Capítulo 8. Lily
Lily
Me gusta analizar a las personas para saber por qué fuerzan más unas partes de su cuerpo que otras.
A veces es sin querer, otras por un motivo.
Una vez tuve un caso de una persona que era zurda, pero desde niño lo habían obligado a usar la derecha.
Su padre lo machacaba con esto y, aunque ahora usaba la izquierda, todo lo que le había pasado de niño le causaba un gran estrés.
Y a veces eso le hacía perder el juego. Era jugador de golf, y muy bueno, pero cuando el estrés y el pasado afloraban, en los momentos de más tensión, forzaba demasiado su brazo dominante al tirar.
Cuando llegamos a la conclusión de por qué le pasaba esto pude ayudarlo a centrarse en esos momentos, hacer mejor los ejercicios y coger mejores posiciones para el juego.
Al final el estrés, la ansiedad…, todo eso domina nuestro cuerpo.
Hay tratamientos para aliviar el estrés y mejorar la postura.
Por eso me gusta analizar a mis chicos, saber qué les agobia, y he estado estudiando vídeos de sus jugadas.
Tal vez más las de Brenan. Ese hombre me atrae mucho.
Y su caso me hace sentir que puedo ayudarlo.
Ayudarlo a brillar. También con sus citas.
No sé por qué tuve que exponer esa parte.
Salió sola y ahora le voy a aconsejar cómo liarse con otras cuando yo lo devoraría entero.
Y nunca mejor dicho. Pero si me lanzara contra él saldría por patas. A veces me mira como si me temiera.
Mejor ceñirme a mi trabajo y al plan. Quién sabe, tal vez me gane un nuevo amigo.
* * *
Hablo con Camelia de vuelta a casa tras un largo día de trabajo.
Nos despedimos en el ascensor y voy hasta mi piso.
Una vez dentro escucho la música que llega de casa de Brenan.
Voy a mandarle un mensaje, pero pienso que mejor se lo digo en persona.
Me cambio, y vestida con ropa cómoda toco a su puerta.
Tarda un poco en abrir y cuando lo hace…
, cuando lo hace ardo por combustión espontánea.
Solo lleva una toalla… ¡Solo una toalla!
—Pasa y dame… un momento.
—Te puedo ayudar con lo que sea que estés haciendo. —No me mira, mejor.
Madre mía, creo que nunca voy a poder borrar de mi retina esta imagen. Su cuerpo perfecto y su pelo mojado cayendo por la frente. Joder, tengo un fetiche muy raro con el pelo húmedo y los hombres medio mojados. No, rectifico, con este hombre en particular.
La casa de Brenan es acogedora y se nota que pasa mucho tiempo aquí. Tiene libros a medio leer en el sofá. Voy hasta el que tiene abierto por la mitad y miro cuál es.
—Este me encantó —le digo cuando lo escucho regresar—.
Sobre todo las partes cochinas. Joder, cómo me pone una buena escena erótica.
¿A ti te excita? A mí mucho. —Mi cerebro me dice que pare, pero mi boca expulsa todo sin filtro—.
Mis mejores orgasmos han sido con mis manos, tras una escena erótica potente.
—Cállate, me digo, y por una vez lo hago.
Brenan me mira sonrojado y no sabe dónde meterse.
—A veces también me pasa, lo de excitarme —responde—. Ese lo tengo a medias. No es de mis favoritos.
—¿Cuántos lees a la vez? —le digo al ver que tiene también el ebook cerca y otro más empezado.
—Antes solo uno, pero ahora llevo tres en danza. Me di cuenta de que si un libro no me gustaba lo suficiente, al tener varios a la vez lo disfrutaba más, porque no me bloqueaba la lectura.
—Ah, pues no lo había pensado, pero es buena idea.
—¿Qué querías?
—Ah, cierto. La música. Me gusta y quería hablar de la cita y eso. No juntos. A ver. Estás muy bueno y te follaría…, pero… somos del mismo grupo y… ¿puedes darme un golpe en la cabeza a ver si me callo?
—Eres muy rara, pero eso me gusta de ti.
—Ya, por eso no me has cerrado la puerta en las narices, y gracias, vestido con solo una toalla estás para comerte… Ya paro.
—Bueno, yo te vi erizarte los pezones —se sonroja de forma adorable—, ahora estamos en paz.
—Eso sí. Cambiando de tema, ¿dónde será la cita?
—En un bar del centro. No me hace gracia, porque mucha gente puede reconocerme y eso me hace sentir incómodo.
—¿Se lo has dicho? —Asiente—. ¿Y no lo ha cambiado?
—Da igual.
—No da igual, Brenan…
—Solo quiero no fastidiarle la cita por ser famoso.
—Ella debería estar feliz de estar contigo, sea donde sea. —Aparta la mirada, agitado, y decido morderme la lengua—. Vale, dime dónde será, estaré ahí. Si te pones una gorra, tal vez nadie te descubra.
—Eso suelo hacer.
Nos miramos a los ojos y decido irme antes de soltarle alguna como que esa tía ya tiene una X de mi parte. No me gustan las personas que exigen sin entender a la otra persona. Sabe que sale con alguien famoso. Brenan solo quiere una cita tranquila.
Al llegar a casa tengo la dirección del lugar en mi móvil.
Lily: Parece bonito el sitio. Id a las mesas del fondo, yo me pondré cerca por si te tengo que mandar mensajes. ¿Te molestará eso?
Brenan: No. Mira la carta.
Me pasa la carta y tiene buena pinta. Al menos disfrutaremos de la cena. Pienso en leer un poco y acabo tonteando con la app de citas. Necesito abrir mi círculo de amigos, o de ligues.
Algo que me haga sentir que estoy bien, que mi pasado con Hank no me dejó secuelas. Aún puedo sentir su mirada siguiéndome y mi temor a que un día dejara solo de mirar y me atacara.
Tengo que abrirme a la gente. Ver si he superado todo esto. Empezar con alguien porque yo quiero, no para joder a ese hombre horrible. Toca mirar al futuro.