Capítulo 6. Lily
Lily
Al fin han acabado las obras de mi casa y todos los muebles están colocados gracias al servicio de decoración que contraté. Dejé algunas cosas de antes y otras son mías. Una de ellas, la cama enorme. Me encanta dormir en una cama grande y perderme en ella.
Miro el lugar feliz. Ha merecido la pena la espera.
Aún están ultimando algunos detalles, pero cuando regrese del trabajo este lugar será todo mío.
Miro la pared que da a la casa de Brenan.
Estuve tentada de insonorizarla. Luego lo descarté por alguna razón; me gusta escucharlo.
Aunque en estos días no nos hemos visto.
Yo he estado liada con el trabajo poniéndome al día de todo y él…
, bueno, seguramente evitando a la loca de los pezones erizados.
Aunque en el grupo de los amigos sí ha intervenido algo.
Admito que sus mensajes los leo más de una vez.
Pero ahora no podremos evitarnos. Hoy han empezado los entrenamientos y veo que Brenan fuerza la rodilla derecha al correr. Es mi especialidad y tendré que vigilar de cerca que haga los ejercicios y adopte las posiciones indicadas para que no se lesione. Sí o sí, nos tenemos que ver.
A ver si con suerte no la cago más.
Me gusta mi lugar de trabajo, sobre todo cuando a media mañana subo a tomarme un café con galletas.
Las mejores que he probado en mi vida. Ofelia sigue trabajando, pero poco, y pronto cogerá la baja para no pasar tantas horas de pie.
Dice que hará diseños en 3D para las cafeterías.
Es eso o volverse loca sin hacer nada, según sus propias palabras.
Regreso a mi despacho y miro a quién le toca ahora la revisión. Cuando veo que es Brenan se me aceleran los latidos del corazón. Vamos, yo puedo hacer esto sin parecer idiota.
Toca a la puerta.
—Pasa.
Brenan entra llenando este lugar. Se ha duchado y tiene el pelo rubio mojado cayendo por su frente. Sus ojos dorados parecen más intensos. Joder, es que es mirarlo y ponerme tan nerviosa que seguro abro la boca y digo cualquier estupidez.
—Tienes pinta de recién follado. —Agranda los ojos y yo, vale, Lily siendo Lily—. Pero es broma. Sé que has estado haciendo deporte y eso… ¿Te sientas?
—Claro.
—Si no te gusta mi forma de trabajar, puedes pedir que te ayude otra físio.
—No has empezado.
—Cierto. —Lo miro y parece divertido—. Lo digo por bocazas.
—No me molesta que digas lo que piensas.
—Vale. Pero te advierto que te vas a arrepentir. Me has dado rienda suelta. —Sonríe y tomo aire para contener todo lo que me hace sentir ese gesto—. Voy a ponerme en modo profesional y seria. —Mira mi bata y me río. Tiene parches de besos y labios—. Es que era muy sosa antes.
No dice nada y cuando se sienta examino sus rodillas. Tenerlo tan cerca me perturba. Tiemblo cuando lo toco e intento que no se note. Le pido varias pruebas y le digo que lo veo todo bien.
—Este año tienes que conseguir el Premio al Mejor Jugador de la BBWAA.
—Sí. —Parece agitado.
—Con mi ayuda solo puedes brillar sin miedo. —Sostengo su mirada y veo algo en sus ojos que me inquieta—. ¿Todo bien, Brenan?
Lo he visto jugar y tengo mis teorías de por qué no lo ha conseguido ya, pero quiero ahondar más en ello, ahora que voy a trabajar con él.
—Genial. ¿Algo más? —Por su mirada advierto que es mejor no presionarlo con este tema de momento.
—No. Nos vemos pronto. Ahora somos vecinos de pared. Ya sabes, si follas lo sabré. A menos que seas de los que no gritan. —Cállate, me dice mi subconsciente, pero no paro—. ¿Eres de los que gritan? Yo sí, joder, me gusta dejarme ir y… ¿Puedes irte para que deje de hablarte de mi vida sexual?
—Es divertido —se atreve a decir.
—Soy una mona de feria.
—No he dicho eso. —De golpe parece serio.
—¡Era broma! Hale, vete, y nos vemos pronto, vecino sexi. Tu culo me encanta, por cierto… Vete o diré más tonterías.
Va a responder algo, pero solo dice adiós con la mano. Bueno, tampoco ha ido tan mal, ¿no? Dejo caer la cabeza sobre la mesa. Ha ido fatal. Me pone altamente nerviosa. Y le he dicho que su culo me encanta. Soy lo peor…
* * *
Salgo a ver el entrenamiento. Los nuevos parecen felices de que los hayan fichado a pesar de estar en el final de su carrera. Dugan se mueve en su salsa, disfrutando, y Kadet les da órdenes con Jeb.
Brenan está a un lado. Mirando los bates. Parece solitario mientras los demás están en grupos. Voy hasta él.
—¿Te ayudo a elegir? Tengo experiencia en eso de palos duros. —Lo miro sonrojada y él sonríe—. Lo siento, cuando estoy nerviosa digo burradas sexuales. ¿Me guardas el secreto?
—¿Tú nerviosa? Imposible.
—No todo es lo que parece —le respondo, algo molesta porque me juzgue, como el resto de las personas. Me marcho a un asiento para tomar notas en mi tableta con mi bolígrafo digital. Brenan se sienta a mi lado.
—Lo siento, pero pareces segura de todo.
—Ya, bueno, es más fácil la vida cuando todos creen que lo tienes todo bajo control.
—Al menos tú sabes cómo intentar tenerlo todo bajo control.
—Puedo ayudarte.
—¿Cómo?
—No sé, te puedo dar clases para que aprendas a salir de tu caparazón, en una cita, por ejemplo.
Me mira y no dice nada.
—No lo descarto; tengo una dentro de dos días y suelen ir mal.
Mira hacia el campo. Busco su mano y la acaricio. Es muy suave. Y él muy grande, sexi y guapo.
—Ven a mi casa esta noche. Te daré tus primeras lecciones.
—Solo si no te avergüenzas de ser tú misma a mi lado. Soy el mejor amigo de Kadet, puedo soportar que alguien diga lo que se le pasa por la cabeza sin filtro.
Asiento, ya me he dado cuenta de que Kadet y yo nos parecemos mucho. Gira mi mano y me acaricia la palma antes de irse.
Vale, voy a enseñar al hombre más guapo y sexi del mundo cómo ligar y ser más descarado.
No tengo ni idea de cómo me he metido en esto yo solita. Y más porque el calor de sus dedos sigue anclado en mi mano.
No. Me voy a centrar en ayudarlo. El sexo solo lo complica todo. Pero si Brenan fuera alguien sin importancia, no el cuñado de mi mejor amiga, haría lo que fuera para follármelo.