Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 29. Lily
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Capítulo 29. Lily

Lily

Entro al spa del edificio y me sumerjo en el agua caliente tras una noche desasosegada soñando con Brenan. Lo echaba de menos en mi cama. He dado vueltas en sueños como si lo buscara en ella. Al despertar sola sentí un vacío en mi pecho. Lo cual es ridículo. No somos nada, salvo grandes amigos.

Amigos que se desean más que respirar. Miro hacia la ciudad por el gran ventanal y escucho pasos. Debe de ser algún otro vecino, aunque preferiría estar un rato más a solas. Me giro para ver quién acaba de entrar y veo a Brenan con solo un bañador oscuro.

Se me seca la boca, y más cuando se me acerca y acaricia mi nunca con esos dedos que ayer me follé.

—Buenos días.

—Buenos días. ¿Qué posibilidades había de que tuviéramos la misma idea esta mañana?

—Pocas, la verdad.

Se pone a mi lado mientras yo vuelvo a mirar a través de los cristales que muestran la ciudad desde esta última planta.

Siento su mirada clavada en mí. Por eso me giro a mirarlo.

Sus ojos dorados se ven más intensos con el agua.

Mis ganas de besarlo son enormes. Quiero acortar la distancia y pasar los dedos por su musculado torso.

Reprimir el deseo que siento me parece casi imposible cuando lo veo idéntico en su mirada.

Muerdo mi boca y respiro agitada. No es tonto, sabe que ahora mismo lo deseo más que a nada.

—Creo que me he cansado de agua —añado, porque es eso o lanzarme a su boca.

Asiente y aparta la mirada. No es tonto, sabe que me marcho para no hacer una estupidez. Salgo del agua y voy a por mi albornoz. Odio hacer esto. Marcharme solo porque lo deseo más que respirar. Interponer esta distancia porque el sexo tal vez lo joda todo.

Bajo a mi casa y me doy una ducha fría para ver si ayuda con mi calentón, pero no lo hace. Nada lo hace. El hormigueo entre mis piernas no cesa y no me deja concentrarme. Y, sobre todo, el echar de menos a Brenan.

Odio haber huido de él, por eso, cuando Ofelia me sugiere subir a su casa esta tarde a ver una película con Camelia, le digo que sí, decidida a recordar por qué hago esto.

Soy feliz con mis amigos. Muy feliz. Y llevo muchos años sola, no quiero que nada estropee esto.

He tenido los suficientes líos con hombres para saber que el sexo solo complica las cosas.

Brenan

Mi madre toca a la puerta de mi casa y entra con comida. Vamos a la cocina a guardarlo todo.

—¿Por qué tienes tantos libros a medias sobre la mesa? —pregunta cuando vamos al salón.

—Los tengo a medias con Lily.

—¿Y por qué no los acabáis?

La miro sin saber qué decirle. He visto a Lily estos días en su consulta.

Hemos hablado por mensajes, cosas triviales.

Pero no hemos vuelto a quedar para leer juntos o pasar tiempo los dos solos.

Nos estamos evitando, porque cuando estamos cerca el fuego arde entre los dos.

Y es una mierda. Es una mierda porque el fuego no se apaga y la echo mucho de menos como amiga.

Así que tengo un montón de libros empezados con ella que no seguimos porque cuando llegan las escenas eróticas, cortamos.

Lo dejamos a medias y empezamos otro. Como dos idiotas.

Los comentamos en mensajes y me siento cerca de la pared que da a su casa para escucharla.

Porque ella hace lo mismo. Lo dicho. Somos dos idiotas.

—Es complicado —respondo.

—¿Por qué? —Mi madre no me va a obligar a hablar, pero siempre nos lo hemos contado todo.

De niño fue quien más me apoyó; siempre me decía que yo era increíble y que no podía dejar que nadie me apagara. Lo intenté. Lo intenté, pero ahora sé que no con la suficiente fuerza.

—La atracción entre los dos es fuerte y no queremos joder las cosas en el grupo por ello.

—Claro. Y lo mejor es vivir a medias. Como siempre. —La miro agitado—. No me mires así. Toda tu vida has hecho lo mismo. Te aíslas en tus miedos y no dejas que nada ni nadie te saque de ahí.

—No quiero que esta atracción joda el grupo. Los dos sabemos que no me van las cosas muy bien con las mujeres.

—Tal vez con otras mujeres sea así, con Lily no lo sabes. Pero tú siempre te conformas. Para qué vivir la vida.

La miro enfadado.

—El sexo solo puede complicarlo todo y nos ha costado mucho tener esta familia…

—Deja de buscar excusas, Brenan, es lo que llevas haciendo toda la vida. No hago esto porque me da miedo. No hago lo otro porque tal vez fracase, no brillo más porque tal vez sea un fracasado. Ya basta. ¿No te cansas de autoboicotear tu vida? ¡Solo tienes una y la estás viviendo a medias!

La miro enfadado, aunque sé que tiene razón.

—No quiero perder a Lily.

—Pues es lo que estás haciendo. Por una vez, déjate llevar.

Si se jode todo, lo arreglas. Pero a veces hay que atreverse.

—Nos miramos a los ojos; somos muy parecidos—.

A mí me costó muchos años hacerlo, hijo.

Seguir mis sueños. Vivir mi vida… Y no quiero eso para ti.

No quiero que te pases años conformándote por miedo a dar el paso a lo desconocido.

Si ella te quiere, te seguirá adonde vayas.

Y si no lo hace es que nunca te mereció.

La miro sin saber cómo rebatir todo esto. Con Marta estoy descubriendo que llevo demasiados años quejándome de mi vida, de lo que me pasa, sin hacer nada. Sin cambiar nada.

Por eso sé que mi madre tiene razón.

Mi madre no dice más y mira los libros acabados para llevarse varios a su casa.

—Más te vale acabar todas esas novelas con Lily, y lo que tenga que pasar…, que pase, Brenan.

No digo más. No puedo. Y mi madre me conoce mejor que nadie.

Por eso no ha dicho nada hasta ahora. Hasta que me ha visto al borde de mis propios miedos.

Se queda un rato y comentamos novelas. Me encanta hacer esto con ella.

Cuando era pequeño y vio que no tenía muchos amigos, compró dos novelas iguales.

Me propuso leerlas y comentarlas. Me dijo que los libros podían ser muchas cosas, entre ellas un amigo fiel.

Y eso hicimos. Y luego otro, y otro.

Mientras leíamos me animaba a hacer amigos.

Lo intenté, joder, lo intenté muchas veces, pero nadie quiere ser amigo del rarito.

También lo intenté con Camelia, pero ella vivía sus propios miedos y luego empezó con mi hermano.

En casa éramos los tres. En el instituto, ella se esforzaba por estudiar y lidiar con sus fantasmas por ser la novia de alguien tan popular.

Hasta que llegó Kadet y no pidió permiso. Simplemente fue mi amigo, sin más.

Como con Lily. Tal vez por eso dudo tanto, porque mis amigos son pocos y me ha costado mucho hacerlos.

A pesar de eso, le escribo por la noche y le mando la foto de uno de los libros a medias cuando me quedo solo:

Brenan: ¿Vienes a leerlo juntos?

Lily: Lo dejamos cuando él iba a meterle la polla… ¿Crees que es lo mejor?

Brenan: Te echo de menos.

Veo los dos ticks azules de que lo ha leído, pero no responde. Voy a escribirle cuando suena el timbre de mi puerta.

Abro y ahí está, con una camiseta ancha y larga, descalza y con el libro entre las manos.

—Estoy lista.

La miro sabiendo que no puedo seguir evitándola, pase lo que pase.