Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 27. Lily
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Capítulo 27. Lily

Lily

Primer partido de la liga y estoy muy nerviosa. Como si fuera a jugar yo. Me miro con la camiseta de Brenan puesta. Me la regaló. Una de él de verdad. Una de las suyas. Me encantó el detalle, y que quisiera que hoy la llevara.

Nos hemos visto y hemos hablado todos los días.

No hemos vuelto a insinuar nada erótico, y no por falta de ganas.

Cada vez que leemos juntos una escena erótica, lo miro, me mira y ardemos juntos.

Pero sé que no me podría conformar con mirar.

Que si se tocara delante de mí querría ser yo quien lamiera su placer con la lengua y le exigiría que probara el mío.

Creo que a él también le pasa lo mismo, por eso solo nos miramos mientras esperamos que el deseo se apague por arte de magia.

Camelia toca a mi puerta y nos vamos juntas tras coger mis cosas.

Brenan ha hecho un gran esfuerzo subiendo vídeos.

No lo hace todos los días, pero cada dos días sube algo.

O sale haciendo ejercicio o entrenando. Kadet le graba con la cámara vieja esa que encontró en el campo, y desde la que ha conseguido pasar luego todo a su móvil.

Bueno, Ofelia lo ha ayudado bastante, que sabe más de estas cosas que él.

Estoy deseando saber si ha dado sus frutos.

Llegamos y hay mucha gente. Vamos hasta las gradas, cerca de donde está nuestro equipo. Veo, nerviosa, cómo salen a calentar. Camelia le grita a Dugan y este se acerca para saludarla. Veo a Brenan salir con la gorra bien calada. Se gira a mirarme:

—Menudo culo tienes —le digo. Brenan se sonroja. Camelia me mira con los ojos muy abiertos—. A los amigos se les puede decir piropos.

—Claro, claro.

Y follárselos con la mirada, pero esto no se lo digo, no quiero asustarla.

El partido empieza y Dugan hace un lanzamiento espectacular. Cuando le toca a Brenan, mira a la cámara. Luego toca el bate, nervioso, y cuando lanza lo hace bien, pero no espectacular. Al correr veo como deja caer el peso sobre su rodilla más debilitada.

—Nunca será como su hermano. Siempre vivirá a su sombra —dice alguien tras de mí.

—Será mejor —le respondo.

—Claro. —Se ríe y con él el resto de las personas que están a su lado.

El partido sigue y cuando le toca otra vez, el capullo de detrás empieza a hacer «uuuuuu» con la boca. Cabrón.

Brenan se coloca en posición y el idiota de detrás sigue con su «uuuuuu». Odio esto, que la gente venga a ver a su equipo y en vez de apoyarlos los humille como si ellos fueran a hacerlo mejor. Brenan golpea la bola con fuerza, pero de nuevo no roza la excelencia.

—Ahora vengo —le digo a Camelia cuando se van al descanso.

Voy adonde el equipo y entro al vestuario tapándome la cara. A ver, a mí me da igual ver culos y penes, pero dudo que a ellos les guste.

—Busco a Brenan, si alguien me puede llevar con él.

—Yo te llevo. —Jeb me lleva junto a mi amigo—. No quiero saber qué narices haces aquí, pero sea lo que sea, a ver si consigues que dé lo mejor de él mismo. —Se detiene—. Todo tuyo.

Abro los ojos y veo a Brenan sentado observándome.

—Prometo que no estoy aquí para ver tíos desnudos.

Que podría…, pero no es el caso. —Voy hasta su lado y me arrodillo ante él—.

Estás jugando de pena y estás forzando de más esta rodilla.

—La toco y veo su gesto de dolor—. Tienes que olvidarte de todo y de todos.

Ser egoísta. Y disfrutar. Sin que importe si la cagas, porque ya la estás cagando y parece darte igual.

—En sus ojos dorados brilla un poco de diversión.

—Eres pésima animando a la gente, pelirroja.

—Lo sé, lo que quiero decir es que sé que quieres ser mejor. Sé que quieres romper las barreras…, y no lo harás si dudas de ti.

Nos miramos a los ojos con intensidad. Su mirada se centra en mi boca y la mía en la suya. Llevo demasiados días negándome esto. Negándome lo mucho que deseo a este hombre. Aprieto los dedos sobre su pantalón. No quiero dejarme llevar…, no quiero, pero tal vez lo que necesite sea una distracción.

—Solo lo hago para distraerte —se lo digo cerca de su boca y la razón me grita que pare. Que esta línea costará cruzarla de nuevo.

El problema es que llevo demasiados días buscando una excusa para estar en este punto con él. Para hacer justamente esto.

Por eso me dejo llevar y lo beso.

Su boca es tan suave como esperaba y lo que siento al besarlo es increíble.

Profundizo el beso perdida en la sensación de sentir sus labios bajos los míos.

Tiro de su pelo y meto la lengua en su boca arrasando con todo.

Brenan no se queda corto. Me besa como si llevara sediento toda la vida.

Nos perdemos el uno en el otro. Tiemblo de deseo, ardo por este hombre y me siento flotar.

—Ejem —dice Kadet—, nos toca salir.

Me separo de Brenan y me levanto.

—Más te vale darlo todo fuera. Si lo haces…, te daré un premio.

—Y yo me puedo imaginar por dónde irá ese premio —añade Kadet.

—No seas mal pensado.

—Ya, ya…, que nos conocemos.

—Intenta no contar esto a nadie.

—Intentarlo puedo, lograrlo no te lo aseguro. —Su sonrisa es más amplia. Doy por hecho que todo el mundo sabrá del beso por él.

Salgo del vestuario y regreso a mi sitio agitada. Nerviosa y sintiendo que estoy flotando ahora mismo. Y lo peor es que necesito más. No he tenido suficiente con este beso.

—He besado a Brenan —le suelto a Camelia, que escupe su bebida—. Solo un beso de amigos. Para que dejara de rayarse. Nada más. Kadet nos ha pillado, así que mejor que lo sepas por mí.

—Ah… ¿Y te ha gustado?

—¡A quién no le gustaría besar a ese hombre! Pero no va a volver a pasar.

Me mira como diciendo: «¿Segura? Porque yo no». Centro la atención en el partido sintiendo los labios de Brenan aún sobre los míos y sabiendo que daría lo que fuera por un beso más…, o mil más.

Brenan

Salgo y me coloco para lanzar. Miro hacia las gradas y ahí está Lily gritando mi nombre.

Mi mirada va a su boca, joder, qué beso.

No podía pensar en otra cosa y dudo que lo haga ahora mismo.

Solo pienso en volver a ese instante y no solo besarla.

No hacer nada estos días ha sido una tortura, pero la deseo tanto que me duele.

No sé si puedo volver ahora a eso sabiendo cómo es besarla. Cómo es tenerla entre mis brazos, derretida por lo que hacemos juntos.

Pero eso será luego. Ahora tengo que tomar aire y dejar de machacarme. Dejar de escuchar a todos los capullos que me gritan desde la grada y me insultan como si por ser famoso no me doliera.

Quiero dar lo mejor de mí, pero tengo miedo, miedo de fallarme. Miedo de no alcanzar el éxito y no saber manejarlo.

Joder, soy idiota.

Sujeto el bate y trato de no pensar. De dejarme llevar, de disfrutar, como cuando jugaba de pequeño en casa de Camelia con mi hermano. Cuando no importaba si éramos los mejores. Éramos felices jugando juntos.

Puedo hacerlo.

El lanzador se prepara para tirar. La primera siempre la hace mala. Su bola buena suele ser la segunda. Por eso la primera la dejo pasar. Y cuando lanza la segunda vez, solo existimos los dos. No escucho a la gente, no veo las cámaras y no me veo enfocado en la gran pantalla.

Solo estamos los dos.

La bola viene hacia mí. Es perfecta, puedo hacer un gran lanzamiento.

Y entonces la golpeo con mi bate y la gente contiene el aliento mientras sale disparada hasta una de las zonas ideales. Echo a correr a la primera base. Luego a la segunda. Y no me lo pienso y corro a la tercera y última.

He conseguido una nueva carrera para mi equipo. Y, por un momento, no he escuchado nada. Ni los gritos. Ni las voces…, nada. Era solo yo con mi respiración agitada y mis metas.

Miro hacia Lily, que grita como la que más. En sus ojos veo admiración. Me encanta ver eso en su mirada. Y me debe un premio. Por su sonrisa sé que está pensando lo mismo.

A la mierda con todo. Me he cansado de estar al margen en todos los aspectos de mi vida. Es hora de jugar en serio.