Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 18. Brenan
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Capítulo 18. Brenan

Brenan

Espero a Lily con una gorra, unas gafas de sol y un cartel con su apellido. Algunas personas me miran, pero de momento nadie me ha reconocido en el aeropuerto. Me moriría de vergüenza si fuera así. Esto lo hago por ella, porque quiero verla, recogerla y ver su cara de asombro cuando me vea aquí.

Estoy temblando y cuando la gente sale y algunos me miran, siento como se me desenfoca la vista por los nervios. Escucho los latidos de mi corazón en los oídos y pienso en irme.

Entonces la veo. Habla con Adriel y me ve al otear a la gente. No tarda nada en reconocerme. Sus ojos verdes se iluminan y sale corriendo como la prota de una película romántica. Por eso estoy preparado cuando al llegar salta. La cojo en brazos y la acerco a mi cuerpo.

—¡Estás aquí! —La abrazo y me abraza. Su cuerpo se amolda al mío.

Su perfume a cerezas me vuelve loco cuando lo respiro. Ella se deja caer en mi cuello y nos abrazamos sin decir nada. En este tiempo solo nos hemos acercado más al otro.

No debería sentir todo lo que arde en mí por ella. Ni debería estar tomando otra bocanada de aire para aspirar su aroma. Todo esto no debería estar aquí, pero aquí sigue, encallado en mi pecho.

La gente deja de importarme y si el corazón me late como un loco es por la mujer que tengo entre mis brazos.

—Vámonos antes de que me reconozcan —le digo reticente.

Se baja y saludo a Adriel.

—Nos vemos mañana en el entrenamiento. —Se despide de nosotros y vamos hasta mi coche.

Solo cuando entro expulso el aire.

—Nadie te ha reconocido.

—Son las gafas. —Se ríe—. Bueno, alguien sí lo hizo: tú.

—Porque yo tengo un radar. Te veo siempre. —Sonríe y busca mi mano cuando cambio la marcha—. Estaba deseando estar aquí —añade, y siento que no lo dice solo por la ciudad, sino por estar juntos.

Como amigos, claro.

Me cuenta lo que han estado haciendo hoy y lo pesada que ha sido la espera en el aeropuerto.

Está agotada y se le nota. La miro cada vez que puedo, disfrutando de tenerla cerca.

Al llegar el ascensor a nuestra planta escuchamos unas voces.

Y al abrirse la puerta vemos a Vivi y Zac hablando animadamente.

—¿Se conocen? —pregunta Lily mientras arrastra una maleta y yo la otra.

—No, que yo sepa.

Zac se acerca a Lily y va a darle un beso, pero esta le aparta la cabeza. Vivi no intenta besarme y casi lo prefiero. Ahora mismo estoy un poco agobiado.

—Podríamos pedir algo para cenar en tu casa —apunta Vivi, y Zac dice que le parece una idea maravillosa.

Lily no tiene ganas, lo veo en su cara.

—Tengo entrenamiento mañana, prefiero descansar —añado.

—Vamos, no seas soso —me dice Vivi, y eso me molesta mucho y a Lily aún más. Advierto que va a saltar, pero le cojo la mano para que se calle y lo hace. Nos miramos.

—Entonces, ¿pedimos algo? —añade Zac.

—Cenamos y ya —dice Lily cuando vamos hasta mi piso—. Yo voy a dejar mis cosas en casa.

—Vale —dice su proyecto de…, ojalá sea su proyecto de ex; no me gusta con ella.

No me gusta nada. Lily no tarda en venir. Zac y Vivi han pedido la cena por su cuenta. Lily entra en la cocina a coger algo de beber y los miramos desde la isleta, hablando como si estuvieran en su primera cita.

—¿Me lo parece a mí o estos dos han tenido un flechazo? —Da un trago a la cerveza por la boquilla y luego se la quito y hago lo mismo.

—Es raro de cojones.

Hago un vídeo y lo mando al grupo. Al poco, Kadet escribe y dice que se apunta a cenar. Lily le dice que eso solo haría que se cortaran más y nos perdiéramos la peli romántica.

—No has querido besarlo. —Me mira y luego mira mi boca. Yo miro la suya y cuando bebo de la botella imagino sus labios rojos en ella.

—No…, y tampoco me molesta verlo con ella. Al contrario, me alivia.

Miro a Vivi pasarse el pelo tras la oreja y siento lo mismo. No siento celos. No siento opresión en el pecho, siento liberación. Esto no está bien, lo sé, pero aquí estamos sin hacer nada.

Vivi nos llama y nos acercamos a hablar con ellos.

Tal vez se han dado cuenta de lo raro que está siendo todo esto.

Aunque nos quieren incluir en las conversaciones, está claro que no les sale de forma natural.

Traen las pizzas y pico algo mientras veo a Vivi más feliz que nunca.

Nunca se ha mostrado así conmigo. Tal vez porque nunca me vio.

Solo vio al hombre famoso que le hacía sentir especial.

Al acabar la cena, Lily y Zac se van a casa de ella y yo voy a por el coche para llevar a Vivi a la suya. No dejo de pensar en Lily sola con Zac y no me gustan las imágenes que veo. Sabía que estaba con él, pero verlos juntos lo ha hecho más real.

—Lo he pasado bien esta noche —apunta Vivi cuando aparco en doble fila cerca de su casa.

Lo ha pasado bien esta noche… con Zac. ¿Qué narices estamos haciendo juntos?

—Sí, te he visto muy bien con él. —Abre la boca para justificarse—. Es mejor dejarlo aquí antes de que nos hagamos más daño.

—Solo he sido simpática. ¿Acaso no puedo hablar con otros cuando estoy saliendo con alguien? No creí que fueras así. Posesivo…

—El problema no es cómo sea yo, es que no me ha importado verte tontear con él y creo que es mejor aceptar que, aunque… —Me quedo callado, agitado, odio romper con la gente, casi siempre es al revés, pero cuando me toca poner el punto final me bloqueo con todo lo que quiero decir.

—¡¿Después de todo lo que he soportado quieres romper conmigo?!

—¿Qué has soportado? —Quiero retirar la pregunta, pero es tarde.

—Estás muy bueno, pero eres un soso de mierda. Ni tan siquiera tienes imaginación en la cama.

Me empiezo a bloquear pensando en todas las veces que le pedí que me dijera qué le gusta. Voy abrir la boca, pero sigue diciendo cosas.

—Luego eres tan paradito… De verdad, si no fuera porque estás bueno y eres famoso, esto no hubiera durado ni dos citas. ¿Y me dejas tú a mí? Pues mira, que te den.

Sale del coche, da un portazo y luego me enseña el dedo corazón.

¿Qué narices hacía con esa mujer? ¿Por qué forcé las cosas solo por sentir que podía encajar con alguien?

Pongo el coche en marcha sin rumbo y sin saber muy bien a dónde ir mientras sus insultos y los que he recibido toda mi vida se repiten una y otra vez en mi cabeza. Lo hago hasta que Lily me manda un audio y lo pongo para que se escuche en los altavoces del coche:

—Lo he dejado con Zac. No se lo ha tomado muy bien…

, dice que mi problema es que soy una obsesa del sexo que nunca he valorado lo bien que folla…

Es como si lo hubiera visto por primera vez.

Esa persona horrible gritando y agitada se parecía a mi prometido falso.

Me ha recordado lo que era tenerlo en casa y decirme todo lo que hacía mal mientras no podía escapar de él —noto como se le rompe la voz—.

Si lo he dejado es porque verlo con ella no me dolía y si no duele, es porque no hay nada que romper. ¿Tan malo es exigir lo que quieres?

No responde y le mando un audio.

—Voy a tu casa, llevaré helado.

Olvido todos mis demonios, porque necesito que ella sea fuerte y se olvide de los suyos.