Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 10. Brenan
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Capítulo 10. Brenan

Brenan

—Las citas las busco en una app exclusiva del mundo del famoseo.

Tras un día de trabajo muy intenso he llegado a casa, me he dado una ducha y he abierto la puerta al poco a Lily para empezar a buscarme una nueva cita.

Hoy ha estado cerca de la zona de entrenamiento, hablando con algunos compañeros.

Su risa me llegaba mientras entrenaba y si la miraba tras golpear la bola, estaba gritando y saltando.

Es diferente al resto de las fisios y tal vez por eso les gusta tanto a los chicos.

Con ella sienten que todo va bien a pesar de los dolores.

Y ahora está sentada a mi lado mirando mi app de citas.

—¿En serio? —Asiento—. Quiero ver esa app. ¿Qué tiene de diferente?

—Te piden tus datos personales, documento de identidad y alguna cosa más para que haya un control.

—Yo uso la de siempre. Intenté la forma tradicional, pero poca gente va a ligar a un bar o una discoteca. Bueno, sí, pero es más complicado. —Asiento—. Quiero ver cómo lo haces. Así te ayudo.

—Voy a por algo de comer. Ponte cómoda.

—No sabes lo que me has dicho. Me pongo cómoda en seguida.

—No voy a tener problemas con eso. Por mi casa pasa mucha gente que se cree con derecho a hacerla suya. —Se ríe y su risa me cala hondo.

Entro en la cocina a buscar algo de comer.

* * *

Regreso con patatas y algo de picar. Lily se ha puesto cómoda.

Se ha quitado las zapatillas y ha metido los pies bajo su trasero en mi sofá.

Ha cogido mi libro y está leyendo. Y por el sonrojo de sus mejillas creo que sé en qué escena está.

Cuando me mira, sus ojos verdes están vidriosos y su respiración es agitada.

No me cuesta nada imaginarla así tras un beso o algo más.

No está aquí para ligar conmigo, más bien para que ambos liguemos con otros.

Y está bien, porque estoy cansado de estar solo.

De quedarme bloqueado ante mujeres que no tienen la paciencia de darme mi tiempo.

O de mujeres, como la del otro día, que solo quieren estar a mi lado porque soy famoso.

Para poder contarle a la gente que han salido conmigo.

—Vale, vamos a ver cómo ligas.

Cojo el móvil y abro la aplicación tras sentarme en otro sofá. Lily siente que estoy muy lejos y se levanta para sentarse pegada a mí. Su perfume a cerezas me asalta. Esta mujer huele a pecado.

—Vale. Tienes muchos mensajes. A ver qué foto has puesto. —Se la enseño—. Vale, no me extraña que te escriba tanta gente. Sales supersexi así, con la camiseta un poco levantada.

—Fue cosa de Kadet.

—Está bien, aunque eres tan guapo y tan jodidamente sexi, que con un saco de patatas sería lo mismo.

No digo nada, porque mi problema no es mi cuerpo. Pasa por las diferentes charlas. Las lee y rechaza varias.

—Eso debería hacerlo yo.

—No necesitas mujeres que vayan tan a saco, eso hará que te bloquees.

Además, no me gustan. —La miro divertido mientras decide por mí—.

Y mira lo que pasó el otro día. Esa mujer solo te miraba como un famoso.

Eres más que eso. —Su mirada se hace brillante—.

Mucho más. O encontramos a una que te vea de verdad, o me cargo todas tus citas. —Se ríe, pero siento que es cierto.

En verdad tiene razón, estoy cansado de ser solo el famoso. Mira a una chica muy mona. Y le responde. Luego me pasa el móvil.

—Vamos, a ver cómo lo haces tú. ¡Está escribiendo! ¡Esto es más emocionante que una película mala de por la tarde!

—A mi costa. —Se ríe.

Pica algo mientras hablo con la chica. Hasta que esta se pone pesada con mi fama, con mi juego, y Lily la bloquea. Sinceramente, también lo hubiera hecho yo. Estaba claro que solo quería poder decir que había estado hablando con un famoso.

—Qué pesada, joder. Vamos con la siguiente.

—¿Y tú?

—Mi app es una mierda, bueno, como casi todas. Casi todos los tíos solo quieren sexo. A ver —se aparta el pelo de la cara—, antes la usaba para eso, pero me cansé.

Saca el móvil y me enseña su foto. Sale lanzando un beso con los labios pintados de rojo. Pone como descripción: «Sosos, alejarse de mí».

Sutil, pero efectivo. Yo nunca le pulsaría.

—Hablo del sexo. —Se muerde la boca—. Lo puse cuando me cansé de hombres que se creen que solo por tener una polla enorme son dioses del sexo.

—No me importa.

Tiene varias conversaciones. Las pulsa y los tíos son a cuál más ridículo. Rechaza todos y habla con uno que solo le pregunta qué tal y en qué trabaja. Responde a ese y yo busco otra conversación que iniciar.

Cuando me entra más hambre voy a preparar algo y me sigue. Ahora soy yo quien le dice cómo hacer las cosas. Ella sigue mis indicaciones mientras se ríe por algo que ha dicho el tío del chat.

—Parece majo. —Se pone a mi lado y me mira—. ¿Y tu chica?

—No está mal.

Sonríe y me da en el brazo.

—Vamos a conseguir buenas citas. Tienes que dejarte llevar, eres increíble. ¿Por qué no dejar que el mundo lo vea?

—No me conoces tanto, Lily.

—Bueno, puede decirse que estoy un poco obsesionada contigo desde hace años —admite—. Me he visto todos tus partidos y entrevistas.

—¿Por qué?

—Me gusta el béisbol y, bueno, lo empecé a ver porque sentía curiosidad por el ex de mi amiga, al que no podía olvidar aunque ella jurara que sí.

Entonces te vi: mirabas a la cámara como si odiaras que te enfocara.

Luego tomaste aire y cogiste el bate con fuerza.

Y pensé: seguro que le gustaría destrozar las cámaras con su bola.

—Lo he pensando más de una vez. —Se ríe.

—Bueno, pues desde entonces sigo tus partidos y tus entrevistas…, casi todos. Quería saber si un día destrozabas la cámara.

—Nunca lo haré.

—Ya, bueno, tal vez no de forma real, pero puedes hacerlo de forma metafórica. Cuando mires a la cámara y digas: aquí estoy yo, soy increíble, graba mi culo.

Niego con la cabeza. Es incorregible, pero me sorprende que me viera. Y que me siga desde hace tiempo.

—Entonces solo estás aquí para robarme la ropa interior y subastarla. —Noto como se me acelera la respiración por que no pille mi broma, pero ella se ríe.

—Me has pillado. —Y sin más me pregunta qué más hace para la cena.

Nos sentamos con la cena y me toca a mí cotillear los hombres que le escriben. No hay ni uno que no me parezca un idiota. Pongo malas caras ante todos.

—¿En serio? —pregunto cuando me muestra a uno que no le parece mal.

—A ver, me ha dicho que hace calor.

—Ya, bueno, tú misma. —Le da a rechazar y sigue mirando hasta que inicia una conversación con uno de deportes.

Yo hablo con una chica y me dice que no sabe quién soy.

—¿De verdad no sabe quién eres y te escribe? —Le da a descartar—. De nada.

Se ríe de forma maliciosa y por eso yo me permito eliminar a dos de los que le dicen «hola». Su mirada es fulminante y temo haberme pasado hasta que se me acerca y me coge la cara para darme un espontáneo beso en la mejilla.

—Gracias, y ahora me marcho a descansar.

Se va hacia la puerta mientras yo sigo notando sus labios calientes y jugosos en mi mejilla. Vale, es mejor estar preparado para casi cualquier cosa con esta mujer.

Lily

He salido por patas porque era eso o que me viera roja como un tomate. No sé en qué momento me pareció buena idea coger su cabeza y darle un beso como si fuéramos amigos de toda la vida.

Estoy temblando por su contacto y no sé cómo bajarme de la nube en la que me he subido yo sola de una patada por idiota.

Toco a la pared de Brenan dos toques y me los devuelve.

—Vete a dormir, Lily.

—Eso haré. Buenas noches.

—Buenas noches, Lily. —Saboreo mi nombre en sus labios.

Niego con la cabeza. Es mejor no complicar todo esto. Ese hombre lleva años obsesionándome de forma platónica y es mejor que siga siendo así.