Epílogo extra de Kadet
Me siento en mi despacho y hago varias llamadas.
Quien me iba a decir a mí que cuando me jubilara acabaría trabajando con mi padre.
Y lo peor es que no me disgusta tanto como pensaba.
A ver, ser jugador me daba la vida, pero esa etapa ha pasado y no quería irme lejos, a entrenar a otro equipo.
Dejé de luchar y le propuse a mi padre intentarlo.
Se emocionó. Ama sus hoteles. La vida en ellos.
Lo que hace, y hemos trabajado juntos para usar gran parte del dinero en crear mejores centros para niños sin hogar.
Hasta tenemos unos nuevos hoteles de clase media para familias con menos recursos económicos, para que puedan viajar con sus hijos y disfrutar de una experiencia premium .
Y se me da de puta madre ser CEO.
Soy el mejor, vamos.
Mi padre entra por la puerta y me deja unas carpetas en la mesa.
Le sigue mi madre. Van a todos lados juntos.
Nunca vi lo enamorados que están. O lo vi como algo malo, porque a mí no me querían así.
Sí me querían, pero la vida pasaba deprisa mientras ellos esperaban tener tiempo para poder ser padres y a la vez llevar su negocio.
Yo no quiero perderme la vida de Ian, por eso muchas veces teletrabajo y voy a recogerlo al colegio. Lo que más me gusta es llegar a la cafetería de su madre y ver como Ian corre a abrazarla.
—Y esto es todo por hoy.
—Y te parecerá poco —le digo a mi padre.
—Pues sí. Tengo que ir a por mi nieto para llevarlo a su entrenamiento.
Ian quiso seguir mis pasos y mi padre le compró toda le equipación. Creo que es su forma de pedirme perdón por no haber estado para mí.
—Anda, ve. Ya lo ayudo yo. —Mi padre besa a mi madre y luego le toca el culo.
Sí, somos muy parecidos.
Mi madre me ayuda. Es increíble y también tengo muchas cosas de ella. Ha costado, pero al fin he dejado de sentirme solo y de echarlos de menos.
—Te quiero —le digo, y me mira sorprendida y emocionada.
—Y yo a ti, hijo.
Nunca es tarde.
* * *
Ofelia tira de mí a nuestro cuatro y me quita toda la ropa. Ian no ha vuelto aún de cenar con sus abuelos tras el entrenamiento.
—Joder, me pones mucho. —Tiro de su ropa y ella de la mía.
Entro en ella sin preliminares. Nos miramos a los ojos y es como si el tiempo no hubiera pasado entre los dos.
—Hola.
—Hola. —Tira de mi pelo y me besa lentamente.
Salgo y entro en ella hasta que me corro. Luego la acerco a mí. Nos aferramos el uno al otro con fuerza. Amo a esta mujer con cada fibra de mi ser. Con cada parte de mí. Es mi mejor amiga y mi alma gemela.
—¿Qué piensas?
—Que tengo suerte de que esta madurita tan sexi no me dejara escapar.
—Como si hubiera podido hacerlo. —Me río.
Y luego mando un mensaje al grupo. Y les digo que los quiero. Todos me dicen que ellos también. Ofelia se apoya en mi pecho. Tomo aire. Disfruto del momento. Disfruto de la vida. No hay nada mejor que eso.
Luchar cada día por ser feliz.