Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 33. Lily
81%

Capítulo 33. Lily

Lily

Brenan se marcha de viaje para jugar varios partidos. Hablamos todos los días, pero no es lo mismo. Lo necesito cerca. Ahora estoy con Ofelia, que tiene molestias y contracciones de Braxton. Dicen que es normal, pero ella está algo asustada, por si el pequeño decide nacer antes.

Hoy necesitaba estar con alguien, pero Camelia se ha ido con el equipo. Los padres de Ofelia están aquí, porque no querían dejar a su hija sola ahora que Kadet está de viaje. Como se quedaba conmigo, han ido a comprar unas cosas.

—Tienes mala cara. Ahora que estamos solas, dime qué narices te pasa. —La miro y me abro en canal.

—Estoy enamorada de Brenan, y cada vez que él dice que somos amigos me pongo triste.

—Bueno, lo primero lo sabía, lo segundo es normal. ¿Por qué no le dices lo que sientes?

—No quiero joder las cosas más de lo que se estropearán cuando decida que ya no hay atracción por su parte hacia mí.

—Y te da miedo que, si se lo dices, todo se acabe demasiado pronto.

—Mira lo que pasó con Kadet. —Asiente—. Es mejor dejar todo como está.

—Aparte de eso, ¿hay algo más?

—Hank me ha llamado para decirme que todos mis informes de Ander estaban mal. Me he hecho muy pequeña, y no están mal, lo sé, pero no me va a dejar que lo toque más. Ha pedido que una de sus trabajadoras se traslade aquí cada vez que haya que mirar cómo evoluciona Ander.

—Vaya mierda.

—Pues sí, porque sé que no me equivoqué. Y odio que me juzgue como si no supiera hacer bien mi trabajo.

—¿Lo hacía siempre?

—Sí, cada día. Y lo peor era cómo me miraba: a veces como si fuera estúpida o ignorante. Y otras, como si quisiera arrancarme la ropa. Esas veces aguantaba la respiración con miedo de decir o hacer algo que le hiciera acortar las distancias.

—Ha debido de ser horrible.

—Sí, y creía que ya había pasado. Pero no. Ahí está, para llamarme y destrozarme moralmente. He pedido que no me pasen más llamadas de él y será Camelia quien se haga cargo de Ander, aunque yo estoy más especializada en rodillas lesionadas. ¿Crees que estoy siendo una cobarde?

—Creo que solo te estás protegiendo, y eso está bien. Tenemos que cuidar de nosotros mismos y, si Ander quisiera, podría romper el contrato. Si no lo hace, que apechugue con las consecuencias.

—Eso es cierto.

Salta un aviso de que un amigo está haciendo un vídeo en directo.

Espero que sea Kadet, pero es Brenan. Lo pongo, sorprendida, y lo veo en el cuarto de su hotel.

Lo reconozco porque ayer hicimos una videollamada y se nos fue un poco de las manos.

Acabé acalorada, sudada y con un orgasmo increíble, aunque nada comparado a tenerlo a él cerca.

—Os vamos a enseñar las nuevas gorras —dice algo cortado, con ese sonrojo que me encanta.

—Dice vamos porque aquí estoy yo también. —Kadet se pone a su lado con una caja enorme—. Y Dugan también anda por aquí. Ahora lo enfoco, porque tengo una caja enorme.

—Tan enorme como tu ego —apunta Dugan cuando lo enfocan. Brenan se ríe.

—Como sea. Vamos, Brenan, haz los honores.

Brenan lo hace algo tímido, pero cada vez le coge más el punto a esto y trata de romper sus escudos. La gorra le queda espectacular. Miro a Ofelia para disfrutar de esto, pero no tiene buena cara.

—¿Todo bien?

—Odio estas contracciones. —Más relajada, coge mi mano y me dice que está bien.

Me quedo con ella hasta que regresan sus padres. Insisten en que me quede a cenar, pero no lo hago porque necesito llamar a Brenan. Le cuento todo lo de Hank tras decirle que estaba muy sexi en el directo.

—Deberías denunciarlo.

—Nunca hizo nada.

—Te denigró como persona, te humilló. Te miró de forma asquerosa durante años y viviste con miedo. ¡Tienes que denunciar a ese cabrón!

—Solo quiero olvidarme de todo y que me deje en paz.

—Eso no pasará. Porque le has dado demasiado poder. Es como nuestros putos miedos. Él sabe que tiene el control sobre ti. Igual que ellos tienen el control sobre nosotros.

—No es fácil…

—Lo sé. Lo sé muy bien, esta tarde en el directo estaba de los nervios.

—Lo sé, pero me ha gustado verte. Y esa nueva gorra te queda muy sexi.

Cuelga y al poco me hace una videollamada, sin camiseta y poniéndose la gorra hacia atrás. Madre mía, este hombre me hacer arder solo con mirarme.

—Estoy a tus órdenes, pelirroja. —Solo con decir eso ya estoy a mil y noto como mi sexo entra en combustión.

—Quiero que te sientes y me mires. No puedes tocarte hasta que yo te diga.

—Quieres torturarme.

—Por la otra vez. Me pasé todo el día cachonda. —Sonríe y por su mirada sé que está recordando lo bien que lo pasamos ese día en las duchas. Lo que me da una idea.

Coloco el móvil en el trípode y lo llevo al aseo. Lo coloco de forma que se vea bien mi ducha. Es en cascada, cae desde el techo y no tiene mampara. El agua salpica alrededor, donde hay una gran bañera.

Entro tras quitarme la ropa y miro a ver si Brenan me hace caso y está sentado sin tocarse. Lo hace y eso me encanta. Quiero que no pueda más. Que esté deseando tocarse. Me encanta la cara que pone cuando está muy cachondo.

Enciendo la ducha del techo, que cae en cascada, y dejo que el agua acaricie mi piel desnuda. Dudo que pueda escucharme bien si le hablo. Por eso solo miro coqueta la cámara mientras me enjabono y toco mis brazos y mis piernas.

Lo miro mientras tiro de mis pezones endurecidos y dejo que vea lo excitada que estoy.

Jadeo mientras mis manos y el agua acarician mi piel.

Cuando no puedo más, cojo la alcachofa de la ducha, la pongo en el modo correcto, es decir, en el que sale el agua más fuerte en menos diámetro del círculo, y la coloco entre mis piernas.

Noto como el agua a presión golpea contra mi clítoris y abre mis pliegues.

Como el roce leve de una lengua. Abro los pliegues mientras presiono el agua en el punto justo.

No dejo de moverme contra el agua. Tocando levemente con mis dedos mientras siento escalofríos de placer recorriendo mi cuerpo.

Cuando me corro grito tan fuerte que sé que eso sí lo ha escuchado Brenan.

Sonrío mirando a la cámara y me termino de duchar. Cuando lo miro, tiene cara de querer matarme.

—Déjame ver cómo te corres.

—Creí que no me lo pedirías nunca.

Lo veo correrse ante mis ojos y disfruto de este momento. De él y de todo lo que siento de mi… amigo. Me gusta todo de él menos tener que llamarlo amigo.