Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 25. Lily
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Capítulo 25. Lily

Lily

Brenan no ha dejado de mandarme vídeos. No hemos hecho más cochinadas, pero no por falta de ganas. Lo deseo tanto que me duele mirarlo y no dejarme llevar. Pero es como si los dos supiéramos que ya no basta con mirar y que dar un paso más será peligroso para tener las manos apartadas del otro.

Ayer por la noche llegaron y hoy están entrenando. Estoy deseando verlo. Hablar con él y sentirlo cerca. Nunca he sentido esta conexión con ningún hombre. Este deseo de devorarlo lentamente y a la vez hablar con él hasta que me duela la garganta.

Acabo unas cosas de trabajo y me marcho a la cafetería a por algo de comer.

Hoy no veo a Ofelia por ningún lado. Debe de estar descansando; el embarazo a veces le da mucho sueño. Miro hacia el campo de juego y no veo a Brenan. Esta tarde iré a su casa o le diré que venga a la mía.

Escucho pasos tras de mí y me giro esperando que sea Brenan. Mi sonrisa muere en la boca al ver de quién se trata. Hank.

—¿Qué haces aquí? —digo casi sin voz.

Verlo es volver a sus miradas lascivas. Al miedo de que un día no solo mirara. Al horror de no poder librarme de él. Noto cómo se me oprime el pecho y siento deseos de gritar y llorar al mismo tiempo.

—Tengo negocios aquí. Uno de mis chicos es ahora uno de vuestros bateadores.

Hank tiene a varios jugadores a los que les ofrece seguimiento médico, ellos pagan una cuota y les hace revisiones periódicas. La clínica de Hank es una de las mejores. Por eso aprendí tanto. El problema es él.

—Hablaré con él para que rompa todos los lazos contigo.

—No vas a hacer eso. —Se me acerca y trata de tocarme. Le pego en la mano.

—Ni se te ocurra tocarme.

—Ni a ti amenazarme. Hemos roto los lazos, dijiste que no harías nada si te librabas de mí como prometido y no hacía nada contra ti, y lo he cumplido.

Pero no te librarás de mí. Tú solo me pediste que te dejara libre…

y lo eres. No te cruces en mi camino, Rivera, o el que ahora jurará destruirte seré yo.

Que me haya llamado por el apellido de mi padre no es coincidencia. Lo hace para recordarme que ellos saldaron su deuda gracias a él y que si quiere puede destruirlos.

Me quedo callada viendo cómo me devora con la mirada. Odio esa mirada. Siento asco y deseos de gritar. Yo, que no me callo nunca, ante él me quedo petrificada por el asco que siento.

Se marcha y es entonces cuando veo a Brenan. Nos mira agitado y paralizado. Veo el asco en sus ojos, la rabia y la ansiedad. Hank se aleja y me acerco a Brenan.

—No me toques —dice agitado—. Solo soy un idiota. —Aprieta los puños y pongo mis manos en ellos—. Dugan me dijo que un tal Hank estaba aquí y pensé que no podía ser él, pero por si acaso… ¡Y me quedo mirando! ¡Mirando cómo te haces pequeña!

Pongo mi mano en su mejilla.

—Me ha pasado. ¿No has visto cómo me ha paralizado?

—Y no he podido defenderte…

—Brenan —apoyo mi frente en la suya alzándome para estar a su altura—, estás aquí, es lo que importa.

—¿De verdad? Porque estoy cansado de ser así. —Se separa—. Quiero estar solo. —Duda y se acerca para darme un abrazo—. Solo un momento.

Veo el dolor en sus ojos y lo dejo ir. Al poco me llama el padre de Camelia para que vaya a su despacho. Entro cuando me lo indica la secretaria. El señor Evans me mira, como siempre, con cariño.

—Mi hija me ha contado lo del señor Hank. Me ha exigido que no pise este estadio.

—Bueno, ella es así de intensa con los amigos.

—Si es lo que quieres, lo haré, pero si lo hacemos, perdemos a un buen bateador.

Solo se queda si puede seguir con el tratamiento de la clínica del señor Hank, porque por contrato no puede romperlo.

—No digo nada y sigue hablando—. Casi todos los jugadores aceptan dejar atrás a sus médicos y tratarse con los del equipo.

Pero hay excepciones. Y esta es una de ellas. Tú estás por delante. ¿Qué hacemos?

—Egoístamente lo quiero lejos, pero Ander es muy bueno. Puedo con esto. Solo tengo que ser más fuerte que él.

—Lily. No tienes que hacer esto sola. Si te toca, o te menosprecia…, está fuera.

—Gracias. Nunca hizo nada. —Miro mis manos y luego a él—. Solo me miraba. Solo eso…

—Todos sabemos leer miradas, Lily. Que no te tocara no cambia la forma de observarte ni sus oscuros deseos. Haré lo posible para que no se te acerque.

—Gracias.

Salgo y me siento un poco tonta. Pienso si lo imaginé todo. Si pude sentir tanto asco y ansiedad solo por su forma de mirarme. Eso no es una violación, ¿no?

—Eh. —Miro a Brenan, sentado en una de las sillas de la sala de espera. Voy hasta él y me siento a su lado.

—Vaya mierda.

—De las grandes. Y tienes un amigo de mierda que no tiene los huevos de ir a él y decirle cuatro cosas…

—Primero, puedo librar mis propias batallas. Y segundo, no quiero que seas quien no eres. Te quiero así.

Me mira y parece más aliviado.

—Yo también te quiero, pelirroja.

Nos miramos. Hay mucha intensidad entre los dos. No hacemos nada. Solo nos quedamos aquí, cogiendo fuerzas. Ninguno de los dos tiene ánimo de moverse ahora mismo y así está bien. También cuando acerco mi mano a la suya y nos acariciamos levemente.

Estamos a un paso… de cagarla.