Capítulo 28. Lily
Lily
Kadet: Prometí intentarlo, pero esto es demasiado bueno. Brenan y Lily se han besado en el vestuario.
Gif de una pareja besándose.
Ofelia: De verdad, Kadet, no sabes tener la boca cerrada.
Dugan: No sabe, no.
Camelia: Yo ya lo sabía. Sigo alucinando.
Brenan: De verdad, sois lo peor. Yo no comento vuestros besos.
Kadet: Sí lo haces. Te lo contamos todo. ¿Te ha gustado?
Brenan: No pienso responder a eso, y ahora cena y calla, que quiero disfrutar de mi comida sin sentir cómo vibra el móvil en mi bolsillo.
Kadet: Eres un aguafiestas. Ahora que he encontrado algo mejor para pasar el rato que comprar cosas…
Jeb: Me pienso comer vuestra cena como no paréis.
Dejo el móvil sin decir nada. Me encanta cómo son todos. Pero no pienso comentar, porque si lo hiciera tendría que admitir que ha sido el mejor beso que me han dado en la vida. Y es mejor así.
Estoy cenando con Camelia. Aunque se ha tomado bien lo del beso, veo el miedo en sus ojos. Miedo a que la caguemos. Pero, como amiga que es, intenta estar ahí. El problema es que no sé si puedo seguir al margen del deseo que siento por Brenan solo por ella. He abierto la caja de Pandora.
Después de cenar vamos hasta el pub donde el equipo está celebrando la victoria. Hemos pasado por casa antes para cambiarnos. Llevo un vestido de tirantes cruzados por la espalda. Es corto. Demasiado tal vez, pero esta noche me sentía atrevida y ardiendo.
El beso con Brenan me ha dejado deseosa de más. De mucho más.
Por eso, cuando llegamos al reservado lo busco. Lo veo en la barra con Kadet, Dugan y algunos jugadores más. Todos hablan de su carrera. De cómo destacó por encima de todo. Brenan me ve y me mira de arriba a abajo.
Su sonrojo me encanta, porque sé que recuerda nuestro beso.
—Enhorabuena —le digo cuando llego a su lado. Luego le quito la bebida y bebo por donde él bebía—. Delicioso. —Su mirada se oscurece. Me acerco a su oído—. No llevo bragas y quiero que lo compruebes.
A la mierda con todo. Cuando decidí hacer esto sabía que querría jugar.
Me separo de él agitada y excitada. Luego voy a la barra a pedir algo de beber sabiendo que Brenan estará ahora clavando sus ojos dorados en mi trasero e imaginando mi sexo desnudo.
Sentir su mirada me pone cardiaca. Me encanta este juego peligroso.
Bailo con Camelia y cuando Ander se me acerca comentamos el partido. Ha jugado muy bien; la pena es que tenga contrato con Hank. El problema es que él me cae bien y no quiero que se vaya y pierda esta oportunidad por mi culpa.
—Estás muy guapa esta noche. —Sus palabras son aduladoras. Y sería fácil dejarse llevar por él.
Lo he hecho otras veces. Decir: «¿por qué no?». Pero hoy no quiero. Ya no quiero conformarme más.
No quiero más Zacs en mi vida. Hombres por los que siento poco y espero sentirlo todo.
Cuando no existe nada, esperar que eso cambie de un día para otro solo sirve para que acabes metida en una historia que no sabes cómo romper.
No, el amor y la pasión son como el fuego.
Cuando lo tienes cerca, ardes. No puede arder lo que nunca estuvo destinado a ser hoguera.
—Lo sé.
Toco su pecho y me marcho. Se ríe cuando se da cuenta de que no va a pasar nada entre los dos. Busco a Brenan con la mirada y lo veo apoyado en la barra, mirándome serio.
Le hago una seña con el dedo para que me siga. Por suerte, el ambiente está caldeado y Camelia liándose con Dugan en unos sillones del fondo.
Brenan apura su copa y me sigue hacia los servicios. Andamos juntos y busco una sala vacía. Entramos y cierra la puerta. Luego me mira.
—¿Vas a comprobarlo?
—¿Es lo que quieres?
—Es lo que quiero.
—¿Qué más quieres? —Me cede el control. Me deja que yo controle la escena y el momento.
Lo veo apoyado en la puerta. Con esa camisa azul claro arremangada. Lleva unos pantalones de vestir negros que se ciñen a su trasero; está para comerselo y es todo mío. Al menos por esta noche, hasta que tal vez mañana nos despertemos y regrese la cordura.
Pero eso será mañana.
—¿Quieres mirar? —Levanto el vestido lo justo para que vea mi sexo—. ¿O prefieres tocar?
—Me he cansado de solo mirar, de solo recordarte cuando me corro, de solo ser tu amigo que se muere por tocarte. ¿Te vale con eso o te lo digo más claro?
Trago con dificultad y todas las alarmas se encienden en mi cabeza. Esto puede destruir al grupo si no lo sabemos controlar. Y sin embargo.
—Te quiero de rodillas y quiero que lamas cada gota de mi placer hasta que me corra en tu boca. ¿Entendido?
—Entendido. —Se acerca con una mirada hambrienta y me besa.
Le devuelvo el beso ansiosa por tocarlo por todas partes. Por sentirlo más cerca. Ahora que nos tocamos no sé cómo hemos podido aguantar tanto tiempo sin dejarnos llevar por esto. Sin dar rienda suelta a nuestros deseos más primitivos.
Sube las manos por la curva de mi trasero y me contoneo contra su duro cuerpo. Jadeo en su boca mientras me devora. Mete una mano bajo mi falda y me toca el sexo desnudo.
—Me dijiste que lo comprobara y eso hago. —Lame mis labios mientras sus dedos se pasean por mi sexo—. Joder, me vuelves loco…, no sabes cómo deseaba esto. —Gimo cuando mete un par de dedos dentro—. Ahora, a tus pies.
Lo veo arrodillado ante mí y me siento poderosa. Su mirada es hambrienta y cargada de deseo. Sube la mano por el interior de mis muslos y tantea el terreno antes de levantar el vestido y acercar su lengua a mi sexo. Me estremezco ante su lamida.
Y lo hace de nuevo. Una y otra vez. Tiro de su pelo mientras devora mi sexo como si fuera un experto en mí. Y tal vez lo sea, porque antes de este momento le he dicho todo lo que me gusta y está usando esa información para volverme loca.
Sobre todo cuando pasa la lengua por ese punto al lado de mi abultado clítoris y lo lame lentamente, en círculos, hasta que casi me corro una y otra vez.
—Brenan…
—No tengo prisa, llevo demasiado tiempo deseando tenerte así.
Mete los dedos en mi sexo mientras su lengua me lleva al límite una y otra vez. Tiro de su pelo. Me restriego contra su cara y me dejo llevar hasta que le suplico. El jodido sonríe y de nuevo me deja a medias.
—Por favor…
—¿Quieres correrte?
—Sabes que sí.
Sonríe, pero en vez de seguir se levanta y me besa para que me deguste en su boca. No deja de besarme mientras sus dedos entran y salen de mi cuerpo. Luego tira de mi vestido y deja a la vista mis pechos. Baja por mi cuello hasta atrapar uno en su boca y luego el otro.
Lo hace sin dejar de follarme con los dedos.
Estoy sudando por la necesidad de correrme.
—Brenan…
—Me encanta cómo me suplicas.
—Pues más te va a gustar cuando me corra en tu lengua. —Se ríe contra mi pezón, y luego tira de él con los dientes—. No puedo más.
—Puedes. Claro que puedes, te gusta esto. Te gusta que jueguen contigo. Me lo has dicho estas semanas. Te conozco mejor que nadie.
Lo sé. Se ha empapado cada información de mí para esto. Aunque tal vez nunca pasara.
Saca los dedos y los lleva a mi boca. Los lamo mientras tiro de su cinturón hasta que puedo liberar su polla. La cojo con la mano. La punta está muy mojada y esparzo ese jugo por su glande. Gruñe y me succiona las tetas con más fuerza.
Mi sexo da una sacudida ante la necesidad de que me llene. Pero sé que si diéramos ese paso no habría vuelta atrás. Por eso no se lo pido y él tampoco lo sugiere mientras subo y bajo las manos.
Estamos fuera de nosotros. Los dos estamos al borde del orgasmo.
—Córrete en mi mano —le digo y muevo más fuerte mi mano. Gruñe y dice mi nombre una y otra vez hasta que se corre. Luego saca un pañuelo y me lo da.
—Me toca. —Se arregla la ropa y luego se arrodilla ante mí y pasa mi pierna por su hombro—. Así mejor. —Pasa la lengua por mi sexo, que está chorreando—. Eres preciosa.
Mira mi sexo como si de verdad le gustara. Como si devorarlo lo pusiera tan cachondo como a mí. Cuesta encontrar a personas que no buscan su propio placer, que en el tuyo hallan el suyo propio.
Brenan lame de nuevo mi sexo. Mete la lengua todo lo que le permite mi abertura y me folla con ella entrando y saliendo de mi cuerpo mientras sus dedos hacen círculos en mi abultado clítoris y de pasada tocan ese jodido punto.
—Brenan…, no puedo más.
Sonríe contra mi piel y luego me devora hasta que me corro en su cara mientras muevo mi cuerpo contra su cara.
No recuerdo la última vez que disfruté tanto de un orgasmo así. Que me sentí libre de dejarme llevar sin pasar minutos fingiendo que todo era perfecto. Aquí no he tenido que interpretar un papel. Con él solo soy yo misma.
Brenan
Tras arreglarnos la ropa no hemos tenido fuerzas para salir de aquí.
Para afrontar la realidad de ser amigos.
De no dejar que esta lujuria joda todo. Lo mandaría todo a la mierda si estuviera enamorado de ella.
Pero no sé si lo que siento es amor. Nunca he amado a nadie.
Solo sé que la deseo tan ciegamente que me duele no poder tocarla. ¿Es eso amor? No lo sé.
Por eso quiero ir con cuidado y la conozco lo suficiente para saber que ella tampoco quiere cometer errores.
No está en juego solo nuestra historia. Nuestros amigos no se merecen que les estropeemos todo, y menos ahora que está a punto de nacer el miembro más joven del grupo.
Estamos todos bastante nerviosos con la llegada del pequeño Ian Brown.
Por eso aquí estamos.
Ella está acurrucada en mi cuerpo. Yo, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared mientras acaricio su espalda. La quiero, joder, la quiero más de lo que recuerdo haber querido a nadie, pero no sé dónde está la línea entre amar a una amiga y quererla como a nadie.
—¿Qué te pasó en el campo?
—No sé si quiero hablar ahora de eso.
—Si no me dices cómo te sientes, no te enfrentas a tus miedos. Vamos, di, ¿cómo te sentiste?
—Pequeño. Me hago cada vez más pequeño mientras recuerdo todos los insultos y cuando oigo como los de las gradas los repiten.
—Los he escuchado. Me ha costado mucho no hacerle una nariz nueva a un idiota que estaba detrás de mí.
—La violencia solo trae más violencia. Ya lo intenté. —Me mira curiosa.
—¿En serio? —Asiento—. Cuéntame la historia.
Paso los dedos por su espalda desnuda y dejo mi mente vagar por los recuerdos.
—Cuando empecé la universidad esperaba que todo fuera diferente.
Que tras dejar el instituto la gente fuera más madura, y en cierto modo así fue, pero en el equipo de béisbol de la universidad había un idiota de segundo año que me hacía la vida imposible.
Un día me cansé y acabé por pelearme con él.
Acabamos expulsados, y lo peor es que cuando pasó todo me sentí rebajado a su nivel.
Sobre todo cuando me di cuenta de que algunos compañeros me miraban con miedo.
Joder, yo no era así. Había estallado tras años de insultos. No me gustó verme así.
—Es normal. Y comprensible. Dime que el capullo lo pasó mal, por lo menos.
—No lo cogieron para la liga profesional. No era malo, pero tampoco excelente. Cuando a mí me ofrecieron jugar, rabió como el que más. Ahí es donde le gané, no en cada puñetazo.
—Eso es cierto, pero yo disfruté cuando a la capulla de mi clase le corté el pelo. —La miro y sonríe de forma maliciosa.
—Admito que disfruté un poco rompiéndole la nariz. —Se ríe—. Pero no es así como quiero ser.
—Te entiendo. Y ahora tienes que ser el mejor y dar a toda esa gente con el título en las narices. Aun así, nunca dejarán de criticarte. Porque solo critica el que es infeliz, y por desgracia hay mucha gente que no sabe ser feliz.
—Eso es cierto, y ahora vámonos o van a cerrar la discoteca con nosotros dentro.
Se levanta y luego yo. Salimos y no queda ni uno solo de nuestros amigos.
Mejor. Hay poca gente ya bebiendo y bailando.
Salimos del local y vamos andando hasta nuestras casas.
Al llegar a su puerta quiero colarme dentro, dormir con ella, seguir donde lo hemos dejado, y por su mirada hambrienta sé que ella también.
Pero es mejor dejar esto aquí. Por eso le doy las buenas noches y me marcho a mi cama solo y sin poder dejar de pensar en ella. En su cuerpo y en cómo me falta cerca.