Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 31. Lily
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Capítulo 31. Lily

Lily

Despertar en los brazos de Brenan fue increíble, hasta que recordé que somos solo amigos que se se desean. Por eso cogí mis cosas. Lo miré una vez más antes de irme y regresé a mi casa. Cuanto menos confundamos las cosas, mejor. Mejor para mi corazón, sobre todo.

La imagen de él en la cama, tapado solo por la sábana, no se borrará de mi mente en la vida.

Estoy loca por ese hombre.

Por eso intento no pensar en él mientras trabajo. Ni en lo bien que encajamos juntos. Como si estuviera hecho para mí. Nunca me he sentido tan cómoda con un hombre. Cómoda para poder decirle lo que me gusta. Lo que quiero. Cómoda para no conformarme. Eso eleva el sexo a otro nivel.

Pero es mejor no pensar en eso mientras trabajo.

Tocan a mi puerta y tras darle paso entra Ander. Aunque sé que no tiene nada que ver con Hank, cada vez que lo veo recuerdo a ese hombre y siento un escalofrío que reprimo por el bien de mi paz mental y de mi trabajo.

Le hago varias pruebas y luego las mando a mi antiguo trabajo. Hank me llama.

—Debe de haber un error. —Su sola voz me da escalofríos—. Te has confundido en las valoraciones.

—Sé hacer mi trabajo, y tiene la rodilla derecha tocada.

—Imposible, con mis ejercicios no debería ser así. —Es como si volviera al pasado, a su voz molesta, a sus miradas lascivas—. Viajaré para comprobarlo en las instalaciones de mi amigo allí en la ciudad. Está claro que de mí no aprendiste nada.

—Por suerte para mí.

Cuelgo agitada y nerviosa. Es horrible el poder que le otorga el miedo a una persona que detestas. Tocan a la puerta y digo que pase. Brenan entra como si lo hubiera convocado. Sonríe hasta que me ve la cara y se acerca para levantarme la cabeza poniendo un dedo bajo mi barbilla.

—¿Qué ha pasado?

—Hank ha cuestionado mi trabajo con Ander. Dice que vendrá a examinarlo él mismo. Por suerte, en otra clínica.

—¡Joder!

—No pensemos en él ahora. ¿Qué quieres?

—Aparte de verte —se agacha y me da un dulce beso que me sabe a poco—, la rodilla me ha crujido en el entrenamiento.

Se sienta en la camilla y lo examino. Lo hago de forma profesional, aunque mi mente está lejos de aquí.

—No veo nada mal —digo tras hacerle varias pruebas. Lo miro—. Brenan…, ¿te lo has inventado?

—Tal vez, y he llegado justo a tiempo. —Abre los botones de mi bata—. Dime qué necesitas de mí para distraerte.

—Estoy trabajando…

—Pues no hagas ruido.

Abre la bata hasta mostrar mi camiseta de tirantes. Luego tira de ella y de mi sujetador para liberar mis pezones.

—No te veo mirándome las rodillas. —Lo miro y el tío parece divertido.

—Claro, cómo no. —Le toco una rodilla y luego la otra mientras él tira de mis pezones, atormentándolos con sus dedos.

Muerdo mi boca para no gemir con fuerza. Joder, estoy muy cachonda y solo me ha tocado los pechos. Su mano sube por el interior de mis piernas, pellizca levemente mis muslos y luego pasa los dedos por mis bragas. Llevo una falda, lo que hace más fácil todo esto.

—Estás empapada. —Frota los dedos sobre la tela—. Ordéname dónde quieres mis dedos.

—Te pone que te dé órdenes. —Me besa con hambre.

—Mucho —dice tras romper el beso.

—Quiero que apartes la tela y metas tus dedos dentro para explorar mi sexo.

—¿Cuántos quieres dentro de ti?

—Los que quepan. —Lame mi boca y lo beso, ansiosa de más.

Aparta la tela y pasea los dedos por mi mojado sexo. Me tiemblan las piernas por el ramalazo de deseo que me recorre entera.

—Joder, podría pasarme horas viendo tu carita de cachonda. —Sus ojos dorados están fijos en mí mientras mete un par de dedos dentro de mi sexo—. No veo que me revises las rodillas —me pica.

—Ahora mismo no puedo hacer nada coherente. —Se ríe mientras sus dedos entran y salen de mí—. Quiero tu pulgar en mi clítoris, y mete otro dedo. —Hace lo que le pido y muerdo mi boca para acallar mis gemidos—. Más fuerte. Quiero follarte los dedos más duro.

Baja la cabeza hasta mis senos y me devora mientras mete y saca los dedos con fuerza de mi interior. Muevo mi cuerpo para follarle los dedos, que cada vez estan más resbaladizos. Solo se escuchan las respiraciones y nuestros jadeos entrecortados.

—Brenan… —Estoy a punto, lo noto. Y quiero correrme.

—Aquí lo dejamos. —Aparta los dedos y se baja de la camilla.

—¿Se puede saber qué haces?

—Irme. Te espero al final del día en el vestuario. Hasta ese momento…, piensa en mí.

Me besa lentamente antes de irse dejándome cachonda.

Muy cachonda. Arreglo mi ropa y trato de concentrarme en otra cosa.

Lo bueno es que no pienso en Hank, y sé que Brenan lo ha hecho por eso.

Me conoce muy bien; el problema es que estoy cada vez más excitada y la necesidad de tocarme es grande.

No lo hago, porque quiero que sea él quien lo acabe.