Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 4. Brenan
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Capítulo 4. Brenan

Brenan

Es domingo y las obras en casa de Lily siguen. Nos pidió permiso a los vecinos para poder trabajar en fin de semana y con tal de que acaben pronto todos dijimos que sí. Mejor estar dos semanas jodidos que un mes.

Salgo para correr y la veo en la puerta con una falda roja vaporosa, un top y unas deportivas. Nunca he visto a nadie vestir de forma tan ridícula.

—Eh, hola —me dice y se me acerca. Me doy cuenta de que la falda hace juego con la camiseta y las deportivas—.

Lo sé, estas pintas son un poco raras. Pero una amiga que tiene una empresa de moda me ha pedido que use mis redes para subir fotos.

Y, bueno, me mandó la ropa. Iba a subir ahora a la azotea a hacerme fotos.

—Señala el palo selfi—. Pero antes quería pasar a ver cómo está todo. ¿Tú vas a correr?

Asiento y sonríe.

—Vale, pues te dejo irte y eso. No quiero molestarte con mi charla incesante y esas cosas. —Se sonroja y queda raro en alguien que parece no tener vergüenza alguna.

—Te puedo ayudar. A las fotos.

—Ah…, vale. Puedes, claro. Así intentamos entre los dos que no parezca tan sumamente ridícula así vestida. Tengo que parecer sexi y lo que parezco es la niña del cumpleaños con cinco años. ¡¿En qué pensaba mi amiga?! —Se ríe de sus ocurrencias.

Cojo todo lo que necesita y vamos al ascensor.

Me cuenta que conoció a su amiga trabajando.

Tiene una pequeña tienda cerca de su anterior clínica, ella iba allí a mirar ropa y se hicieron amigas.

Diseña algunas cosas y Lily le ha comprado varias.

Pero estas no las compraría, añade. Yo no hablo y ella no se calla.

Vaya combinación más rara. Pero la verdad es que me relaja escucharla hablar sin necesidad de que yo meta baza en la conversación.

Preparamos todo en la azotea y se pinta los labios de rojo. Solo lleva ese toque de color más el rímel de las pestañas. No necesita más. Luego se sienta y me mira seductora. Joder. Esta mujer puede parar el corazón de un hombre solo con una mirada.

Le hago varias fotos y se mira las tetas.

—Voy a pellizcarme los pezones. —Casi se me cae el móvil—. A ver, si quiero que esta ropa no parezca de niña, tengo que añadirle picardía.

Madre mía. Intento no mirar, lo juro, pero lo pone complicado cuando la veo pellizcarse los duros pezones sobre la camiseta y luego arreglarse el pelo.

Mira a la cámara y le hago unas fotos mientras siento el sudor bajar por mi espalda, y no por el calor que hace a estas horas.

No, es por ella. Por esta mujer atractiva y descarada que parece no tener vergüenza de nada en la vida.

Al acabar se me acerca y su perfume a cereza me golpea. Tomo aire y dejo de recordar sus dedos pellizcándose. Joder, dudo que lo olvide en mi vida.

—Eres buenísimo con las fotos. —Toca mi brazo y ardo.

—Ya… Tengo que irme.

—Vale, yo también, te he quitado mucho tiempo. Mil gracias, Brenan.

—De nada.

Soy un idiota. Lo sé, pero, joder, me ha excitado sobremanera y no está bien desear así a la mejor amiga de mi cuñada. No está bien y no sé cómo mirarla sin preguntarme lo que sentiría al hacer justamente eso.

Es mejor irme y quedar como un imbécil. Es mi especialidad. Porque para nada quiero cruzar esa línea con alguien a quien estoy destinado a ver día tras día. Sería una putada para todos que tras el sexo todo se enrareciera entre los dos. Y este año necesito estar concentrado en mi carrera.

Lily

—He asustado a Brenan. —Camelia y Ofelia me miran mientras entro al spa de nuestro edificio. El agua está en su punto.

Tras la sesión de fotos bajé a casa de mi amiga y me dijo que me esperaban aquí. Miré las fotos antes de retocarlas un poco y mandarlas a mi amiga para que suba algunas a sus redes.

Le hago de modelo para ayudarla.

—¿Cómo ha sido eso? —pregunta Camelia.

—Me pellizqué los pezones para la sesión de fotos.

Las dos me miran asombradas, y no es para menos. Mi problema es que a veces no pienso las cosas que hago o digo. Y Brenan es muy cortado, y yo ahí en modo porno.

—A ver, tal vez no lo has asustado. —Camelia intenta no reírse.

—Lo mismo lo has puesto cachondo y se fue para que no lo vieras —añade Ofelia.

—Oh, no, no soy su tipo. No me mira como si le gustara. Me he tocado delante de él y estaba impasible.

—Bueno, a Brenan le cuesta expresar sus emociones —puntualiza Camelia.

—Ya, bueno, sé cuándo un hombre me desea. Y este no me desea. Lo he asustado.

—Ya se le pasará —añade Ofelia—. Le has dado un espectáculo supersexi. —Se ríe—. Solo a ti se te ocurre hacer algo así para unas fotos.

—Créeme, esa ropa era tan fea que solo podía conseguir «me gustas» con unas buenas tetas.

Ambas se ríen y cambiamos de tema. Me debato entre pedir perdón a Brenan o no. Es mejor dejarlo estar. Ya debe de estar pensando lo peor de mí.