Capítulo 17. Brenan
Brenan
Ir con Kadet a una tienda erótica tal vez no haya sido buena idea. Pero no quería comprar nada sin evaluarlo antes. Le pregunté si conocía alguna y me contestó: «No, pero busco y vamos juntos».
—Mira, esto le gustará a tu chica. —Lo miro y es un consolador verde moco. Se descojona.
—Ni de coña.
Se pone a hacer como si se lo metiera por la mano simulando un coño. Pongo los ojos en blanco y la chica de la tienda se nos acerca. Me quedo paralizado. Joder, odio esto. Odio este sudor frío que me impide hablar.
—Quiere consoladores para jugar con su chica —informa Kadet, y la mujer asiente y nos enseña varios para jugar en pareja.
—Yo me llevo de todo esto para mi chica.
—Tú no puedes comprar tanto si no quieres que Ofelia te mate. —Abre la boca y la cierra, pero finalmente elige solo una bala. Para jugar.
Elijo lo mismo; por algo se empieza. Le mando la foto a Lily cuando estoy en mi casa solo. Y me responde enseguida.
Lily: Me apunto.
Lily: Ahora en serio. Seguro que a tu chica le gusta.
Brenan: Eso espero. Si no…, siempre puedo tirarlo a la basura.
Lily: O me lo regalas. Por cierto, estoy cerca de la Estatua de la Libertad.
Manda un montón de fotos de ella. Y en todas sale sonriendo mientras hace el payaso. No sé cómo hemos acabado siendo tan amigos cuando somos tan diferentes. Miro el móvil y me llama.
—Por cierto —dice con la boca llena.
—¿Qué comes?
—Un perrito callejero de esos. Seguro que me sentará como el culo, pero no me pude resistir. Necesitaba meterme algo grande y blando en la boca.
—Eres lo peor. —Se ríe—. ¿Qué me quieres decir?
—Que tienes que grabarte. Haz un vídeo tonto, o abriendo algún paquete. Pero debes intentarlo al menos, Brenan. Quiero ver cómo logras lo mejor y aplaudirte hasta que me duelan las manos.
—¿Y si no lo logro…?
—No me importa si lo has intentado. Así que mueve tu sexi culo y grábate. Puedes mandarme el vídeo y te digo qué tal antes de subirlo.
Dudo, pero cuelgo y me grabo un montón de veces enseñando mi nueva camiseta de este año. Al final le mando el vídeo tropecientos a Lily y me responde: «No está mal para empezar. Sé que el siguiente será mejor. Vas por buen camino».
Al menos no me miente. Y eso me gusta de ella. Lo subo con manos temblorosas y ella es de las primeras en comentario. Se lo mando a Vivi y tarda en responder. Y cuando lo hace dice que está genial. No lo está, pero me baila el agua y no sé si eso me gusta.
* * *
—Tengo algo para ti —le digo a Vivi cuando voy a recogerla tras mi entrenamiento.
—Estoy deseando verlo. —Sonríe y le tiendo la caja con la bala vibradora.
Lo abre y me mira agitada.
—¿Qué es esto?
—Un juguete sexual. —Ahora mismo no sé dónde meterme.
—¿Y para qué mierda quiero esto?
—Solo es un juguete.
—¿Acaso no te gusta el sexo conmigo? ¿Estoy haciendo algo mal? ¡Eres tú el que no sabe cómo darme placer!
Agitado, la miro sin saber por dónde salir. Recojo la caja y la guardo.
—Te pido disculpas. Mejor vayamos a comer.
—Sí, mejor.
Una parte de mí quiere rebelarse. Decirle que no sé cómo coño le gusta el sexo, porque se queda quieta y espera que yo sea el puto Potter del sexo. Y ni soy mago, ni adivino. Intento que no me note el malestar durante la comida.
Lo intento, pero por la tarde la dejo en su casa y no subo con ella. Le digo que estoy cansado y me dice que vale.
Escribo a Lily desde mi cama:
Brenan: Lo de la bala vibradora ha salido fatal.
Lily: Lo siento, a mí me hubiera encantado. Pero yo no soy tu chica. ¿Cómo te has sentido?
Brenan: Como un gilipollas.
Me llama. Dudo, pero lo cojo.
—No sé si quiero hablar del tema.
—Es que sé cómo te sientes. Sé lo que es estar con gente a la que le explicas lo que quieres y te miran como si fueras un bicho raro. Luego te reprimes y escondes lo que te gusta para encajar. Es una mierda.
—Lo es, sí. Pero se me pasará.
—Bueno, eso me digo yo siempre.
—No me apetece hablar de este tema.
—Vale. Hablamos de lo que tú quieras. Pero quiero que sepas que a mí me puedes decir cualquier cosa. Nunca te juzgaré.
—Lo mismo digo.
—Antes de cambiar de tema. —Noto la risilla en su voz y me preparo para cualquier cosa—. ¿La bala se la ha quedado ella?
—No, la tengo sin usar en su caja.
—¿Me la puedes regalar?
Me quedo sin palabras ante la idea de este juguete entre sus piernas. La imagen me excita mucho.
—Claro, es tuya.
—Genial, y ahora cambiemos de tema.
Hablamos de otra cosa y comentamos el libro con el que estamos.
Pone voces a varios personajes y me pregunta si yo no les doy voces en mi cabeza.
Hasta este momento no era consciente de ello.
Y cuando le digo que al parecer sí, se ríe.
Con ella es fácil decirlo todo. Ojala fuera así de sencillo con Vivi.
Tal vez esté forzando las cosas de nuevo porque me gusta sentir que encajo en algún lugar aparte de conmigo mismo.
Es muy bonito amarse a uno mismo, quererte como eres y todo eso…
, pero yo quiero dejar de estar solo, no porque no sepa estarlo, sino porque me gusta la idea de tener a alguien. Así que quiero que salga bien.
Lily
Zac coge un vuelo y pasa el fin de semana conmigo. La verdad es que es muy mono y viene conmigo al partido. Se aburre y se pone a jugar con el móvil. Yo, por el contrario, disfruto del partido y tomo notas de los jugadores que Adriel me ha indicado.
Al acabar le paso el informe a Adriel y le propongo a Zac ir a cenar juntos.
—O podemos buscar un aseo y tener sexo del guarro. —Me mira como si acabara de decirle que soy actriz porno—. Era broma.
—Qué susto.
—¿Sí, verdad? Tener sexo en un aseo pringoso, o en un lugar oscuro… ¿Qué loco querría algo así?
Al parecer, yo. Debe de faltarme un tornillo y medio. No comenta más del tema y vamos a cenar. Hablamos de su trabajo y cuando le hablo del mío me dice con una sonrisa que de eso ya hemos tenido una gran dosis hoy.
—Cierto. —Sigue contándome cosas de su trabajo y me quedo callada, porque no habla de otra cosa en toda la cena ni busca un tema que me guste.
Me siento egoísta, porque él ha soportado todo el partido. Por eso intento disfrutar y no sacar el móvil para jugar, como hizo él.
Cuando vamos al hotel, busca mi boca y me besa lentamente.
Luego me mete la polla y piensa que con eso me voy a correr.
Me aburro mucho y me pregunto si hay algo mal en mí.
Es un buen hombre, es listo y bueno. Y yo…
, yo no lo sé apreciar. Y mientras tenemos sexo estoy pensando en la novela que estoy leyendo, y lo triste es que me excita mucho más el prota imaginario que él.
Al despedirnos por la mañana siento un vacío en el pecho, y cuando voy a leer echo la culpa a mis novelas por meterme pájaros en la cabeza de hombres perfectos y sexo increíble. Se lo digo a Brenan y me llama.
—No te conformes, Lily.
—¿Y tú?
—Supongo que tampoco.
—Ya…, y aquí estamos. Con parejas que no nos llenan, cuando nos encantaría sentirlo todo. Somos bastante patéticos.
—Pues sí.
—Y cambiando de tema. Te toca grabarte.
—No sé si…
Cuelgo y le hago una videollamada. Lo veo en su sofá sin camiseta. Se me seca la boca. Me cuesta decir nada. Me he quedado sin palabras. Él mira el tirante de mi pijama caído. Siento más intensidad sexual en una mirada suya que en cientos del hombre con el que estoy saliendo.
—Ante mí no te veo cortado.
—Eres tú —dice con simpleza.
—¿Y si me ves en cada cámara? ¿Necesitas que te enseñe las tetas de nuevo? —Se me acelera la respiración.
—No hace falta. Hablamos un poco y ahora lo grabo cuando colguemos.
—Vale. Me gusta el plan… Por cierto, vuelvo en una semana.
—Me gusta esa noticia.
Nos miramos a los ojos y siento que las palabras con él a veces sobran, solo quiero mirarlo. Solo eso. Este viaje no ha servido para nada. Siento que en vez de olvidarme de él nos hemos unido más el uno al otro.
Como amigos, claro.
Como un amigo al que me follaría en cada una de las posturas del Kamasutra aunque no supiera cómo poner mis pies y mis manos.