Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 24. Lily
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Capítulo 24. Lily

Lily

Estoy en casa de Camelia viendo el partido de los chicos. Es de pretemporada. Van a estar fuera una semana, jugando varios partidos. Se me va a hacer cuesta arriba estar sin Brenan cerca. Me he acostumbrado a verlo casi cada día.

Aunque no hemos hecho nada más, el deseo cuando lo miro está ahí, latiendo con fuerza por todo mi ser.

En estos días hemos leído juntos y no hemos incitado a que pase nada más.

Brenan ha grabado varios vídeos para sus redes. Como era de esperar en un mundo donde la gente gente tras una pantalla es muy valiente, lo han insultado por su timidez y porque a veces se queda parado. No saben el esfuerzo que está haciendo al mirar a la cámara y olvidar sus miedos.

Ha estado viendo a Marta, la psicóloga, y sé que es un gran paso para él.

El partido empieza y me muerdo las uñas de los nervios.

Algo que nunca hago, pero quiero que Brenan brille con fuerza.

Quiero lo mejor para él. Por eso, cuando lanza y mira a la cámara, se me detiene el corazón: ahí está esa mirada que le retrae, que le hace ser demasiado consciente de lo que le rodea.

Se prepara para golpear la bola. Toma aire y falla la primera.

—Está muy nervioso, hay más cámaras que nunca en el campo —observa Camelia.

—La gente quiere ver cómo tu padre saca adelante un equipo con gente que está cerca de su jubilación deportiva.

—Pues que vean cómo triunfa.

Brenan golpea la bola con fuerza y echa a correr.

Lo ha hecho genial, pero ese instante de duda, de miedo, de inseguridad, marca la diferencua entre lo excelente y lo espléndido.

Animamos como si estuviéramos allí. Ofelia llega a mitad de partido y trae algo de comer.

Estaba un poco cansada por el embarazo y se echó a dormir un poco.

Su pequeño es enorme. Normal, viendo a su padre.

No descartan que se adelante algo, porque ya va por encima de la media, solo hay que mirar su tripa.

La acaricio como si así pudiera tocar al bebé y cenamos las tres juntas viendo el partido. Al acabar me marcho a mi casa y mando un mensaje a Brenan. Tengo que sacarlo de su confinamiento autoimpuesto:

Lily: Espero un vídeo tuyo sexi. Si lo haces, te daré otro a cambio y te contaré algo que me excita mucho.

Lo veo, pero no comenta y temo haberme pasado.

Estoy leyendo pasada la medianoche, cuando me llega un vídeo.

Con dedos temblorosos pulso y veo a Brenan solo con los pantalones de chándal grises.

No lleva camiseta y por cómo se le marca la polla sé que tampoco ropa interior.

Se ha tapado media cara con una braga negra con una sonrisa siniestra.

Joder. Se toca levemente hasta llegar a la goma de sus pantalones y meter la mano dentro.

Luego veo cómo sube y baja los dedos. No hay mucha luz, pero sí la suficiente para hacerme arder.

Joder, estoy muy excitada.

Termina el vídeo y lo odio por dejarme a medias.

Cojo la cámara y la pongo de forma que se ve mi cuerpo.

Luego, cuando está grabando, me subo la camiseta hasta que se ve el bajo de mis pechos y me meto la mano dentro de los pantaloncitos cortos.

Me toco y me paro. Como él. No pienso hacer nada que él no haga.

Lily: ¿Seguimos en una videollamada?

Espero más de cinco minutos desde que lo lee. Estoy nerviosa y temo joderlo todo. Pero entonces me llama y lo veo ante la cámara. Se me seca la boca. Es tan guapo que duele mirarlo.

—Estamos jugando con fuego —dice como si llevara esos cinco minutos dándole vueltas a todo esto.

—Lo sé. Pero quiero quemarme contigo. ¿Tú no?

—Solo si no te pierdo —admite sincero, y me encanta que diga lo que piensa.

—Prometido. Pase lo que pase, volveremos a ser los mejores amigos. Promesa de scout .

Asiente y pongo el móvil de forma que graba entero. Intuyo que se ha llevado un trípode. Hago lo mismo y enfoco mi cama.

—Quiero que sigas donde lo dejaste —le pido, y lo hace tras subirse la braga. Mete la mano en su pantalón y se toca—. Quiero verte.

—Y yo a ti.

Me quito la camiseta y sus ojos se oscurecen al ver mis tetas. Siempre me mira como si fuera la mujer más hermosa que ha visto en su vida. Podría vivir en esa mirada horas. Perdida en ella sin cansarme, me hace sentir dichosa.

Veo como se baja el pantalón y sube y baja su mano.

—¿Qué me pedirías que te hiciera si estuviera ahí? —Lo miro asumiendo este nuevo rol.

—Abriría las piernas y te pediría que lamieras cada gota de placer de mis muslos.

—¿Solo de tus muslos? —Sube y baja su mano y veo como se moja su glande.

—No. —Tiro de mi ropa y me muestro desnuda ante él—. Querría que pasaras tu lengua por aquí. —Acaricio con la punta de los dedos mis pliegues mojados—. Luego, que me abrieras con tus dedos y me lamieras de arriba abajo.

Su respiración se agita y las sacudidas de su mano son más rítmicas.

—¿Qué más?

—Me gustaría que metieras un par de dedos mientras me torturas con tu boca por fuera. —Meto un par de dedos dentro con una mano y con la otra me acaricio como si fuera su lengua.

Jadeo y me froto contra mis dedos. Estoy sudando y muy caliente. Lo miro. Sus movimientos son más violentos: está cerca de correrse.

—Luego sacarías los dedos y los llevarías a mi boca.

—Lo hago y gruñe—. Para pasarlos mojados sobre mis pezones antes de devorarme las tetas con gula.

—Tiro de mis pezones—. Cuando te suplico, regresas entre mis piernas y entonces metes tu lengua dentro de mí mientras con tu dedo acaricias ese punto que me gusta tanto cerca de mi clítoris y te bebes todo mi orgasmo.

Meto los dedos dentro y me acaricio donde me gusta. No dejo de follarme la mano hasta que me corro imaginando que es su boca. Lo miro de reojo y veo que ha cogido papel para correrse con su mano. Joder. Quiero estar ahí. Besarlo. Hacer todo esto que he dicho.

Me acabo de correr, pero no es suficiente, con él siempre quiero más. Siempre ansío más.

* * *

Tras limpiarnos, nos ponemos cómodos sin dejar la llamada y hablamos.

—Me quedé paralizado un segundo antes de batear. —Lo miro a los ojos. Odia que le pase esto.

—Lo noté. No puedes esperar que todo cambie de la noche a la mañana. No es fácil cuando llevas años viviendo en la comodidad de tus miedos.

—Tener miedos no es cómodo, Lily.

—No lo es, no, pero es conocido, y te da tanto miedo lo desconocido, que incluso sufriendo prefieres quedarte ahí. —Va a rebatírmelo, pero luego asiente—. Cuando yo era pequeña, se metían conmigo por mi pelo.

—¿Y qué hiciste? —Sonrío, porque me conoce bien.

—Primero llorar y odiar mi pelo. Tratar de tintarlo con tizas… Hasta que una profesora me dijo: «¿Qué son para ti esos niños?». «Nadie», le respondí, y me dijo: «Pues no dejes que alguien que nunca será nadie para ti te destruya. Eso le estaría dando demasiada importancia».

—En eso tenía razón.

—Sí. Esa gente no me quería, seguramente me envidiaba, porque yo era única y lo sigo siendo.

—Se ríe—. Había pensado cortarme el pelo por su culpa…

y en un arrebato, cuando tuve delante de mí en clase a la cabecilla de todas ellas, le corté la trenza.

—Me mira sorprendido y luego se ríe—. A ver, me castigaron, pero mereció la pena por ver su cara horrorizada.

—Sin duda. Y tus padres, ¿cómo se lo tomaron?

—Nada bien, pero me dijeron que tampoco estaba bien que se metieran conmigo.

—¿Qué relación tienes con tus padres? —pregunta intrigado.

—Los quiero, pero con lo de Hank algo se rompió entre nosotros.

—Entiendo, para salvarse te expusieron a ese hombre…

—Un hombre que me miraba desde niña como si quisiera desnudarme —admito—. Me pasé cada día temiendo que me violara. No lo hizo, nunca me tocó, pero cada mirada… era como si de alguna forma lo hiciera.

—Y ellos te pusieron en esa situación cuando debían protegerte.

—Sí, y, bueno, intentar olvidar a ese hombre me llevó a acostarme con idiotas solo por joder. Pero eso solo me dañaba a mí. Y lo sigue haciendo; acabé con Zac solo por decirle a Hank: «No soy tuya. Mi novio es otro». Y eso solo me hacía daño a mí.

—Te entiendo. Yo estaba con Vivi forzando las cosas porque quería sentir que alguien podía amar a este parado.

—Yo seguro que podría llegar a quererte. —Sonríe. Me sonrojo—. Creo que nos confundimos al buscar citas para el otro. Estas cosas no se fuerzan.

—No.

—Y soy feliz. —Cuando digo esto lo miro—. No era feliz con él.

—Ni yo con ella. —Nos miramos con tanta intensidad que no digo nada. Algo raro en mí, pero esta vez solo quiero mirarlo y perderme en sus ojos dorados—. ¿Te dijeron tus padres qué los llevó a pedirte eso? Dudo que fuera solo por dinero.

—No fue solo por dinero. Pero tampoco querían perder su posición social.

Hank era amigo de un amigo de mi padre. Les había prestado dinero otras veces.

Y, bueno, cuando mi padre tuvo problemas, temía perder las empresas y en ese caso no solo él saldría perjudicado.

Prometerme con Hank salvó a mucha gente. Pero eso no alivia los años de miedo.

—Entiendo que no.

—Mis padres le han devuelto todo, y con intereses, pero Hank no quería romper sin hacerme daño. Sin joder mi carrera.

—Es un desgraciado.

—Lo es, sí. Pero ha pasado. Con suerte no lo volveré a ver en mi vida.

—Esperemos que no. Si no, siempre puedes cortarle el pelo. —Me río.

—Con él me hago pequeña —admito—. Me anula. Porque le tengo mucho miedo.

—Sé lo que es eso. Pero si yo puedo con esto…, tú también. —Asiento y dejo de pensar en Hank. Sacamos otro tema.

Seguimos hablando hasta que el sueño nos sacude a ambos.