Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 15. Brenan
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Capítulo 15. Brenan

Brenan

—Ayer te escuchamos —apunta Jeb cuando nos quedamos solos en el banquillo.

—Ya me lo dijo Lily. Vivi no tiene predilección por las camas. Dice que son aburridas.

—¿Y qué tal con ella?

¿Qué tal con ella?, me pregunto, y no sé qué responder.

Bien, regular…, no sé si es pronto para saberlo…

Lo cierto es que, tristemente, como todas.

Y en la cama, bien, me esfuerzo por que disfrute y me aburro.

El sexo es bueno, pero no estoy ahí. No soy parte de ese momento.

Siento que se me exige demasiado por ser hombre.

Me gustaría saber qué coño le gusta, pero cuando se lo pregunto a las mujeres me miran como si yo debiera ser un puto dios del sexo obligado a saberlo todo.

Voy a decir algo cuando Lily habla a nuestro lado con la boca llena.

—Me van a engordar el culo y las tetas.

La miro y la veo comiendo galletas a dos carrillos. Intento no mirarle las tetas, pero fracaso. Me da en el brazo.

—No se mira, que tienes novia.

—Pues no hables de ellas —le apunta Jeb—. Y si no quieres engordar, deja de comer tanto.

—Me la suda engordar. Ya adelgazaré. Seguiré estando buenísima. —Saca la lengua a su amigo.

Dugan llama a Jeb y este se marcha.

—No deberías hincharte a comer trabajando.

—Lo sé, pero estoy nerviosa por el viaje. —Saca otra galleta—. ¿Y si no estoy a la altura de lo que se espera de mí?

—Eres la increíble Lily Rivera, no puedes dejarte llevar por los nervios.

—Ya, bueno, ha pasado por aquí antes el padre de Jeb y me ha dicho todo lo que espera de mí. Creo que no he comprado suficientes galletas. —Sigue comiendo, nerviosa.

—Por suerte, a donde voy a llevarte esta tarde te gustará.

—Sobre eso… Zac me ha pedido que nos veamos estos días antes de irme y, bueno, dado que quiero tener algo con él…, es mejor no decirle que no.

Es lo mejor, claro que es lo es. Sobre todo cuando me quedo mirando las migajas en torno a su boca y ansío lamerlas con mi lengua.

Las palabras de Camelia se repiten en mi mente y aparto la mirada.

No merece la pena joderlo todo por sexo.

Y sobre todo teniendo en cuenta que en la cama no es que yo disfrute mucho y ella, por lo que sé, tampoco.

Al final todo se quedaría en nada y nos tendríamos que ver todos los días recordando que fue una mierda.

Si todo se tuerce con Vivi, seguramente no la vuelva a ver. No tendré delante cada uno de mis errores. Pero con Lily no sería así.

—Me parece bien, pero espero que no dejes de escribirme por ese proyecto de novio tuyo.

—Eso nunca. —Se mete otra galleta en la boca—. Tengo que ser fuerte.

—Lo eres. —Sonríe y de nuevo nos miramos como si nuestros ojos atraparan los del otro—. Me toca salir —digo cuando Dugan me llama a gritos.

—Hazlo y dalo todo. Y espero verte en vídeos… en tu casa.

—Lo pensaré.

—Lo harás y punto.

—Eres una mandona.

—No te imaginas tú lo que me pone mandar. —La miro y se sonroja, y lo peor es que sus palabras me excitan y me la imagino sobre mí, exigiendo qué quiere y qué no.

Joder, este alejamiento llega en el mejor momento.

* * *

Por la tarde voy solo a donde quería ir con ella. Una librería antigua reformada, con muchos libros nuevos y antiguos. Compro varios libros iguales para los dos y le dejo los suyos al portero para que se los dé cuando regrese de su cita.

Es tarde cuando me escribe, emocionada por el regalo.

Lily: Me los pienso llevar todos para que los comentemos. ¿Vale?

Brenan: Sabes que te diré que sí.

Lily: Lo sé. Te tengo comiendo de mi mano :P

Hablamos y de nuevo se nos hacen las tantas. Es solo mi amiga, me digo mientras siento más deseos de hablar con ella que de hacerlo con Vivi.

Lily

Zac es un amor de hombre. Me lleva a conocer su clase y veo a algunos de sus alumnos.

Y me gusta cómo es con ellos. Y cuando tenemos sexo de nuevo, se esfuerza, pero si le digo lo que me gusta me responde: «Tú déjame a mí».

Así que lo dejo e intento disfrutar. Tal vez algo está mal en mí y otra mujer no le daría tantas vueltas.

Al final, el sexo solo es una explosión de placer momentánea, casi siempre insatisfactoria para la mujer.

Hago la maleta agitada y pensando si en realidad estoy huyendo. Tal vez sí. Tal vez esté haciendo esto para pensar con calma. Soy la misma mujer que se ha tirado años buscando algo contra mi exprometido. Necesito perspectiva.

Tocan a mi puerta y, cuando abro, Camelia entra y me tapa los ojos.

—Te vamos a secuestrar.

La escucho reírse todo el camino con Ofelia, que nos sale al encuentro. Luego me suben al ascensor. Al salir me dicen que vaya con cuidado. Tomo aire cuando abren una puerta y sé que estamos en la azotea.

Me quitan la venda y veo que han organizado una mini fiesta de despedida para mí. Están hasta los padres de varios de ellos. Y, entre tanta gente, mi mirada va a Brenan, que sonríe feliz al verme.

Ando hasta la mesa, encantada de ser parte de esto.

He estado sin amigos mucho tiempo. Muchos años soñando con tener a mis amigos cerca.

Sintiendo el peso de la soledad. Mi amiga Camelia y Jeb han construido una familia de amigos preciosa.

No pienso dejar que nada destruya esto. De nuevo mi mirada va hacia Brenan y me repito: «nada».

Así todo está perfecto.

* * *

—Te he comprado algo. —Brenan se me acerca mientras me tomo algo apoyada en la barandilla. Lleva una caja de regalo con un lazo.

La cojo nerviosa.

—Ya me diste los libros.

—Esto es mejor. —Lo abro y veo un lector.

—Tengo uno.

—Lo sé, pero este es a color, y te he comprado libros que yo también me he comprado, así podemos comentar estos y no tienes que irte cargada con los otros. —Sonríe tímido y me derrito por él.

—Es una pasada de regalo.

—Merece la pena para comentar libros contigo. Mi madre y yo solíamos comentar libros, pero ahora le ha dado por leer narrativa y a mí por la romantasy y, bueno, me cuesta encontrar un libro que nos guste a los dos en este momento.

—Te entiendo.

Cojo el regalo y lo abrazo. No debería, lo sé, lo sé perfectamente, pero por un segundo me permito abrazarlo como una amiga que solo desea que seamos los mejores. Lo peor es que tiemblo en sus brazos y siento cosas que no deberían estar ahí por alguien a quien pretendo llamar solo amigo.

—Nos vemos pronto —le digo, y me alejo agitada y nerviosa.

Si Brenan no fuera el mejor amigo de mi amiga, me dejaría llevar… sin importarme que tras dos noches locas de sexo todo se fuera a la mierda. Pero lo es, y él merece demasiado la pena como para complicarlo todo.

Cuando regreso a mi casa, sola, mi ropa sigue oliendo a él y, sin nadie que me mire, aspiro su aroma y cierro los ojos prometiéndome ser más fuerte cuando regrese.