Swing hacia ti (El juego del amor 3) Epílogo extra de Dugan
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Epílogo extra de Dugan

Mi hija se nos acerca y tira de mí para que baile con ella. Tiene cuatro años y me ha robado el corazón. Ella y su madre. Estamos en la mansión de los padres de Lia pasando el verano. Sus padres han dado una fiesta y mi hija es la reina, todo el mundo la adora.

A mí me tiene derretido el corazón.

La cojo en brazos y bailo con ella.

Creía que solo se podía amar una vez en la vida, pero ahora sé que tengo la suerte de amar a mi mujer y amar también a mi hija con toda mi alma.

Miro a Camelia al lado de Brenan, que está colocándole la pajarita a su hijo de seis años.

Adoptaron a dos hermanos hace dos años. Lily ayudaba en el orfanato que apadrina Kadet para enseñar cómo hacer mejores posturas cuando llegaron allí los mellizos, tras perder a su familia en un incendio.

Desde que los vio sintió una conexión fuerte por ellos.

No podía dormirse sin saber si estaban bien.

Iba a verlos casi cada día y al final, llorando, le dijo a Brenan que quería ser su madre. Que los quería.

Brenan le dijo que harían lo imposible por tenerlos. Mi hermano me dijo que desde que los vio con Lily supo que eran parte de ellos. Hay conexiones más fuertes que la razón. Al final consiguieron ser sus padres de forma legal y se quieren mucho.

Los dos son pelirrojos y tímidos. Pero al lado de Brenan y Lily sé que conseguirán alas para volar. Yo los quiero con locura. Por eso, cuando dejo a mi hija, les doy un abrazo y los saco a bailar.

También a Ian, que es el más trasto y se mete entre todos, y luego salen todos corriendo.

Kadet los mira sonriente y orgulloso de que su hijo sea tan inquieto.

Su padre, a su lado, los mira igual. Y hacen los mismos gestos al beber.

Es raro ver a dos personas que se parecen tanto a pesar de haber estado años sin hablarse.

—Te toca bailar conmigo. —Camelia se me acerca y la cojo entre mis brazos.

—Eres preciosa —le digo, y la beso en el cuello y luego en la boca, perdido en ella.

—Me están saliendo arrugas.

—No las veo…, solo veo tus sonrisas, tus batallas…, tu belleza. —Sonríe y pasa sus manos por mi cuello—. Te voy a querer en cada etapa de tu vida. Lo sabes, ¿verdad?

—Y yo a ti.

Bailamos juntos. Giramos entre la gente que un día vio iniciar nuestra historia de amor.

Miro a Jeb con Marta. Ahora somos entrenadores juntos.

Y me encanta. Me encanta entrenar y ver a las nuevas generaciones dar lo mejor de ellos mismos.

Y lo mejor es que no tengo que jubilarme joven, puedo estar años en esta profesión que amo.

Soy feliz, más de lo que esperé serlo un día.

Apoyo mi frente en la de Camelia y me pierdo en sus ojos. Ahora el futuro no me asusta, porque el presente me vuelve loco de amor.