Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 21. Lily
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Capítulo 21. Lily

Lily

No he empezado a leer y ya estoy cachonda perdida.

La culpa la tiene ese metro noventa de testosterona.

Joder. Estoy ardiendo y aún no hemos leído nada.

Brenan se me acerca y se sienta en el otro sofá, como si necesitáramos la distancia para no cometer estupideces.

Como si leer marrano con él y tal vez tocarnos no lo fuera.

—¿Empezamos?

—Sí.

Estoy nerviosa, y esto me gusta mucho. Este juego.

Me saca de mi zona de confort. De mis aburridos encuentros sexuales.

Porque la erótica no es solo meterla, el juego de la seducción es lo que a mí me marca la diferencia.

Por eso, cuando en un libro todo pasa muy rápido no me suele gustar.

Me gusta que cuando explote todo, yo esté ardiendo por ese momento.

Empiezo a leer y el libro ya me gusta. Él me da mucho morbo, porque lleva máscara y ella se siente atraída por él. Lo mira en redes posar con la máscara y se toca mientras ve diferentes vídeos de él así.

—¿Por qué has elegido este libro? —le pregunto agitada—. Odias las cámaras.

—Pero a ti te pone lo diferente.

—Mucho… ¿Te grabarías para mí así?

—¿Quieres que me ponga una máscara y pose para ti?

—Joder, sí.

—Si yo te mando un vídeo así, quiero uno de vuelta. —Su atrevimiento me pone mucho.

—Trato hecho.

Seguimos leyendo y cuando el prota baja a sus piernas y la devora, siento la imperiosa necesidad de tocarme.

—No te cortes por mí. Quiero verlo.

Me encanta esta faceta segura de Brenan. Como si sintiera que a mi lado no tiene que tener miedo de decir lo que piensa, por raro que sea.

—Lo mismo digo. Quiero ver cómo te tocas por mí.

—O por el libro —me pica, y le saco la lengua.

Seguimos leyendo y no puedo más. Lo miro agitada mientras meto la mano bajo la camiseta. Tiro de mis pezones dentro del sujetador y noto cómo se endurecen. Brenan deja de leer. Yo no. Sigo disfrutando de cómo ella se excita con la boca de él entre sus piernas.

Estoy chorreando, agitada y excitada a más no poder, y aún no me he tocado entre las piernas.

Lo miro y sé que cuando me toque voy a explotar. Mete la mano dentro de su pantalón. Se me seca la boca ante mis ganas de tocarlo.

—No la veo bien. —Sonríe de forma juguetona antes de dejarme ver su polla…, su gran polla—. Casi del tamaño de una botella —bromeo, y muerdo mi boca.

—Te toca.

Lo miro agitada y sé que esto es subir el juego a otro nivel, pero qué cojones, ahora mismo me muero por hacerlo.

Brenan

Nunca me he sentido tan atrevido con nadie.

Pero ella me incita a no callarme nada. Me saca de mi zona de confort y eso me pone mucho.

Duda y se levanta la camiseta. Luego se baja el sujetador y veo sus rosados pezones fruncirse más.

Tira de ellos. Se contonea contra el sofá.

Sigue leyendo. La escena era buena, pero nada comparado con la mujer que tengo delante de mí.

Tira de sus pezones mientras la escena se caldea.

—¿Qué le hace?

—Le come el coño.

—¿Eso te gusta?

—Mucho, pero solo si lo hacen sin que parezca que es por obligación. Muchos hombres no disfrutan de ello y solo piensan en darte dos lametazos y meterla. ¿A ti te gusta?

—Sí, pero muchas mujeres tienen reparos con eso.

—Ah. No lo sabía. —Asiento—. A mí me gusta, pero no he encontrado uno bueno.

—Tal vez porque esos idiotas no saben seguir tus instrucciones.

—No saben, no… ¿A ti te molestaría que te dijera lo que quiero?

—No. Joder, me pone mucho que me digas qué quieres que haga. —Noto como sus pezones se erizan más—. ¿Te gustaría ordenarme cosas, Lily?

—Sí.

Muerde su boca; los dos sabemos que esto no es lo previsto. Que no estamos haciendo esto por nosotros, sino por la excitación de libro. Tal vez por eso coge la novela y sigue leyendo. Agitada, abre sus piernas y mete la mano dentro de la goma de sus pantalones para tocarse.

Muevo la mano notando como el líquido preseminal moja mi palma. Estoy muy duro.

—No lo veo bien —digo, y ella se baja los pantaloncitos para que vea su sexo rasurado mojado. Lo hace lo justo para seguir con el juego dejándome verlo.

Mete sus dedos entre sus pliegues y me fijo en cómo se toca y dónde le excita más.

Sigue leyendo y aumenta la fricción de sus dedos.

Yo solo puedo mirarla. Sobre todo cuando se mete los dedos dentro y su cuerpo los engulle.

Mi polla da una sacudida y sé que se muere por remplazar los dedos y sentir su calor y su humedad.

Joder.

Empiezo a sudar mientras ella lee y se toca. Mientras su cuerpo se sonroja y se vuelve sudoroso. Nos miramos a los ojos, perdidos en el otro. Devora mi pene con su mirada. Se toca mirando cómo aumento las embestidas de mi mano.

Sus ruiditos me vuelven loco. O cómo echa la cabeza hacia atrás, presa del deseo. Entreabre la boca. Se muerde. Toda ella me encanta. Nunca he tenido ante mí a una mujer tan segura de su cuerpo y su sexualidad. Odio a todos los capullos que no supieron disfrutar de esto.

O no, porque así puedo tenerla solo para mí… Como amigo, claro.

—Brenan. —Mi nombre en sus labios me mata.

Cojo pañuelos y meneo la mano hasta que me corro al tiempo que lo hace ella. Nos miramos agitados y luego se ríe.

—Leer contigo es una gozada. —Se ríe por su gracia.

Vamos a limpiarnos y luego preparamos la cena. No hay vergüenza al mirarnos. Ni arrepentimiento. Solo miradas cómplices y una unión más fuerte que nunca. Jeb se pasa cuando vamos a cenar y preparamos algo para los tres. Por suerte no vino antes y nos jodió el momento.

—He estado hablando con Marta. —Se trata de una de las psicólogas del estadio. La que trata a Ofelia y a Kadet—. Sobre mi ruptura con Susana.

—¿Sobre qué? —indaga Lily, preocupada por su amigo.

—Sobre cómo seguir mi vida sin pensar en ella.

O en todo lo que postergaba por ella. ¿Te puedes creer que sigo haciendo la compra pensando en sus cosas favoritas?

No me di cuenta de que me obstinaba en hacerle la vida tan fácil a ella para no perderla, que quien me perdí fui yo. Ahora no sé qué mierda me gusta.

—Has hecho bien —dice Lily—. Si no estamos bien, hay que pedir ayuda.

Coge su mano y la acaricia con cariño. Pienso en esas palabras. La verdad es que yo debí pedir ayuda hace tiempo. No lo haces porque piensas que ser tímido es algo tuyo. Naces con ello. Y tienes que aceptarlo. El problema es cuando esto te dificulta la vida. Como me ha pasado a mí.

Doy vueltas a esto hasta después de que se hayan ido y finalmente decido ir a ver a Marta a primera hora, no sé si para que me diga que no hace falta, o para que me diga que puede ayudarme.