de su orgasmo, provocándome para que me esforzara más en complacerlo, haciendo que de pronto se detuviera de golpe, escuchando la forma como las llantas derraparon sobre el pavimento sin que yo abandonara su miembro mientras lo sentía corriéndose en mi boca, sin dejar que se me escapara una sola gota, succionando como si se tratara de un popote, bebiéndome todo lo que salió de mi hombre antes de que me levantara y me chupara los labios, recogiendo con mi lengua los restos de leche que quedaron impregnados en ellos, dándome cuenta de que habíamos llegado a nuestro destino mientras una mujer que no conocía salía para ver qué había pasado, la misma que se puso toda colorada y abrió mucho los ojos cuando se dio cuenta de que tenía el cabello algo alborotado y que me estaba limpiando la boca, limitándose a dar media vuelta para meterse de nuevo en el hotel, fingiendo más tarde que no había visto nada, comportándose como si fuéramos un cliente más, como si la cara no se le hubiera puesto de mil colores.
***
- ¡Esa mujer estaba temblando de nervios! - exclamé en un susurro, riendo por lo bajo en cuanto nos metimos a la habitación, sin soltar la mano de mi amor, sonriéndole cuando al fin nos quedamos solos, sabiendo que podríamos dar rienda suelta a nuestros deseos sin limitarnos por nada.
- Eres una chica llena de sorpresas, amor. Lo admito me tomaste con la guardia baja con eso que me hiciste en el auto.
- Y no has visto la mejor parte, cariño - le dije con un tono seductor mientras lo hacía tomarme de la cintura y le daba un pico en los labios, sonriendo después, sintiéndome muy atrevida e inesperadamente feliz tras haber compartido aquella aventura con mi chico, antes de que lo empujara para que cayera sentado en la cama, disfrutando de esa expresión que me obsequió, resultado de una extraña y algo compleja mezcla de confusión, excitación, curiosidad y morbo que lo hizo mirarme con mucha atención mientras yo daba algunos pasos atrás, llevando mis manos a la parte trasera de mi vestido para desabrocharlo, pero sin dejarlo caer, conteniendo la parte superior de esa prenda en mis brazos para irla deslizando lentamente, descubriendo primero ese sostén de color rojo con encaje negro que lo hizo dejar de sonreír y mirarme con halagadora perplejidad, tragando saliva cuando notó que aquel vestido seguía bajando, dejando que disfrutara la imagen que le brindaron esas bragas rojas con encajes negros que lo cautivaron por un minuto, antes de que al fin dejara caer mi vestido al suelo, luciendo aquellas medias que llegaban a la mitad de mis muslos, con ese terminado de encaje negro con el que logré desatar los deseos de mi hombre, los mismos que instintivamente lo hicieron apretarse el pene por encima del pantalón.
- ¿Te gusta, cariño? ¿Crees que me veo linda con esto?
- le pregunté con una voz coqueta, viendo cómo ese hermoso chico asentía con la cabeza, humedeciéndose los labios, suspirando de tanto en tanto, cautivado por la imagen que su chica le brindaba al usar esa lencería que jamás me había atrevido a ponerme, pero que me hizo sentir hermosa ante la reacción que mi novio demostró.
- Ven aquí. Quiero verte de cerca. Por favor - me suplicó, haciendo que mi piel se erizara mientras avanzaba hacia él, sobresaltándome y poniéndome muy ansiosa cuando sus manos tocaron mi piel al colocarse en mi cintura, antes de que tomara mi mano y me hiciera dar media vuelta, acariciándome el trasero cuando esa parte de mi cuerpo quedó a su disposición, para luego quedarnos frente a frente, sintiendo cómo mi hombre me hacía acercarme a él, respirando con fuerza cuando su cara se pegó a mis senos y sus manos se deslizaron hacia abajo para tocarme el trasero y apretarme las nalgas, antes de que ese hermoso muchacho me levantara una pierna para apoyarla sobre la cama, recorriendo un poco a un lado mis bragas para dejar mis labios a su disposición, haciéndome sentir sus dedos cuando empezó a tocarme, evidenciando lo empapada que ya me encontraba, porque lo que hicimos en el auto fue mucho más excitante que cualquier otra cosa que hubiera hecho en mi vida, al menos hasta ese momento.