Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 32. Brenan
79%

Capítulo 32. Brenan

Brenan

No dejo de pensar en Lily y tampoco en el capullo de Hank. Odio a ese hombre. No lo soporto, y lo peor es que a última hora de la tarde entra buscando a Ander, que está a mi lado haciendo pases.

—Date una ducha y nos vamos a ver cómo vas.

Ander va a negarse, pero luego asiente. Se marchan juntos. Aprieto los puños odiándolo. No soporto cómo hace pequeña a Lily.

—A mí tampoco me gusta un pelo —añade mi hermano.

—Tiene cara de capullo —apunta Kadet—. Voy a vigilar que no la moleste. Vosotros seguid entrenando.

Me quedo más tranquilo cuando Kadet se marcha para evitar que el cabrón busque a Lily, aunque sea solo para mirarla.

Dugan me da consejos y trato de no mirar a la cámara. Lo hago hasta que siento que un globo de agua explota en mi cabeza. Me giro y veo a Kadet, que me lanza varios más.

—¡¿Se puede saber qué haces?! ¿No estabas vigilando a Lily?

—Hank se ha ido y he pensado que si haces el ridículo y lo superas poco a poco, tendrás menos miedo de cagarla o te reirás de tus errores. Joder, estás muy bueno, eres guapo, juegas de puta madre, pero lo siento, no eres perfecto. Deja de tener miedo de perder el control.

Estampa un globo en mi cara y voy tras él.

El cabrón se ríe. Es un crío grande. Cuando lo atrapo le tiro varios globos que le robo y uno a Dugan, que se ríe como si esto no fuera con él.

Viene tras nosotros y acabo por caerme. Miro a la cámara y me veo en el suelo. Y cómo un globo se estrella en mi cara.

—Vamos, levanta ese culo y sigue entrenando. —Esto lo dice Jeb, que es quien me ha lanzado el último globo—. Deberías subir el vídeo a redes… y que digan lo que quieran. Siempre habrá gente infeliz que te criticará. Siempre, Brenan.

Me estoy dando cuenta de que sí. El mundo nunca será perfecto.

Subo el vídeo a redes tras los retoques de Ofelia.

* * *

Se han ido todos menos yo. Estoy en el vestuario esperando a Lily mientras miro los comentarios que ha ido dejando la gente.

No debería, lo sé. Pero los miro como si quisiera una señal para seguir recluido en mi cueva.

Por supuesto hay muchos que dicen que soy patético.

Y esos son los que me hacen querer borrarlo.

Es como la teoría del coche rojo. Si no te dicen que cuentes coches rojos, no habías reparado en ellos, y de golpe no paras de ver coches rojos por todos lados.

Son cosas que no veías hasta que alguien te dice que las busques.

Pues a mí me pasa igual, pero al contrario.

Mi cerebro no para de ver coches rojos entre los comentarios porque quiero buscar cosas negativas.

También las hay buenas, tal vez miles. Pero yo solo veo las malas.

Como si fueran coches rojos llamativos que me piden que borre el vídeo.

—Hola. —Alzo la vista y veo a Lily delante de mí—. Es el mejor vídeo que he visto en mi vida.

—Es ridículo.

—Por eso me gusta tanto, porque no estás pendiente de ser perfecto o de ocultarte. Eres tú. —Ve mi dedo sobre el delete , listo para borrarlo. Me quita el móvil—. Lo estás haciendo muy bien y estamos solos… Me has prometido acabar algo.

Me levanto y dejo el móvil en mi taquilla. Luego tiro de ella hasta las duchas. Vamos hasta el fondo dejando un reguero de prendas por el vestuario. Nos besamos hasta quedar sin ropa.

—¿Necesitas que te enjabone?

—Estaría bien, sí, pero antes tengo algo en mente. —Enciendo la ducha y el agua nos cae en cascada. Grita, porque está un poco fría.

Me arrodillo a sus pies y paso su pierna por mi hombro.

Devoro con la mirada su sexo abierto, viendo lo mojada que está.

Paso mis dedos por él y lo abro antes de que mi lengua siga el mismo recorrido y lo devore.

Le doy lametazos precisos donde más le gusta.

Donde me he fijado que están sus puntos erógenos.

Me encanta ver cómo se derrite. Cómo tira de mi pelo, excitada.

O esos gemiditos de placer que hace cuando está cerca.

El agua cae por su cuerpo perfecto mientras no le doy tregua y la follo con la boca y las manos. Cuando está a punto, me levanto y busco sus pechos. Me encanta tenerlos en la boca.

—Restriégate contra mí —me pide, y pongo mi polla de forma que se meta entre sus calientes pliegues. Tiembla por el contacto.

Busco su boca y nos besamos mientras buscamos la forma de movernos el uno contra el otro para darnos placer en la ducha.

No dejamos de tocarnos mientras nuestros cuerpos buscan juntos el alivio prometido.

Noto, por sus gemidos y la respiración acelerada, que está cerca y me muevo más fuerte, notando como su sexo caliente moja mi polla.

Me duele de lo dura que la tengo. Nos movemos juntos hasta que me corro en su pierna y ella sobre mi pene.

—Ha sido increíble —me dice cogiendo mi cara para besarme.

—Lo eres, sí. —Sonríe y buscamos jabón para lavarnos entre miradas y besos cómplices.

Me despido de ella cuando va hasta su coche y quedo en ir a su casa tras coger uno de los libros que tenemos a medias. Pasamos la noche juntos, cenando, leyendo y volviendo a tener sexo. Con lo de la ducha no hemos tenido suficiente.

No hago por irme a mi cama, ella tampoco me lo pide. Pero esto poco tiene de amigos y sí mucho de pareja. El problema es que no quiero estar en otro lugar que no sea a su lado.