Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 9. Lily
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Capítulo 9. Lily

Lily

Jeb se ha apuntado y está conmigo sentado cerca de la mesa que ha reservado Brenan para su cita en un bar. Pedimos algo para beber y picar.

—Por ahí vienen. —Me giro—. Disimula un poco —me pide Jeb divertido.

—Vale. —Cojo la carta y los miro.

Brenan lleva unos vaqueros y una camiseta sencilla blanca que le queda como un guante. También se ha puesto una gorra azul marino que oculta sus ojos dorados. Está sexi a rabiar y lo devoro con la mirada.

Nos mira y nos hace un gesto nervioso.

Se sientan, y la chica le dice que pida él. Brenan mira la carta y a la chica. Esta insiste en que pida lo que él quiera. Brenan se agita y luego pide de todo un poco. No la conoce lo suficiente como para saber qué narices le gusta. Menuda idiota.

—No la soporto. —Jeb me mira divertido.

—Bueno, es de esas mujeres que esperan que un hombre lleve la iniciativa en todo.

—Una gilipollas.

—Te noto acelerada —insiste mi amigo.

—Para nada.

No escucho bien y muevo un poco la mesa. Brenan me manda un mensaje:

Brenan: No sabes disimular nada.

Lily: Es apoyo moral ante idiotas.

Brenan: No está yendo muy bien, ¿no?

Lily: No me gusta cómo te mira.

Brenan: Ya…

Brenan guarda el móvil y veo como la chica habla de sí misma. Y de cuánto le gusta Brenan como jugador. Luego le pide hacerse una foto con él para sus amigas y sus redes.

—Nadie se creería que salgo contigo si no la tuviera. —Se ríe.

Pongo los ojos en blanco.

Miro a Brenan, que cada vez está más cerrado en sí mismo. La chica no le pregunta nada sobre él, como si ser famoso fuera todo lo que necesita saber de él. Traen nuestras comidas y las suyas y la chica comenta que no le gusta nada de lo que ha pedido.

—Bueno, bonita, es que es famoso, no adivino —suelto, incapaz de callarme.

Jeb me da por debajo de la mesa, pero lo ignoro—.

A mí me encanta todo. —Cojo mi silla y me siento al lado de Brenan—.

No queremos desperdiciar tanta comida que ha pedido para adivinar qué narices querías, doña como-de-todo-pide-lo-que-quieras.

La mujer me mira enfadada y luego a Brenan, como si este tuviera que salvarla. Coge sus cosas y se marcha.

Jeb se sienta con nosotros.

—Bueno, esta cita no la has jodido tú —le digo, de repente cortada. Voy a pedirle perdón cuando Brenan se ríe. Se ríe feliz, y eso me relaja.

—Ha sido una mierda de cita —añade entre risas.

—Bueno, la comida está buena.

Voy a comer cuando escuchamos murmullos y vemos a la cita de Brenan diciéndole a todo el mundo quién es y la gente corriendo hacia nosotros.

Zorra, pienso mientras la gente se echa encima de Brenan y le piden fotos y vídeos.

Pedimos que nos pongan todo para llevar.

Pagamos y esperamos a que Brenan pueda librarse de la marabunta.

Y también Jeb, porque algunos lo han reconocido.

Camelia me pregunta por la cita y le mando un vídeo.

Luego un audio, y al final me dice dónde están tomando algo en nuestro barrio.

Allí la gente está acostumbrada a los famosos y los deja más en paz, porque casi todos lo son y eso normaliza las cosas.

Cuando pueden escaparse, Brenan va a su coche y yo al mío, seguida de Jeb.

—Lo he estropeado un poco —le digo a mi amigo.

—Sinceramente, es lo mejor que podía pasar. Esa tía era un poco idiota.

—Un poco mucho. —Conduzco hasta nuestra casa para dejar el coche allí e ir andando—. ¿Cómo vas? —Sabe por qué se lo pregunto.

—Mejor de lo que esperaba —responde, y es triste; él esperaba que Susana fuera su mundo, que no hubiera nada más, y ahora descubre que vivir sin ella no duele tanto como esperaba.

—Yo tampoco la echo de menos —admito—. A ver, al principio de irse, sí, pero luego cada vez estaba más ocupada y yo solo os tenía a vosotros dos para no asfixiarme con mi mierda.

Empecé a ser egoísta y dejé de escribirle.

Me cansé de ir detrás y tener que leer cientos de excusas de por qué no estaba ahí.

—Te entiendo.

Llego y aparco, y cuando salimos le doy un abrazo.

—Te puedo ayudar con las citas…

—Visto lo visto, mejor no —bromea—. Sigue ayudando a Brenan, es más divertido. —Le doy en el brazo de broma.

Vemos a Brenan aparcar y vamos hasta él. Cuando sale del coche le digo lo que me ronda la cabeza.

—Siento haberte jodido la cita.

—Yo no. Voy a subir la comida y ahora os busco.

Le decimos que vale. No vuelve. Se queda cenando y leyendo. Lo peor es que me siento culpable. Por eso no le escribo y pienso ser mejor la próxima vez que me dé la oportunidad de ayudarlo.

Estoy a punto de irme a dormir cuando me llega un mensaje suyo:

Brenan: Al final el libro me ha gustado.

Sonrío y me manda una foto de él con la novela. La miro más tiempo del necesario.

Lily: Te pienso recomendar el siguiente, un romantasy con unas escenas eróticas potentes.

Le mando enlace de dónde venden el libro y me manda captura de que lo ha comprado. Le llega mañana.

Lily: La próxima cita te ayudo a buscarla.

Brenan: Bien, así si me sale mal será culpa tuya… otra vez :p

Lily: Acepto, y tú me ayudas a mí, y si sale mal es tu culpa.

Brenan: Acepto. Buenas noches, Lily.

Lily: Buenas noches, casi amigo buenorro. Lo de amigo, casi, lo de buenorro, no. Eso lo eres y punto. Puedes no contestar… o ponerme solo un corazón tan rojo como tu cara si sigues ahí a pesar de todo.

Miro el móvil y noto algo burbujear en mi estómago cuando le da un corazón a mi comentario. Mejor dejarlo quieto y no poner nada más. Brenan solo puede ser mi amigo, como mucho. El sexo solo lo complicaría todo y ahora solo quiero calma tras la tormenta.

Y mi amiga Camelia merece que esta loca no joda las cosas. Hay más tíos buenos en el mar de la vida.