Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 19. Lily
48%

Capítulo 19. Lily

Lily

Abro la puerta y aparece Brenan llevando helado. Siempre suelo tener, pero la verdad es que no me quedaba. Por eso, cuando lo veo con el helado, lo abrazo. Aunque también lo hubiera abrazado sin el helado, la verdad.

—Yo también lo he dejado con Vivi.

Mierda, si no tenemos pareja todo se va a complicar, porque lo que siento por él sigue ahí. Incluso más fuerte. La atracción está ardiendo bajo mi piel cada vez que lo miro y lo toco, y ahora estamos libres. No hay escudos que frenen esto. Salvo que él no sienta lo mismo.

—¿Y cómo se lo ha tomado?

Vamos al sofá tras coger un par de cucharas.

—Mal. Ha empezado a decir que me ha tenido que soportar por soso en todos los aspectos de mi vida.

—Ya, claro, y por eso la tía no quiso jugar con la bala sexual. Por cierto, me la debes, y esta noche necesito juegos para aliviarme y dormirme tras la ruptura.

—Voy a por ella.

Lo veo irse a su casa y lo miro más de lo que debería. Cuando se gira le estoy devorando el culo con la cuchara de chocolate en la boca. Mierda. No tiene novia y mi cuerpo parece que ha decidido dejar de ocultar lo que siento por este hombre.

Regresa al poco y se sienta a mi lado. No he podido dejar de mirarlo.

—No eres soso, ella no te conoce —apunto, y me meto más cucharadas de chocolate en la boca.

—Ya, bueno. Tal vez deba aceptar y asumir que el sexo, por regla general, me aburre.

—A mí también me aburre, y sin embargo soy muy sexual. ¿Tiene sentido?

—No sé qué decirte. —Sonríe.

—A ver, ahora mismo saber que tienes la bala esa me excita y la quiero probar. Me hace sentir cosquillas y arder. Pero cuando llega el momento, con algunas personas me quedo helada. Fría. Como si supiera que acabaré teniendo que fingir para que termine cuanto antes.

—Vivi no fingía. Pero yo sí. —Agrando los ojos.

—¿En serio?

—Sí, me aburría y fingía cuando se corría para acabar cuanto antes.

—Y no es la primera vez que lo haces. —Asiente—. He oído muchas veces casos de mujeres que fingen, pero nunca de hombres. Pensaba que solo con meterla ya os excitabáis.

—En mi caso me aburro. Pero sí, me pasa como a ti. Ahora mismo, saber que jugarás con lo que tengo en el bolsillo me produce curiosidad.

—¿Por imaginar cómo lo uso? —Asiente—. Supongo que lo encenderé y lo dejaré entre mis dedos para ponerlo en las zonas que más me gustan.

Sus ojos dorados se clavan en los míos. Ahora mismo soy capaz de derretir el helado con solo tocarlo. Cojo más, y cuando lo chupo lo hago ante su atenta mirada, que no se pierde detalle de cómo mi lengua lame la cuchara.

Noto como los pezones se me ponen duros y presionan contra mi sujetador. Me he cambiado y solo llevo un pijama de pantalón corto y camiseta de tirantes.

—¿Qué más harás?

Saca la bala y la veo en su envoltorio. Es de color negro y pequeña. La deja en su mano vibrando tras encenderla. Estamos jugando con fuego, lo sé, pero tras toda la mierda que Zac ha sacado por la boca no quiero pensar.

—La pasaría por mis pezones. Me gusta excitarme primero con ellos.

La mirada de Brenan se oscurece. ¿Tanto les costaba a sus anteriores parejas decirle lo que querían? Hay que normalizar que los hombres no son dioses del sexo y necesitan que les expliquemos lo que nos gusta.

—Luego la bajaría por mi estómago. —Levanto la camiseta un poco—. Y la metería bajo mis bragitas sin quitarme la ropa. Me gusta jugar con la ropa puesta. ¿Quieres que te lo muestre? No me importa que mires… como amigo curioso.

¿Qué narices estoy diciendo? Estoy buscando una excusa para tener sexo con él justificado. Si no nos tocamos, solo es curiosidad.

—¿O me vas a decir que de niño no veías porno entre amigos y os tocabais? —añado, y sonríe pícaro—. Pues es lo mismo.

Dejo el helado en la mesa y gateo hasta su mano. La cierra y nos miramos agitados. Lo desea. Lo desea tanto como yo, pero ambos sabemos que este juego se nos puede ir de las manos.

Abre la mano y cojo la bala.

—¿Qué más harías? —Su voz está ronca, cargada de denso deseo, y eso me derrite por dentro.

Trago con dificultad ante su atenta mirada. Me pregunto con qué clase de idiotas hemos estado para que este juego tan sexi les asqueara.

—Primero toca pasarlo por mis pechos, luego el resto —le respondo coqueta. Sonríe y asiente, me deja el control y eso me pone mucho.

Paso el juguete por mis pezones sobre la ropa, notando cómo vibran. No deja de mirarme, observando como mis puntas se fruncen por la vibración hasta casi doler. Introduzco la mano bajo la camiseta y meto el juguete dentro del sujetador. Jadeo y me remuevo en el sofá.

—Luego lo bajaría por mi estómago, deseando saber lo mojada que estoy.

—¿Te gusta tocar tu humedad?

—Sí, me encanta, notar mi excitación corriendo por mis dedos.

—¿Y qué te gustaría que hiciera tu pareja?

Para alguien a quien han mirado raro toda su vida cada vez que ha deseado saberlo, sé que esta pregunta es importante.

Quiere dejar de sentir que por ser hombre debe saberlo todo y tener mucha experiencia.

No era consciente del peso que dejamos a veces sobre los hombros de algunos hombres que no tienen ni puñetera idea de cómo funciona el cuerpo de una mujer si ninguna se abre y dice cómo le gustan las cosas.

—Ahora mismo, mirarme mientras se toca. Pero sí quisiera que me tocara…

Me gustan los besos en el cuello y luego que me succione los pechos mientras mete la mano en mi sexo y me toca.

Primero lentamente —meto la bala entre mis pliegues y jadeo al sentir el juguete vibrar, imaginando su mano—, luego más rápido.

Buscando un punto cerca de mi clítoris que al frotarlo veo las estrellas.

—Pongo la bala en ese lugar y casi me corro—.

Justo ahí. —Lo miro jadeante—. Pero me gusta que jueguen conmigo, por eso dejo ese punto para el final, para cuando no puedo más.

Ahora pongo el juguete sobre mi clítoris abultado. Estoy muy mojada…

Más que juzgarme, veo como esto le excita. Su mirada es hambrienta. Cargada de un deseo líquido que arde en sus ojos. Miro su polla presionando contra los pantalones cortos de chándal. La quiero en mi mano.

—Tócate —le exijo. Brenan duda un segundo antes de meter su mano dentro del pantalón y tocarse sin que pueda ver nada—. Ahora quiero meter el juguete en mi sexo y presionar la vibración en él.

Lo meto y lo dejo ahí, en la entrada. Tentando mi entrada. Noto que se me seca la boca de ver cómo se toca. De verlo darse placer. Estoy a punto y necesito quitarme la ropa y montarme sobre él. Pero si cruzamos esa línea será difícil volver a lo de siempre.

—Me gusta cómo vibra y cómo me toco el punto cerca del clítoris para aumentar mi placer.

—Muerdo mi boca. Me muevo sobre mi mano mientras veo como la suya sube y baja—.

Si esto no fuera un juego solitario, te pediría que te pusieras de rodillas en el sofá para que me follaras la boca con tu polla mientras me toco.

—Gruñe. Joder, le pone mucho que le diga lo que quiero y dónde. Y a mí, más.

Nos miramos mientras el orgasmo se anida en nuestros sexos y me dejo ir tras frotar con fuerza mis dedos contra mi clítoris y ese punto que me vuelve tan loca. Brenan se corre y es lo más excitante que he visto nunca.

No recuerdo un sexo igual en mi vida. Y eso que no nos hemos tocado.

Saco el juguete y lo dejo mojado sobre su mano. Por su mirada hambrienta sé que le encanta verlo.

—Y así es como jugaría en mi cama sola…, aunque esto ha sido más excitante.

—Y más peligroso. Es mejor que me marche a mi casa.

Lo veo irse y me aterra que mañana todo sea diferente entre los dos. Por eso, una vez me limpio y me acuesto, le escribo.

Lily: No quiero perderte. Siento lo de antes…

Brenan: No estas tonta, Lily, lo de antes ha sido increíble. No te arrepientas de nada que hagas conmigo. Además, si no te toco…, no cuenta, ¿no?

Lily: Cierto, tal vez debamos explorar más lo que nos gusta. Sin tocarnos. Para futuras parejas.

Brenan: Sí, a modo de clases prácticas.

Lily: Lo veo… Nos vemos en la siguiente clase, soy una maestra muy buena.

Brenan: Eso he visto. Y me encanta.

Dejo el móvil feliz y sabiendo que esto se nos puede ir de las manos, o no. Si él aprende lo que le gusta a una mujer y yo a exigir lo que quiero sin miedo, tal vez de esto salga algo bueno.

Miro el grupo de amigos:

Kadet: ¿Cómo es eso de que habéis roto con vuestras parejas? Hablo de Lily y Brenan.

Jeb: Bueno, eso se veía venir. Vivi miraba a Brenan como si no lo viera, y el otro… no era para Lily. Demasiado recto para ella.

Lily: Gracias, Jeb, por decírmelo antes de montármelo con don mueble.

Jeb: De nada. Te conozco lo suficiente para saber que si no te estampas tú sola no paras.

Kadet: ¿Y ahora? Brenan, estás muy callado.

Brenan: Son las once de la noche, la gente normal duerme a estas horas.

Kadet: Ya, claro, como que tras saber por Ofelia, a quien se lo ha dicho Camelia, que habéis roto me podía dormir con este cotilleo en la cabeza. ¿Cómo se lo han tomado?

Brenan: Mal.

Lily: Mal.

Camelia: A ver si vuestras siguientes parejas os ven de verdad.

Ofelia: Eso, y ahora todos a dormir, que me molesta la luz del móvil de Kadet y sus risitas. Buenas noches.

Jeb: Sí, mami. :P

Kadet: No te pases un pelo, que mami solo la puedo llamar yo, y luego nuestro hijo Ian. A dormir.

Lily: Vale, papi :P

Dejo el móvil y me entra el miedo de que se nos vaya de las manos todo esto a Brenan y a mí, ahora que no tenemos a nuestros «escudos». No, solo son clases prácticas…