Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 7. Brenan
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Capítulo 7. Brenan

Brenan

Toco a la puerta de Lily sin saber muy bien qué hago aquí.

Me abre enseguida y eso evita que pueda salir corriendo.

Lleva una camiseta de verano larga y nada más.

Puedo ver sus largas piernas, las uñas rojas de sus pies y esa tobillera tan sexi.

Tampoco lleva sujetador. De golpe soy demasiado consciente de lo sexi que es esta mujer descarada.

—Has venido, qué bien. Temía haberte asustado.

—No me asustas. —«Al contrario, me intrigas», pero esto no se lo digo.

—Pues es raro, asusto a mucha gente. —Sonríe y me dice que la siga a la cocina—. Estoy haciendo la cena. Podemos hablar mientras tanto de tus citas y yo de las mías. A ver si entre los dos encontramos un punto intermedio.

La miro sin saber muy bien cómo me he metido en esto. Camelia tiene razón cuando dice que con Lily a veces te dejas llevar sin que te des cuenta. Es diferente a cualquier mujer que he conocido, tal vez por eso me relajo a su lado, a pesar de que me pone nervioso. Es algo raro, la verdad.

—A ver, dime cómo empiezan tus citas. —Sonríe de esa forma tan natural en ella.

Lleva el pelo recogido en un moñete alto con varios mechones acariciando su cuello.

—Al principio, bien. —Me tiende una cebolla, luego un cuchillo y empiezo a cortarla. Coge mi mano para decirme cómo la quiere y luego sigue con lo suyo—. Soy famoso y, bueno, se sienten atraídas por eso.

—Y luego, ¿qué pasa? Vamos, tienes veintiocho años, bueno, tenemos, seguro que acarreamos varias citas de mierda a nuestras espaldas.

—Muchas. Me cuesta hablar con ellas.

—Bueno, cada persona necesita su tiempo.

—Ya, pero a muchas mujeres con las que he salido les gusta que el hombre tome la iniciativa en todo.

—Ah, vale. Ya entiendo por dónde vas. A mí me pasa al contrario.

Quiero llevar la iniciativa en todo y, bueno, a los hombres con los que he intentado algo no les gusta.

Los asusta. —Me cambia la cebolla por el tomate y me dice cómo hacerlo—.

Se sienten intimidados por mí. Y, bueno, por hablar tanto.

Tuerce el morro y sigue con sus indicaciones. Por lo que veo, estamos haciendo burritos.

—Tal vez debería ser más modosita. Al menos, en las primeras citas. —Se ríe—. Y tú más lanzado. Aunque, si me aceptas un consejo, eres genial tal como eres.

—Tú también. —Sonríe—. Pero así no ligamos. —Se ríe y asiente.

—En la próxima cita que tengas me pondré en la barra para que me tengas cerca. ¿Te parece bien?

—Claro. Te diré dónde será.

Me choca el hombro como si fuéramos amigos de toda la vida. Está chalada y me encanta cómo es. Es una lástima que, para encajar con un montón de hombres que tal vez nunca la vean de verdad, deba esconder eso.

La mayoría no entienden que da igual quién lleve las riendas. Eso no habla de quién eres tú, sino de quién sois juntos.

Preparamos la cena en su mesa de centro y pone algo en la tele.

Una película que quería ver. Pruebo los nachos y están muy buenos.

Ella habla del trabajo, de cómo quiere hacerlo todo.

Yo ceno y disfruto de este momento al lado de alguien a quien apenas conozco y que no espera de mí nada más que mi compañía.

—Creo que este año puedes ser el mejor.

—¿Y si no quisiera? —Me mira sin juzgarme, tal vez porque apenas me conoce.

—¿Por qué no querrías?

—No me gusta tanta atención.

—Ah, entiendo. Eso explica por qué no sacas todo tu potencial.

—La miro extrañado—. Vamos, no te hagas el tonto.

He estado siguiendo tus partidos. —Se sonroja—.

Porque, bueno, me gusta el deporte y por mi trabajo y eso, y cuando corres, frenas.

Y siempre he sentido que no quieres la excelencia.

—Va a por su tableta—. Tengo notas de todos.

Porque soy fisio, sí, pero para saber cómo llegar a mis jugadores tengo que saber cómo son.

Tú cargas el peso sobre tu pierna derecha cuando dudas. —Pone un vídeo y señala lo que dice.

Habla de cómo se ha dado cuenta, de cómo ha visto mis parones. Y mis dudas. Y esto solo en unas semanas, mientras se preparaba para venir cuando supo que podía librarse de su prometido falso. Joder, Camelia tenía razón, es muy buena.

—Entiendo que ser el foco de atención es una mierda a veces. Pero muchos de tus miedos solo están en tu cabeza. Tú tranquilo, que ahora que yo estoy en tu vida todo irá de maravilla.

Sonríe feliz como si yo fuera su próximo objetivo.

Como mientras me pregunto de nuevo dónde me estoy metiendo con ella.

Pero aquí sigo. Debería salir corriendo, esconderme, que es lo que mejor se me da hacer, pero aquí estoy.

Tal vez en el fondo estoy cansado de tener miedo, o de no saber cómo ser de otra manera.

—¿Con quién es tu cita? —Saco el móvil y le enseño la foto—. Ah, parece mona y eso. Vamos, es supersexi.

—La conocí en una cafetería. Tengo la manía de ir a ellas a buscar algo diferente de lo que ofrecen las apps. Aunque también uso estas para ligar.

—Nunca había escuchado lo de las cafeterías, yo lo he intentado en los bares y eso, y en las apps. No han salido bien. —Me mira intensamente—. Seguro que la tuya va genial, y si no, te invito a algo. —Su mirada se hace más brillante y asiento.

Lily me acompaña a la puerta cuando decido irme y dice que mañana nos veremos en el entrenamiento. Tiene vídeos de varios de mis compañeros. Que se preparen, me temo que Lily va a ser un terremoto en el vestuario.