Capítulo 23. Brenan
Brenan
Kadet me mira con una sonrisilla.
—No puedes seguir enfadado por mi vena cotilla.
—Claro que puedo. —En realidad no lo estoy, porque sé cómo es, pero me gusta picarlo—. Yo no te hubiera metido de nuevo en el grupo.
—Ofelia sabía que no la dejaría dormir.
—Eres un pesado —añade mi hermano, sonriente.
Nos cambiamos tras un día largo de entrenamiento.
Y al salir le digo a Lily que la espero en mi coche para llevarla a un sitio.
Mientras aguardo miro las redes y subo un vídeo desde el coche donde hablo de mi entrenamiento.
Me cuesta la vida. Me sudan las manos y cuando lo subo solo miro lo mal que salgo.
Y todos los insultos que me han lanzado en toda mi vida aparecen cuando pienso que parezco idiota.
—Ya estoy aquí. —Lily entra y al verme mal me quita el móvil y coge mi cara entre sus manos—. Eh, respira. —Lo hago mientras me acaricia las mejillas y me centro en sus ojos verdes. Poco a poco dejo de escuchar a mis demonios—. Vamos, vuelve a mí o te enseño las tetas.
—¿Esa es tu solución para todo? —pregunto divertido.
—Qué le voy a hacer, me gusta cómo las miras. —Más tranquilo, veo como se pone el cinturón—. ¿Qué mirabas?
—He subido un vídeo a redes.
Lo mira con su móvil y me deja corazones. Luego escribe:
El hombre más sexi del planeta.
En seguida su comentario se llena de «me gustas».
—Lo estás haciendo, y para alguien como tú, es un gran paso.
Aprieta mi mano y me voy serenando. Pongo el coche en marcha y decido no pensar en el vídeo.
—¿Te molesta que les haya contado a estas lo nuestro?
—No, yo lo hablo con mis amigos. Al final se iban a enterar igual.
—Eso sí. Y no hacemos nada malo, no nos hemos tocado.
—Para nada.
Sonríe, porque los dos sabemos que estamos a un paso de cagarla. De dejarnos llevar y mandar todo a la mierda. Y la verdad es que cada vez me importa menos.
Llegamos y aparco en una zona poco concurrida. Me pongo la gorra bien calada y salimos del coche. Lily se pega a mí y me encanta rozarla con cada paso. Cuando me mira, devora mi boca y yo la suya.
Llegamos a la librería a la que quise llevarla hace semanas, y en cuanto entra agranda los ojos.
—¡No esperaba algo así aquí! No lo parece por fuera. —Mira las estanterías emocionada. Sabía que le encantaría—. Vamos a buscar nuestra próxima novela cochina. —Tira de mi mano y enredo los dedos con los suyos.
Miramos varios libros. Descarta todos de los que no tienen más que un ejemplar para poder llevarnos uno para cada uno. Al final acabamos con un montón de novelas.
—Tengo un subidón increíble ahora mismo. Comprar libros me excita. —En cuanto lo dice se ruboriza—. Lo que quiero decir…
—Sé lo que quieres decir. Ahora vamos a tomar tortitas.
Montamos en el coche y vamos a la cafetería de tortitas favorita de Camelia. Por eso no me extraña verla aquí con Jeb. Nos sentamos a la mesa juntos y pedimos muchas tortitas y varios sabores.
—¿Dónde habéis estado? —indaga Camelia.
—Comprando libros.
—Cómo se notan las ganas que tenéis de leer juntos —apunta Jeb.
—Es que leer solo está sobrevalorado.
—No quiero pensar lo que tenéis en mente —añade Camelia. Traen las tortitas y manda una foto de los cuatro al grupo. Kadet es el primero en comentar.
Kadet: Ya os vale ir sin mí. Si pasa algo interesante, haced una videollamada.
Ofelia: Tengo antojo de tortitas.
Kadet: ¡No me jodas! Ahora os veo…
Estamos por la mitad cuando aparece Kadet y pide tortitas para llevar. Se sienta a nuestro lado y Jeb le dice:
—Han ido a comprar libros guarros.
—¡Eso, tú dale alas! —interviene Lily.
—De verdad, creo que tengo el peor grupo de amigos del mundo —añado, rojo como un tomate.
—Camelia, no quiero que te asustes por lo que voy a decir —replica Kadet—. Pero estos dos —me roba las tortitas y se las come— están a esto —junta dos dedos separados por poco— de follar.
—Prefiero hacerme la tonta. —Camelia no deja de comer y Kadet se ríe mientras se come nuestras tortitas.
Cuando le dan el pedido, se marcha y no ha dejado nada.
—No sé como lo soportamos de amigo —apunta Jeb divertido.
—Ni yo a vosotros —añado, y se ríen—. Lo digo en serio. Un día os saco del grupo a todos.
—A mí no, que soy parte afectada en esto. —Lily se toca la tripa hinchada—. Os seré sincera. Menos mal que Kadet nos ha ayudado, porque nos hemos pasado tres pueblos pidiendo.
—Cierto, pero esto mejor no se lo decimos al grandullón —añade Camelia, también llena.
Vamos hasta el coche y llevo a Camelia y a Jeb, que habían venido andando. Nos despedimos en el ascensor y ando hasta mi casa con Lily.
—¿Te espero para cenar? —le digo.
—Me apunto.
Entra a su casa para cambiarse y al poco viene con ropa cómoda. Como era de esperar, no tenemos hambre, era una simple excusa para que viniera. Leemos un rato. De momento, nada erótico. Al poco alza la cabeza del libro y me mira.
—Te marchas en unos días para jugar. ¿Me echarás un poco de menos?
—Un poco —miento, porque la echaré mucho de menos, lo que me hace pensar en Vivi. Con ella no me pasaba esto, pero me quedé a su lado por si todo cambiaba.
—¿Qué piensas?
—En que a veces las cosas nos salen mal por idiotas. Las señales están ahí, pero es más fácil no verlas.
—En eso tienes toda la razón. Lo real no se fuerza, simplemente existe. —Su mirada se centra en la mía y sé que los dos estamos pensando en nuestra atracción, en lo real que es, y en que a pesar de todo ha sobrevivido a cada uno de nuestros escudos.