Capítulo 20. Brenan
Brenan
Entro en el vestuario a primera hora pensando en Lily.
En realidad no he dejado de pensar en ella.
En lo sexi y sensual que estaba ayer jugando con su cuerpo sin miedo, sin vergüenza, sin importarle que la mirara.
Segura de sí misma y de lo que quiere. No recuerdo la última vez que me puso tanto una mujer.
O que me corrí con tanta fuerza. Estaba preciosa.
Con el pelo cayendo en cascada sobre sus pechos y su cuerpo sonrojado y perlado por el sudor.
Cuando se corrió con fuerza me dejé ir al verla. Sus ruiditos al dejarse llevar me volvieron loco y estoy deseando escucharlos de nuevo.
Sé que esto no es normal entre amigos, pero estoy harto de hacer siempre lo correcto. Quiero explorar lo que le gusta. Y ella es la primera mujer en toda mi vida que no tiene miedo a decirme qué coño le gusta.
—Siento lo de Vivi —me dice Kadet cuando me ve.
—¿Estás bien? —me pregunta mi hermano.
—Muy bien, esa mujer no era para mí.
—A mí nunca me gustó —añade Kadet, y lo miro alzando una ceja—. ¿Qué? No pensaba decírtelo, pero la veía…, no sé qué le veía, había algo raro en ella y punto.
—Ayer cuando la vi con Zac no me molestó. A Lily, tampoco.
—Bueno, es lo que pasa cuando forzamos historias destinadas a ser solo recuerdos. —Miramos a Kadet y este se ríe—. Joder, ser padre está haciendo de mí un poeta.
—No ha nacido tu hijo —le recuerda Dugan.
—Yo ya lo quiero como si estuviera aquí.
Lo cierto es que todos estamos locos por ese niño que ni siquiera ha nacido aún.
Jeb entra en los vestuarios y nos mete prisa para salir a entrenar.
Su padre está hoy con las nuevas incorporaciones.
Están haciéndoles pruebas médicas. Lily seguramente estará con ellos.
Algunos tienen seguros médicos que van a seguir llevando su caso.
Era eso o no cambiarse, y al final valía más querer tenerlos en el equipo.
Lily me ha dicho que, por suerte, solo son dos. Que Adriel se encargó de todo, aunque ella le aconsejó que era mejor no hacerlo, porque es raro competir con otros médicos fuera del equipo. Ellos verán. Son casos excepcionales.
Pensar en ella me hace arder.
Nos preparamos para entrenar y cuando me toca batear la veo aparecer y grita mi nombre.
—¡Más te vale darle duro o te castigo sin mi presencia!
Sonrío. Me encanta su locura, que no se calle lo que piensa. No sé cómo pudo conformarse con hombres que solo pensaban en cortar sus alas o su fuego. O yo con mujeres que no entendían que soy mucho más, sino que buscaban en mí a otras personas.
Me coloco la gorra y muevo el bate. Joder, tengo que dejar de esconderme.
Tomo aire y espero para batear una buena bola.
Quiero hacer la mejor jugada. Por eso golpeo la tercera y me la juego.
Hago un lanzamiento perfecto y corro a la primera base.
Dugan me anima mientras me la juego y llego a la segunda.
Veo cómo van y sé que puedo llegar a la tercera.
Miro para ver si me la juego y lo hago. Joder, me encanta correr. Llego a la cuarta y Dugan se me acerca.
—Así me gusta, joder. —Me abraza—. No bajes el nivel. No puedes bajar este nivel en todo el año.
Coge mi cara entre sus manos y veo el orgullo en sus ojos.
—Tal vez no lo haga.
Jeb me felicita y voy a por agua. Lily me tiende una botella.
—¿Te pasas luego por mi consulta? Quiero comprobar que está todo bien en esas rodillas tan sexis.
—Sí.
Nos miramos de frente y por cómo se oscurecen sus ojos verdes sé que está pensando en lo de ayer. Necesito más. Necesito buscar otra excusa para verla correrse sin mis manos.
Y creo que sé cómo hacerlo.
Ahora sé que no es que no tuviera imaginación, es que no me tentaba la mujer correcta.
* * *
Toco a la puerta de la consulta de Lily y me dice que espere. La secretaria me informa de que tiene a alguien dentro y me pide que espere un poco. Espero en una de las sillas próximas a la puerta y veo salir a uno de los nuevos bateadores y a ella tras él. La mira y ella se ríe.
—Eres un adulador, Ander, y no, no me voy a ir contigo de cena.
—Pero tienes que cenar, ¿no? Podemos hacerlo juntos.
—No, y largo. —Le da en el brazo de forma amistosa y Ander se marcha tras decirle que no piensa rendirse.
Lily sonríe y cuando me mira esa sonrisa se amplía mucho más, así como su sonrojo.
Se muerde la boca y sé que está pensando en lo de anoche. Voy hasta ella y cuando llego alza la mirada. Mi ojos devoran su boca. Su respiración se agita y recuerdo sus gemidos mientras se corría delante de mí.
—Puedes ponerte en la camilla.
—Puedo, sí. —Saco algo del bolsillo y se lo pongo en la mano—. Pero antes quería darte esto.
Lo mira: es un pin de unos labios rojos lanzando un beso.
—¡Oh! Me encanta. —Veo la verdad brillar en sus ojos. Se lo pone y lo acaricia con la yema de sus dedos—. Gracias.
Nos miramos y de nuevo está ahí ese fuerte deseo de hacer algo más que observarnos.
Voy hasta la camilla y me pongo cómodo mientras me hace pruebas.
Mira todo y trato de ser profesional y no vibrar bajo el tacto de sus manos.
Fracaso. Me encanta cómo me toca, aunque sea para darme un leve masaje.
Sentirla cerca se ha convertido en mi pasatiempo favorito.
Parece mentira que ayer me levantara queriendo mejorar las cosas con Vivi y hoy mire a Lily siendo consciente de que fue verla y saber que lo mío con Vivi no iba a ninguna parte. Solo era mi escudo para no hacer ninguna estupidez que jodiera todo y a todos, y aquí estamos. Jugando con fuego.
—Todo está perfecto. Tú estás perfecto. —Me guiña un ojo, descarada—. Y ahora márchate, que tengo trabajo.
—Esta noche ven a mi casa a cenar.
—Vale. Nos vemos luego.
Sonríe de esa forma tan dulce que tiene. Salgo de la consulta agitado y con ganas de volver a verla.
Veo a mi hermano cuando voy de camino a buscar mis cosas y me propone entrenar unos lanzamientos.
Acepto, porque sé que Dugan quiere que brille como el que más.
Que logre todas mis metas. Que no deje que nada me oculte, sobre todo ser yo mismo.
No es solo mi hermano. Es uno de mis mejores amigos.
Y eso no siempre se consigue entre hermanos.
Aunque estemos destinados a querernos, nadie te obliga a ser amigo de esas personas con las que compartes sangre.
Entrenamos juntos un rato. Como cuando éramos pequeños.
Mi amor por este deporte surgió por querer seguir a mi hermano mayor.
Nos llevamos solo dos años, pero siempre fue un referente para mí.
Hasta que se perdió en sí mismo y durante años parecíamos más un par de extraños.
Por suerte, Kadet le recordó el camino y todo volvió a su sitio.
Es complicado ayudar a quien no quiere dejarse.
Y, de algún modo, yo lo llevo haciendo toda la vida.
Con él, con mis padres, con mis amigos. Todos han tratado de sacarme de ese lugar escondido donde me meto siempre para no enfrentarme a la vida.
Porque me cuesta más, porque necesito mis tiempos, porque me he hecho cómodo.
Y al final la comodidad de lo cotidiano te atrapa.
Llego a casa y, aunque me cuesta, grabo un vídeo y miro a la cámara. Estoy agitado. Nervioso, y quiero salir huyendo de aquí. Lo miro y parezco idiota. Grabo otro y otro… Al final publico el menos malo sintiéndome un gilipollas.
Lily es de las primeras en mandar un mensaje:
Pero qué sexi es este chico :P
Muchas le dan «me gusta» a su comentario y poco a poco se hace el más destacado. Al menos tengo una cara bonita y no se dan cuenta de lo nervioso que estoy. Qué mierda.
* * *
Lily toca la puerta de mi casa pronto y cuando le abro lleva solo ropa cómoda. Es decir, unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes. Su tentador cuerpo me llama fuertemente. Voy hasta la cocina a por algo de beber y me sigue.
—¿Cuánto te ha costado grabar ese vídeo?
—Una burrada, y es patético.
—No lo es. Tienes que aprender a mirar a la cámara y no verla. Y, sobre todo, a dejar de juzgarte tan duramente. Eres increíble, Brenan, deja ya de fustigarte por todo.
—Lo intento.
—Con eso me vale. Y además, estabas muy sexi en el vídeo.
No miente, lo veo en sus ojos. Dice lo que se le pasa por la cabeza y puedo ver lo mucho que le ha gustado el vídeo. Ahora a ver si tengo huevos para proponerle mi plan.
Un plan que nos hará quemarnos, lo veo venir.
—He preparado unos libros para que los leamos juntos después de cenar, o antes, porque has venido muy pronto.
—Es que vi en el vídeo que estabas en casa y no me apetecía retrasar más el verte. Podemos leer antes. ¿De qué temática son?
—Erótica.
Agranda los ojos, se sonroja y luego se muerde la boca.
—Pero ya sabes cuánto me excita una buena escena sexual.
—Lo sé, y tal vez quiero verlo.
—¿Tal vez? —Se me acerca y su perfume a cerezas me envuelve.
Sal corriendo, me dice la razón, escóndete, me dice mi lado más cobarde.
—Quiero verlo.
Tiemblo, pero a ella no parece importarle, al contrario. Veo la excitación brillando en sus ojos verdes.
—Y yo verte a ti.
No le digo que no. Por el contrario, me quedo quieto mirándola. Deseándola y ansiando más. Pero hay líneas que da miedo cruzar por todo lo que puede salir mal. Por eso me quedo quieto y espero que esto se apague entre los dos y nadie salga perjudicado. Salvando así nuestra amistad.
El problema es que no recuerdo cuándo deseé así a una mujer en toda mi vida.